convincente pero, ante todo, confirme que el sobre ha sido retirado del interior. En caso contrario, tendra que regresar el domingo y repetir la operacion, aunque no creo que sea necesario: la cobertura del salon de peluqueria es nueva, pero la del Prado ya la hemos utilizado con anterioridad y siempre ha dado resultados satisfactorios.

–?Tampoco aqui sabre quien va a llevarse los patrones?

–Siempre alguien de confianza. Nuestro contacto en el guardarropa se encargara de traspasar el sobre desde su carpeta hasta otra pertenencia dejada por nuestro enlace en la misma manana, es algo que puede realizarse con gran facilidad. ?Tiene hambre?

Mire la hora. Era mas de la una. No sabia si tenia hambre o no: habia estado tan abstraida en absorber cada silaba de las instrucciones que apenas habia percibido el paso del tiempo. Volvi a contemplar el mar, parecia haber cambiado de color. Todo lo demas seguia exactamente igual: la luz contra las paredes blancas, las gaviotas, las voces en arabe desde la calle. Hillgarth no espero mi respuesta.

–Seguro que si. Venga conmigo, por favor.

39

Comimos solos en una dependencia de la misma Legacion Americana a la que llegamos recorriendo de nuevo tramos de pasillo y escaleras. Por el camino me explico que las instalaciones eran el resultado de varios anadidos a una antigua casa central; aquello aclaraba su falta de uniformidad. La estancia a la que llegamos no era exactamente un comedor; se trataba mas bien de un pequeno salon con escasos muebles y numerosos cuadros de batallas antiguas encajadas en marcos dorados. Las ventanas, cerradas a cal y canto a pesar del magnifico dia, se asomaban a un patio. En el centro de la habitacion habian dispuesto una ternera para dos. Un camarero con corte de pelo militar nos sirvio una ternera poco hecha acompanada de patatas asadas y ensalada. En una mesa auxiliar dejo dos platos con fruta troceada y un servicio de cafe. En cuanto termino de llenar las copas con vino y agua, desaparecio cerrando la puerta tras de si sin hacer el menor ruido. La conversacion volvio entonces a su cauce.

–A su llegada a Madrid se alojara durante una semana en el Palace, hemos hecho una reserva a su nombre; a su nuevo nombre, quiero decir. Una vez alli, entre y salga constantemente, hagase ver. Visite tiendas y acerquese a su nueva residencia para familiarizarse con ella. Pasee, vaya al cine; en fin, muevase como le apetezca. Con un par de restricciones.

–?Cuales?

–La primera, no traspase los limites del Madrid mas distinguido.

No se salga del perimetro de las zonas elegantes ni entre en contacto con personas ajenas a ese medio.

–Me esta diciendo que no pise mi antiguo barrio ni vea a mis viejos amigos o conocidos, ?verdad?

–Exactamente. Nadie debe asociarla con su pasado. Usted es una recien llegada a la capital: no conoce a nadie y nadie la conoce a usted. En el caso de que alguna vez se encontrara a alguien que por casualidad llegara a identificarla, arregleselas para negarlo. Sea insolente si hace falta, recurra a cualquier estrategia, pero no deje que nunca se sepa que usted no es quien pretende ser.

–Lo tendre en cuenta, descuide. ?Y la segunda restriccion?

–Cero contacto con cualquier persona de nacionalidad britanica.

–?Quiere decir que no puedo ver a Rosalinda Fox? – dije sin poder disimular mi desencanto. A pesar de que sabia que nuestra relacion no podria ser publica, confiaba en apoyarme en ella en privado; en poder recurrir a su experiencia y su intuicion cuando me viera en apuros.

Termino Hillgarth de masticar un bocado y volvio a limpiarse con la servilleta mientras se acercaba la copa de agua a la boca.

–Me temo que asi debe ser, lo siento. Ni a ella ni a ningun otro ingles, con excepcion de mi mismo y solo en las ocasiones del todo imprescindibles. La senora Fox esta al tanto: si por casualidad coincidieran alguna vez, ya sabe que no podra aproximarse a usted. Y evite tambien en lo posible el acercamiento a ciudadanos norteamericanos. Son nuestros amigos, ya ve como nos estan tratando de bien -dijo abriendo las manos y simulando abarcar con ellas la estancia-. Lamentablemente, no son igual de amigos de Espana y de los paises del Eje, asi que intente mantenerse alejada de ellos tambien.

–De acuerdo -asenti. No me agradaba la restriccion de no poder ver asiduamente a Rosalinda, pero sabia que no tenia mas remedio que acatarla en principio.

–Y hablando de sitios publicos, me gustaria aconsejarle algunos en los que conviene que se deje ver -prosiguio.

–Adelante.

–Su hotel, el Palace. Esta lleno de alemanes, asi que siga yendo a menudo con cualquier excusa aun cuando ya no se aloje alli. A comer en su grill, que esta muy de moda. A tomar una copa o a reunirse con alguna clienta. En la Nueva Espana no esta bien visto que las senoras salgan solas, ni que fumen, beban o vayan vestidas de manera vistosa. Pero recuerde que usted ya no es espanola, sino una extranjera procedente de un pais un tanto exotico recien llegada a la capital, asi que comportese segun ese patron. Pasese tambien a menudo por el Ritz, es otro nido de nazis. Y, sobre todo, vaya a Embassy, el salon de te del paseo de la Castellana, ?lo conoce?

–Por supuesto -dije. Me guarde de narrarle la de veces que en mi juventud habia pegado la nariz contra sus escaparates, con la boca hecha agua ante la vision deliciosa de los dulces que en ellos se exhibian. Las tartas de nata adornadas con fresas, los pasteles rusos de chocolate y crema, las pastas de mantequilla. Jamas sone entonces siquiera con que traspasar aquel umbral pudiera estar algun dia al alcance de mi mano o mi bolsillo. Ironias de la vida, anos despues me estaban pidiendo que visitara aquel establecimiento todo lo posible.

–Su duena, Margaret Taylor, es irlandesa y una gran amiga. Ahora mismo es muy posible que Embassy sea el sitio mas estrategicamente interesante de Madrid porque alli, en un local que apenas supera los setenta metros cuadrados, nos reunimos sin friccion aparente los miembros del Eje y los Aliados. Por separado, por supuesto, cada uno con los suyos. Pero no es infrecuente que el baron Von Stohrer, el embajador aleman, coincida con la plana mayor del cuerpo diplomatico britanico mientras toma su te con limon, o que yo mismo me encuentre en la barra, hombro con hombro, con mi homonimo aleman. La embajada alemana esta practicamente enfrente y la nuestra muy cerca tambien, en la esquina de Fernando el Santo con Monte Esquinza. Por otro lado, ademas de acoger a extranjeros, Embassy es el centro de reunion de muchos espanoles de alcurnia: seria dificil

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