Bodemueller viajan San Sebastian semana proxima. Esposa Lazar hace comentarios negativos sobre Arthur Dietrich, ayudante su marido. Gloria Furstenberg y Anka Frier visitan consul aleman Sevilla finales octubre. Varios hombres jovenes llegaron semana pasada de Berlin, alojados Ritz, Friedrich Knappe los recibe y prepara. Marido Frau Hahn no gusta Kutschmann. Himmler llega Espana 21 octubre, gobierno y alemanes preparan gran recibimiento. Clara Stauffer recoge material para soldados alemanes su casa calle Galileo. Cena club Puerta Hierro fecha no exacta asisten condes Argillo. Haberlein organiza almuerzo su finca Toledo, Serrano Suner y marquesa Llanzol invitados.» El ultimo mensaje, distinto, transmitia algo mas personal: «Demasiado trabajo. Sin tiempo para todo. Menos clientas o buscar ayuda. Informe por favor».
A mi puerta llego a la manana siguiente un hermoso ramo de gladiolos blancos. Los entrego un mozo con uniforme gris en cuya gorra se leia bordado el nombre de la floristeria: Bourguignon. Lei primero la tarjeta. «Siempre dispuesto a cumplir tus deseos.» Y un garabato a modo de firma. Rei: jamas habria imaginado al frio Hillgarth escribiendo aquella frase tan ridiculamente dulzona. Traslade el ramo a la cocina y desate la cinta que mantenia unidas las flores; tras pedir a Martina que se encargara de ponerlas en agua, me encerre en mi habitacion. El mensaje salto con inmediatez de entre una linea discontinua de trazos breves y largos. «Contrate persona entera confianza sin pasado rojo ni implicacion politica.»
Orden recibida. Y tras ella, la incertidumbre.
41
Cuando abrio la puerta no dije nada; solo me la quede mirando mientras contenia las ganas de abrazarla. Me observo confusa, repasandome con la mirada. Despues busco mis ojos, pero tal vez la
–Usted me dira, senora -dijo finalmente.
Estaba mas delgada. Y se le notaba el paso de los anos. Tan pequenita como siempre, pero mas flaca y mas vieja. Sonrei. Seguia sin reconocerme.
–Le traigo recuerdos de mi madre, dona Manuela. Esta en Marruecos, ha vuelto a coser.
Me miro extranada, sin comprender. Iba arreglada con su habitual esmero, pero a su pelo le faltaban un par de meses de tinte y el traje oscuro que llevaba puesto acumulaba ya los brillos de unos cuantos inviernos.
–Soy Sira, dona Manuela. Sirita, la hija de su oficiala Dolores.
Volvio a mirarme de arriba abajo y de abajo arriba. Me agache entonces para ponerme a su altura y levante la redecilla del sombrero para que pudiera verme la cara mejor.
–Soy yo, dona Manuela, soy Sira. ?No se acuerda ya de mi? – susurre.
–?Virgen del amor hermoso! ?Sira, hija mia, que alegria! – dijo al fin.
Me abrazo y se echo a llorar mientras yo me esforzaba por no contagiarme.
–Pasa, hija, pasa, no te quedes en la puerta -dijo cuando por fin pudo contener la emocion-. Pero que elegantisima estas, criatura; no te habia conocido. Pasa, pasa al salon, cuentame que haces en Madrid, como te van las cosas, como esta tu madre.
Me condujo a la estancia principal y la anoranza volvio de nuevo a asomar la patita. Cuantos dias de Reyes habia visitado de nina aquella sala de la mano de mi madre, cuanta emocion intentando anticipar que regalo habria para mi en casa de dona Manuela. Recordaba su vivienda de la calle Santa Engracia como un piso grande y opulento; no tanto como aquel de Zurbano en el que tenia instalado el taller, pero infinitamente menos modesto que el nuestro de la calle de la Redondilla. En aquella visita, en cambio, me di cuenta de que los recuerdos de la infancia habian impregnado mi memoria de una percepcion distorsionada de la realidad. El hogar en el que dona Manuela llevaba residiendo toda su larga vida de soltera ni era grande ni era opulento. Se trataba tan solo de una vivienda mediana y mal distribuida, fria, oscura y llena de muebles sombrios y cortinones de terciopelo trasnochado que apenas dejaban entrar la luz; un piso corriente con manchas de goteras, en el que los cuadros eran laminas descoloridas y mustios panitos de croche llenaban los rincones.
–Sientate, hija, sientate. ?Quieres tomar algo? ?Te preparo un cafetito? No es en realidad cafe, sino achicoria tostada, ya sabes lo dificil que es en estos dias hacerse con comestibles, pero con un poco de leche se disimula el sabor, aunque cada dia viene mas aguada, que vamos a hacerle. Azucar no tengo, que le he dado la de mi cartilla de racionamiento a una vecina para sus ninos; a mi edad, igual me da…
La interrumpi agarrandole una mano.
–No quiero tomar nada, dona Manuela, no se preocupe. Solo he venido a verla para preguntarle una cosa.
–Tu me diras, entonces.
–?Sigue usted cosiendo?
–No, hija, no. Desde que cerramos el taller en el 35, no he vuelto. Alguna cosilla suelta ha habido para las amigas o por compromiso, pero nada mas. Si no recuerdo mal, tu traje de novia fue lo ultimo grande que hice, y fijate tu al final…
Preferi esquivar lo que aquello evocaba y no la deje terminar.
–?Y usted querria venirse a coser conmigo?
Quedo unos segundos sin responder, desconcertada.
–?Volver a trabajar, dices? ?Volver a lo de siempre, como haciamos antes?
Afirme sonriendo, intentando infundir unas motas de optimismo en su aturdimiento. Pero no me contesto inmediatamente; antes desvio la conversacion de rumbo.
–?Y tu madre? ?Por que me buscas a mi y no coses con ella?
–Ya le he dicho que sigue en Marruecos. Se fue alli durante la guerra, no se si usted lo sabia.
–Lo sabia, lo sabia… -dijo en voz baja, como con miedo a que las paredes la oyeran y transmitieran el secreto-. Aparecio por aqui una tarde, asi, de pronto, inesperadamente, como tu has hecho ahora. Me dijo que
