manguera que nunca fuera a cerrarse, y yo absorbiendola por todos los poros de mi piel, manteniendo los oidos, la nariz y la boca dispuestos a aspirar el minimo detalle, masticando datos, deglutiendolos, intentando que hasta el ultimo milimetro de mi cuerpo quedara impregnado de las palabras que de el provenian. Hacia tiempo que el cafe se habia acabado y las colillas rebosaban del cenicero.
–Bueno, vamos a ir terminando -anuncio-. Me quedan tan solo algunas recomendaciones. La primera de ellas es un mensaje de la senora Fox. Me pide que le diga que, tanto en su apariencia como en su costura, intente ser osada, atrevida, o absolutamente elegante de puro simple. En cualquier caso, le anima a que se aleje de lo convencional y, sobre todo, a que no se quede a medio camino porque, si lo hace, corre segun ella el riesgo de que el taller se le llene de senoronas del regimen en busca de recatados trajes de chaqueta para ir a misa los domingos con el marido y los ninos.
Sonrei. Rosalinda, genio y figura hasta en los recados desde la ausencia.
–Viniendo el consejo de quien viene, lo seguire a ciegas -afirme.
–Y ahora, por ultimo, nuestras sugerencias. Primero: lea la prensa, mantengase al dia de la situacion politica tanto espanola como exterior, aunque debe ser consciente de que toda la informacion aparecera siempre sesgada hacia el bando aleman. Segundo: no pierda jamas la calma. Metase en su papel y convenzase a si misma de que usted es quien es, nadie mas. Actue sin miedo y con seguridad: no podemos ofrecerle inmunidad diplomatica, pero le garantizo que, ante cualquier eventualidad, estara siempre protegida. Y nuestro tercer y ultimo aviso: sea extremadamente cauta con su vida privada. Una mujer sola, hermosa y extranjera resultara muy atrayente para todo tipo de conquistadores y oportunistas. No puede imaginarse la cantidad de informacion confidencial que ha sido revelada de manera irresponsable por agentes descuidados en momentos de pasion. Este alerta y, por favor, no comparta con nadie nada, absolutamente nada de lo que aqui ha oido.
–No lo hare, se lo aseguro.
–Perfecto. Confiamos en usted, esperamos que su mision sera del todo satisfactoria.
Comenzo entonces a recoger sus papeles y a organizar el maletin. Habia llegado el momento que yo llevaba temiendo el dia entero: se preparaba para su marcha y hube de contenerme para no pedirle que se quedara a mi lado, que siguiera hablando y me diera mas instrucciones, que no me dejara volar sola tan pronto. Pero el no me miraba ya, por eso probablemente no pudo darse cuenta de mi reaccion. Se movia con el mismo ritmo con el que, una a una, habia desgranado sus frases a lo largo de las horas previas: rapido, directo, metodico; yendo al fondo de cada cuestion sin perder un segundo en banalidades. Mientras guardaba las ultimas pertenencias, me hizo llegar las recomendaciones finales.
–Recuerde lo que le he dicho respecto a los dossiers: estudielos y hagalos desaparecer inmediatamente. Alguien la acompanara ahora hasta un acceso de salida lateral, un coche la estara esperando cerca para llevarla a casa. Aqui tiene el pasaje de avion y dinero para los primeros gastos.
Me entrego dos sobres. El primero, delgado, contenia mi credencial para atravesar el cielo hasta Madrid. El segundo, grueso, lo llenaba un gran fajo de billetes. Seguia hablando mientras abrochaba con destreza las hebillas de la cartera.
–Este dinero cubrira sus gastos iniciales. La estancia en el Palace y el alquiler de su nuevo taller corren de nuestra cuenta, ya esta gestionado todo, lo mismo que el sueldo de las chicas que trabajaran para usted. Los rendimientos de su trabajo seran solo suyos. No obstante, si necesitara mas liquidez, haganoslo saber inmediatamente: tenemos una linea abierta para estas operaciones, no hay problema alguno de financiacion.
Yo tambien estaba lista ya. Llevaba las carpetas apretadas contra el pecho, cobijadas entre los brazos como si fueran el hijo que perdi anos atras y no los datos amontonados de un enjambre de indeseables. El corazon se mantenia en su sitio, obedeciendo a mis ordenes internas para que no ascendiera hasta la garganta y amenazara con ahogarme. Nos levantamos por fin de aquella mesa sobre la que tan solo quedaban ya lo que parecian los restos inocentes de una larga sobremesa: las tazas vacias, un cenicero repleto y dos sillas fuera de su sitio. Como si alli no hubiera tenido lugar nada mas que una grata conversacion entre un par de amigos que, charlando distendidos y entre pitillo y pitillo, se hubieran puesto al dia sobre la vida de cada uno de ellos. Con la salvedad de que el capitan Hillgarth y yo no eramos amigos. Ni a ninguno de los dos le interesaba lo mas minimo el pasado del otro, ni siquiera el presente. A los dos, tan solo, nos preocupaba el futuro.
–Un ultimo detalle -advirtio.
Estabamos a punto de salir, el tenia ya la mano en el picaporte. La retiro y me miro fijamente bajo sus cejas espesas. A pesar de la larga sesion, mantenia el mismo aspecto que a primera hora de la manana: el nudo de la corbata impecable, los punos de la camisa emergiendo impolutos de las bocamangas, ni un pelo fuera de su sitio. Su rostro seguia impasible, ni especialmente tenso, ni especialmente distendido. La imagen perfecta de alguien capaz de manejarse con autodominio en todas las situaciones. Bajo la voz hasta hacerla apenas un murmullo ronco.
–Ni usted me conoce a mi, ni yo la conozco a usted. No nos hemos visto jamas. Y respecto a su adscripcion al Servicio Secreto britanico, a partir de este momento usted, para nosotros, deja de ser la ciudadana espanola Sira Quiroga o la marroqui Arish Agoriuq. Sera tan solo la agente especial del SOE con nombre clave Sidi y base de operaciones en Espana. La menos convencional entre todos los recientes fichajes pero, ya sin duda, una de los nuestros.
Me tendio la mano. Firme, fria, segura. La mas firme, la mas fria, la mas segura que habia estrechado en mi vida.
–Buena suerte, agente. Estaremos en contacto.
40
Nadie excepto mi madre supo las razones verdaderas de mi partida imprevista. Ni mis clientas ni siquiera Felix y Candelaria: a todos engane con la excusa de un viaje a Madrid al objeto de vaciar nuestra antigua vivienda y arreglar algunos asuntos. Ya se encargaria mi madre mas tarde de ir inventando pequenas mentiras que justificaran lo dilatado de mi ausencia: perspectivas de negocio, algun malestar, tal vez un nuevo novio. No temiamos que nadie sospechara alguna trama o atara cabos sueltos: aunque los canales de transporte y transmisiones estaban ya plenamente operativos, el contacto fluido entre la capital de Espana y el norte de Africa seguia siendo muy limitado.
Si quise, no obstante, despedirme de mis amigos y pedirles sin palabras que me desearan suerte. Organizamos para ello una comida el ultimo domingo. Vino Candelaria vestida de gran senora a su manera› con su mono «arriba Espana» apelmazado de laca, un collar de perlas falsas y el traje nuevo que le habiamos cosido unas semanas atras. Felix cruzo con su madre, no hubo manera de quitarsela de encima. Tambien Jamila estuvo con nosotros la iba a anorar como a una hermana pequena. Brindamos con vino y sifon, y nos despedimos con besos sonoros y sinceros deseos de buen viaje. Solo cuando cerre la puerta tras la marcha de todos ellos fui consciente de cuanto iba a echarlos de menos.
