–Sabia que llevaba meses en la cuerda floja, pero no esperaba que el golpe fuera tan subito. Ni tan denigrante.

Encendio otro cigarrillo y siguio hablando entre bocanadas de humo.

–Ayer por la tarde estuve reunido con Franco en El Pardo; fue un encuentro largo y distendido, en ningun momento estuvo critico ni especulo sobre mi posible relevo, y mire que las cosas han estado tensas durante los ultimos tiempos, desde que empece a dejarme ver abiertamente con el embajador Hoare. De hecho, me marche de la entrevista satisfecho, pensando que lo dejaba meditando sobre mis ideas, que tal vez habia decidido dar por fin un minimo de credito a mis opiniones. Como iba a imaginar que lo que estaba a punto de hacer nada mas salir yo por la puerta era afilar el cuchillo para clavarmelo por la espalda al dia siguiente. Le pedi audiencia para comentar con el algunas cuestiones sobre su proxima entrevista con Hitler en Hendaya, a sabiendas de la humillacion que para mi suponia el hecho de que no hubiera contado conmigo para acompanarle. Aun asi, queria hablar con el, transmitirle cierta informacion importante que habia obtenido a traves del almirante Canaris, el jefe de la Abwehr, la organizacion de inteligencia militar alemana. ?Sabe de quien le hablo?

–He oido el nombre, si.

–A pesar de lo poco simpatico que pueda parecer el puesto que ocupa, Canaris es un hombre afable y carismatico, y mantengo con el una relacion excelente. Ambos pertenecemos a esa extrana clase de militares un tanto sentimentales a los que nos gustan poco los uniformes, las condecoraciones y los cuarteles. Teoricamente esta a las ordenes de Hitler, pero no se somete a sus designios y actua de manera bastante autonoma. Tanto que, segun se comenta, la espada de Damocles pende tambien sobre su cabeza al igual que lo ha hecho durante meses sobre la mia.

Se levanto de su sitio, dio unos pasos y se aproximo a un balcon. Las cortinas estaban descorridas.

–Mejor no se acerque -avise tajante-. Pueden verle desde la calle.

Recorrio entonces varias veces el salon de punta a punta mientras continuaba hablando.

–Yo le llamo mi amigo Guillermo, en espanol; el habla muy bien nuestra lengua, vivio en Chile un tiempo. Hace unos dias nos reunimos a comer en Casa Botin, le encanta el cochinillo. Lo note mas alejado que nunca de la influencia de Hitler; tanto que no me extranaria que estuviese conspirando contra el Fuhrer con los ingleses. Hablamos de la conveniencia absoluta de que Espana no entre en la guerra del lado del Eje y, para ello, dedicamos la comida a trabajar sobre una lista de provisiones que Franco deberia pedir a Hitler a cambio de aceptar la entrada espanola en el conflicto. Yo conozco perfectamente nuestras necesidades estrategicas y Canaris esta al tanto de las deficiencias alemanas, asi que entre ambos compusimos una relacion de exigencias que Espana deberia pedir como condicion indispensable para su adhesion y que Alemania no estaria en disposicion de ofrecerle ni siquiera a medio plazo. La propuesta incluia una larga lista de peticiones imposibles, desde posesiones territoriales en el Marruecos frances y el Oranesado, hasta cantidades desorbitadas de cereales y armas, y la toma de Gibraltar por soldados unicamente espanoles; todo, como le digo, absolutamente inalcanzable. Me indico Canaris tambien que no era aconsejable comenzar aun con la reconstruccion de todo lo destrozado por la guerra en Espana, que convendria dejar las vias ferreas destruidas, los puentes volados y las carreteras reventadas para que los alemanes fueran conscientes del lamentable estado del pais y de lo dificil que resultaria a sus tropas cruzarlo.

Se sento de nuevo y bebio otro sorbo de conac. El alcohol, por fortuna, le estaba destensando. Yo, por mi parte, seguia totalmente desconcertada, sin comprender la razon por la que Beigbeder habia ido en mi busca a esas horas y en aquel estado para hablarme de cosas tan ajenas como sus encuentros con Franco y sus contactos con militares alemanes.

–Llegue a El Pardo con toda esa informacion y se la relate al Caudillo en detalle -prosiguio-. Escucho atentisimo, se quedo con el documento y me agradecio la gestion. Estuvo tan cordial conmigo que hasta hizo alguna alusion personal a los viejos tiempos que compartimos en Africa. El Generalisimo y yo nos conocemos desde hace muchos anos, ?sabe? De hecho, aparte de su inefable cunado, creo que soy, perdon, que he sido el unico miembro del gabinete que le tutea. Franquito al mando del Glorioso Movimiento Nacional, quien nos lo iba a decir. Nunca fuimos grandes amigos, la verdad; de hecho, creo que nunca me aprecio lo mas minimo: no entendia mi escaso impetu militar y mi querencia por destinos urbanos, administrativos y, a ser posible, extranjeros. A mi tampoco me fascinaba el, que quiere que le diga, siempre tan serio, tan recto y aburrido, tan competitivo y obsesionado por los ascensos y el escalafon; un verdadero conazo de hombre, se lo digo con sinceridad. Coincidimos en Tetuan, el ya era comandante, yo aun capitan. ?Quiere que le cuente una anecdota? Al caer la tarde soliamos reunimos todos los oficiales en un cafetin de la plaza de Espana a tomar unos vasos de te, ?se acuerda de esos cafetines?

–Me acuerdo perfectamente -confirme. Como borrar de mi mente la memoria de las sillas de hierro forjado bajo las palmeras, el olor a pinchitos y a te con hierbabuena, el transitar parsimonioso de chilabas y trajes europeos alrededor del templete central con sus tejas de barro y los arcos morunos pintados de cal.

Sonrio el brevemente por primera vez, la nostalgia fue la causa. Encendio un nuevo cigarrillo y se recosto en el respaldo del sofa. Hablabamos casi en la penumbra, con la pequena lampara en un angulo del salon por toda luminaria. Yo seguia en bata: no encontre el momento de excusarme para correr a cambiarme, no quise dejarle solo ni un segundo hasta verle del todo sereno.

–Una tarde el dejo de aparecer, empezamos todos a hacer conjeturas sobre su ausencia. Llegamos a la conclusion de que andaba en amores y decidimos emprender averiguaciones; en fin, ya sabe, tonterias de oficiales jovenes cuando sobraba el tiempo y no habia gran cosa que hacer. Lo echamos a los chinos y me toco a mi espiarle. Al dia siguiente aclare el misterio. Al salir de la alcazaba le segui hasta la medina, le vi entonces entrar en una casa, la tipica vivienda arabe. Aunque me costara trabajo creerlo, imagine en principio que tenia un lio con alguna muchachita musulmana. Entre en la casa con una excusa cualquiera, ni lo recuerdo ya. ?Que cree usted que encontre? A nuestro hombre recibiendo lecciones de arabe, a eso se dedicaba. Porque el gran general africanista, el insigne e invicto caudillo de Espana, el salvador de la patria, no habla arabe a pesar de sus esfuerzos. Ni entiende al pueblo marroqui, ni le importan todos ellos lo mas minimo. A mi, si. A mi si me importan, me importan mucho. Y me entiendo con ellos porque son mis hermanos. En arabe culto, en cherja, el dialecto de las cabilas del Rif, en lo que haga falta. Y eso molestaba enormemente al comandante mas joven de Espana, orgullo de las tropas de Africa. Y el hecho de que fuera yo mismo quien le descubriera intentando remendar su falta le fastidio mas aun. En fin, bobadas de juventud.

Dijo unas frases en arabe que no entendi, como para demostrarme su dominio de la lengua. Como si yo no lo supiera ya. Bebio de nuevo y le llene la copa por tercera vez.

–?Sabe lo que dijo Franco cuando Serrano me propuso para el ministerio? «?Me estas diciendo que quieres que ponga a Juanito Beigbeder en Exteriores? ?Pero si esta loco perdido!» No se por que me tiene colgado el sambenito de la locura; posiblemente porque su alma es fria como el hielo y cualquiera que sea un poco mas

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