pasional que el le parece el colmo de la enajenacion. Loco yo, sera posible.
Volvio a beber. Hablaba sin fijarse apenas en mi, vomitando su amargura en un monologo incesante. Hablaba y bebia, hablaba y fumaba. Con furia y sin descanso mientras yo escuchaba en silencio, incapaz aun de entender por que me contaba todo aquello. Apenas habiamos estado solos antes, nunca habia cruzado conmigo mas de un punado de frases sueltas sin Rosalinda presente; casi todo lo que de el sabia me habia llegado por boca de ella. Sin embargo, en aquel momento tan especial de su vida y su carrera, en aquel instante que marcaba drasticamente el fin de una epoca, por alguna razon desconocida habia decidido hacerme su confidente.
–Franco y Serrano dicen que estoy trastornado, que soy victima del influjo pernicioso de una mujer. La de estupideces que tiene uno que oir a estas alturas, cono. Querra el cunadisimo darme a mi lecciones de moralidad; el, precisamente, que tiene a su legitima con seis o siete criaturas en casa mientras se pasa los dias encamado con una marquesa a la que luego lleva a los toros en un descapotable. Y para colmo estan pensando incluir el delito de adulterio en el codigo penal, tiene guasa el asunto. Claro que a mi me gustan la mujeres, como no me van a gustar. No comparto vida marital con mi esposa desde hace anos y a nadie tengo que dar explicaciones ni de mis sentimientos ni de con quien me acuesto y con quien me levanto, faltaria mas. He tenido mis aventuras, todas las que he podido, para serle sincero. ?Y que? ?Soy un bicho raro en el ejercito o en el gobierno? No. Soy como todos, pero ellos se han encargado de colgarme la etiqueta de vividor frivolo embrujado por el veneno de una inglesa. Hace falta ser imbecil. Querian mi cabeza para mostrar su lealtad a los alemanes, como Herodes la del Bautista. Ya la tienen, que les cunda. Pero para eso no necesitaban pisotearme.
–?Que le han hecho? – pregunte entonces.
–Difundir todo tipo de injurias sobre mi: me han construido una infumable leyenda negra de mujeriego depravado capaz de vender a la patria por una buena coyunda, con perdon. Han corrido el bulo de que Rosalinda me ha abducido y me ha obligado a traicionar a mi pais, de que Hoare me tiene sobornado, de que recibo dinero de los judios de Tetuan a cambio de mantener una postura antigermana. Han hecho que me vigilen dia y noche, incluso he llegado a temer por mi integridad fisica, y no crea que son fantasias. Y todo ello, tan solo porque como ministro he intentado actuar con sensatez y exponer mis ideas en concordancia: les he dicho que no podemos zanjar las relaciones con britanicos y norteamericanos porque de ellos depende que nos lleguen los suministros de trigo y petroleo necesarios para que este pobre pais no muera de hambre; he insistido en que no debemos dejar que Alemania interfiera en los asuntos nacionales, que debemos oponernos a sus planes intervencionistas, que no nos conviene enzarzarnos en su guerra a su lado ni siquiera a cambio del imperio colonial que creen que podriamos obtener de ello. ?Cree que han sometido mi criterio a la mas minima valoracion? En absoluto: no solo no me han hecho el menor caso, sino que, ademas, me han acusado de demencia por pensar que no debemos plegarnos ante un ejercito que se pasea victorioso por toda Europa. ?Sabe una de las ultimas genialidades del sublime Serrano, sabe que frase repite ultimamente? «?Guerra con pan o sin pan!», ?que le parece? Y el enajenado resulta ahora que soy yo, manda narices. Mi resistencia me ha costado el puesto; quien sabe si no acabara costandome tambien la vida. Me he quedado solo, Sira, solo. El cargo de ministro, la carrera militar y mis relaciones personales: todo, absolutamente todo arrastrado por el barro. Y ahora me envian a Ronda bajo arresto domiciliario, a saber si no tienen previsto abrirme un consejo de guerra y liquidarme de buena manana contra cualquier paredon.
Se quito las gafas y se restrego los ojos. Parecia fatigado. Exhausto. Mayor.
–Estoy confuso, estoy agotado -dijo en voz baja. Suspiro despues con fuerza-. Lo que daria por volver atras, por no haber abandonado nunca mi Marruecos feliz. Lo que yo daria porque toda esta pesadilla jamas hubiera empezado. Solo con Rosalinda encontraria consuelo, pero ella se ha ido. Por eso vengo a verla: para pedirle que me ayude a hacerle llegar mis noticias.
–?Donde esta ahora?
Llevaba semanas haciendome esa pregunta, sin saber donde acudir en busca de la respuesta.
–En Lisboa. Hubo de marcharse precipitadamente.
–?Por que? – pregunte alarmada.
–Supimos que la Gestapo estaba tras ella, tuvo que abandonar Espana.
–?Y usted como ministro no pudo hacer nada?
–?Yo con la Gestapo? Ni yo, ni nadie, querida mia. Mis relaciones con todos los representantes alemanes han sido muy tensas en los ultimos tiempos: algunos miembros del propio gobierno se han encargado de filtrar al embajador y su gente mis opiniones contrarias a nuestra posible intervencion en la guerra y a la excesiva amistad hispanogermana. Aunque probablemente tampoco habria logrado nada si hubiera estado en buenos terminos con ellos, porque la Gestapo funciona por libre, al margen de las instituciones oficiales. Averiguamos que Rosalinda estaba en sus listas por una filtracion. En una noche preparo sus cosas y volo a Portugal, todo lo demas se lo enviamos despues. Ben Wyatt, el agregado naval norteamericano, fue el unico que nos acompano al aeropuerto, es un excelente amigo. Nadie mas sabe donde esta. O, al menos, nadie mas deberia saberlo. Ahora, sin embargo, quiero compartirlo con usted. Disculpe que haya invadido su casa a estas horas y en estas condiciones, pero manana me llevan a Ronda y no se cuanto tiempo estare sin poder contactar con ella.
–?Que quiere que haga? – pregunte intuyendo por fin el objetivo de aquella extrana visita.
–Que se las arregle para conseguir que estas cartas vayan a Lisboa a traves de la valija diplomatica de la embajada britanica. Hagalas llegar a Alan Hillgarth, se que esta en contacto con el -dijo mientras sacaba tres gruesos sobres del bolsillo interior de su chaqueta-. Las he escrito a lo largo de las ultimas semanas, pero he estado sometido a una vigilancia tan ferrea que no me he atrevido a darles salida por ningun conducto; como comprendera, ya no me fio ni de mi sombra. Hoy, con eso de la formalizacion del cese, parecen haberse dado una tregua y han bajado la guardia. Por eso he podido llegar hasta aqui sin ser seguido.
–?Esta seguro?
–Completamente, no se preocupe -afirmo calmando mis temores-. He tomado un taxi, no he querido hacer uso del coche oficial. Ningun vehiculo ha venido tras nosotros a lo largo del trayecto, lo he comprobado. Y seguirme a pie habria sido imposible. He permanecido dentro del taxi hasta que he visto al portero salir con las basuras; solo entonces he entrado en la finca; nadie me ha visto, pierda cuidado.
–?Como sabia donde vivo?
–?Como no habria de saberlo? Rosalinda fue quien escogio esta casa y me mantuvo al tanto de los avances de su acondicionamiento. Estaba muy ilusionada con su llegada y con su colaboracion a la causa de su pais. – Volvio a sonreir con la boca cerrada, apenas tensando una de las comisuras-. La he querido mucho, ?sabe,
