Sira? La he querido muchisimo. No se si volvere a verla mas pero, por si no lo hiciera, digale que habria dado la vida por haberla tenido a mi lado esta noche tan triste. ?Le importa que me sirva otra copa?

–Por favor, no hace falta que pregunte.

Habia perdido la cuenta de las que llevaba, cinco o seis probablemente. El momento de melancolia paso con el siguiente trago. Se habia relajado y no parecia tener intencion de marcharse.

–Rosalinda esta contenta en Lisboa, va abriendose camino. Ya sabe como es ella, capaz de adaptarse a todo con una facilidad impresionante.

Rosalinda Fox, nadie como mi amiga para reinventarse y empezar de cero tantas veces como hiciera falta. Que pareja tan rara formaban Beigbeder y ella. Que distintos y, sin embargo, que bien complementados.

–Vaya a verla cuando pueda a Lisboa, le alegrara mucho pasar unos dias con usted. Su direccion esta en las cartas que le he dado: no se deshaga de ellas sin copiarla antes.

–Lo intentare, se lo prometo. ?Piensa irse usted tambien a Portugal? ?Que tiene previsto hacer cuando todo esto termine?

–?Cuando acabe el arresto? Que se yo, puede durar anos; incluso puede que nunca salga con vida de el. La situacion es muy incierta, ni siquiera se que cargos van a presentar contra mi. Rebeldia, espionaje, traicion a la patria: cualquier barbaridad. Pero si la baraka se pone de mi parte y todo terminara pronto, creo que si, que me iria al extranjero. Bien sabe Dios que yo no soy ningun liberal, pero me repugna el totalitarismo megalomano con el que Franco ha emergido de la victoria; ese monstruo que el ha engendrado y muchos hemos colaborado a alimentar. No se imagina como me arrepiento de haber contribuido a engrandecer su figura desde Marruecos durante la guerra. No me gusta este regimen, no me gusta en absoluto. Creo que ni siquiera me gusta Espana; por lo menos, no me gusta este engendro de una, grande y libre que nos estan intentando vender. He pasado mas anos de mi vida fuera de este pais que dentro; aqui me siento un extrano, hay muchas cosas que me son ajenas.

–Siempre podria volver a Marruecos… -sugeri-. Con Rosalinda.

–No, no -replico contundente-. Marruecos es ya pasado. No habria alli destino para mi; despues de haber sido alto comisario no podria cubrir un cargo inferior. Con todo el dolor de mi corazon, me temo que Africa es ya un capitulo cerrado en mi vida. Profesionalmente, quiero decir, porque en mi corazon estare vinculado a ella mientras viva. Inshallah. Asi sea.

–?Entonces?

–Todo dependera de mi situacion militar: estoy en manos del Caudillo, generalisimo de todos los ejercitos por la gracia de Dios; hay que fastidiarse, como si Dios tuviera algo que ver en estos asuntos tan tortuosos. Igual me levanta el arresto en un mes que decide que me den garrote y prensa. Quien me lo iba a decir hace veinte anos: mi vida entera en manos de Franquito.

Volvio a quitarse las gafas y a restregarse los ojos. Lleno de nuevo la copa, encendio otro cigarrillo.

–Esta muy cansado -dije-. ?Por que no se va a dormir?

Me miro con cara de nino perdido. Con la cara de un nino perdido que a sus espaldas cargaba mas de cincuenta anos de existencia, el puesto mas alto de la administracion colonial espanola, y un cargo ministerial de caida estrepitosa. Respondio con una sinceridad apabullante.

–No quiero irme porque soy incapaz de soportar la idea de volver a estar solo en ese caseron tan lugubre que hasta ahora ha sido mi domicilio oficial.

–Quedese a dormir aqui si quiere -ofreci. Sabia que era una temeridad por mi parte invitarle a pasar la noche, pero intuia que, en su estado, podria hacer cualquier locura si le cerraba las puertas de mi casa y le empujaba a vagar solo por las calles de Madrid.

–Mucho me temo que voy a ser incapaz de pegar ojo -reconocio con una medio sonrisa cargada de tristeza-, pero si le agradeceria que me dejara descansar un poco; no la molestare, se lo prometo. Sera como un refugio en mitad de la tormenta: no puede imaginarse lo amarga que es la soledad del repudiado.

–Esta usted en su casa. Voy a traerle una manta por si quiere echarse. Quitese la chaqueta y la corbata, pongase comodo.

Siguio mis instrucciones mientras yo iba en busca de un cobertor. Cuando volvi estaba en mangas de camisa, llenando de nuevo la copa de conac.

–La ultima -dije con autoridad llevandome la botella.

Deje un cenicero limpio sobre la mesa y una manta en el respaldo del sofa. Me sente entonces junto a el, le agarre el brazo suavemente.

–Todo pasara, Juan Luis, dele tiempo. Antes o despues, al final, todo pasa.

Descanse mi cabeza sobre su hombro y el puso su mano en mi mano.

–Dios la oiga, Sira, Dios la oiga -susurro.

Le deje con sus demonios y me fui a acostar. Mientras recorria el pasillo camino de mi cuarto le escuche hablar solo en arabe, no entendi lo que decia. Tarde en dormirme, probablemente fueran ya mas de las cuatro de la madrugada cuando consegui conciliar un sueno inquieto y extrano. Me desperte al oir la puerta de entrada cerrarse al fondo del pasillo. Mire la hora en el despertador. Las ocho menos veinte. Nunca mas le volvi a ver.

42

Los temores de mi persecucion pasaron a un segundo plano, como si de repente hubieran perdido toda su vigencia. Antes de importunar a Hillgarth con suposiciones que quiza no tuvieran fundamento, debia contactar con el inmediatamente para hacerle llegar la informacion y las cartas. La situacion de Beigbeder era mucho mas importante que mis miedos: para el mismo, para mi amiga y para todos. Por eso, aquella manana raje en mil pedazos el patron previsto para dar cuenta de las sospechas acerca de mi supuesto seguimiento y lo reemplace por otro nuevo: «Beigbeder visita mi casa anoche. Fuera ministerio, estado extremo nervioso. Envian arrestado a Ronda. Teme por su vida. Me entrega cartas para enviar Sra. Fox Lisboa por valija diplomatica embajada. Espero instrucciones urgentes».

Sopese la idea de acudir a Embassy a mediodia para captar la atencion de Hillgarth. Aunque la

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