–No -afirmo rotundo-. Nada esta en orden; nada.

Cerre los parpados, los aprete con fuerza y los volvi a abrir.

–?Que es lo que no esta correcto?

–Nada esta correcto, nada esta como deberia estar.

De pronto crei ver una pequena luz.

–?Que pensabas encontrar, Ignacio? ?Que querias encontrar que no has encontrado?

No respondio.

–Pensabas que todo era una tapadera, ?verdad?

No respondio de nuevo, pero si desvio la conversacion hacia su terreno, volviendo a tomar las riendas.

–Se de sobra quien ha montado este escenario.

–Este escenario, ?de que? – pregunte.

–Esta farsa de taller.

–Esto no es ninguna farsa. Aqui se trabaja duro. Yo lo hago mas de diez horas al dia, siete dias a la semana.

–Lo dudo -dijo agrio.

Me levante, me acerque a su sillon. Me sente en uno de los brazos y le cogi la mano derecha. No se resistio, tampoco me miro. Pase sus dedos sobre mis palmas, sobre mis propios dedos, despacio, para que sintiera en su piel cada milimetro de la mia. Solo pretendia mostrarle las pruebas de mi trabajo, las callosidades y durezas que las tijeras, las agujas y los dedales me habian ido dejando a lo largo de los anos. Note como mi roce le estremecia.

–Estas son las manos de una mujer trabajadora, Ignacio. Imagino lo que piensas que soy y a que crees que me dedico, pero quiero que tengas claro que estas no son las manos de la mantenida de nadie. Siento en el alma haberte hecho dano, no sabes cuanto lo lamento. No me porte bien contigo, pero todo eso esta ya pasado y no hay vuelta atras; no vas a arreglar nada entrometiendote en mi vida y buscando en ella fantasmas que no existen.

Deje de recorrer mis dedos con sus dedos, pero mantuve su mano entre las mias. Estaba helada. Poco a poco fue entrando en calor.

–?Quieres saber que fue de mi cuando me marche? – pregunte en voz baja.

Asintio sin palabras. Seguia sin mirarme.

–Nos fuimos a Tanger. Me quede embarazada y Ramiro me abandono. Perdi el nino. Me vi de pronto sola en una tierra extrana, enferma, sin dinero, cargando con las deudas que el dejo a mi nombre y sin tener donde caerme muerta. Tuve a la policia encima de mi, pase todo el miedo del mundo, me vi implicada en asuntos al margen de lo legal. Y despues monte un taller gracias a la ayuda de una amiga y empece otra vez a coser. Trabaje de noche y de dia, y tambien hice amigos, gente muy distinta. Me asimile a ellos y me adentre en un nuevo universo, pero nunca deje de trabajar. Conoci tambien a un hombre del que pude enamorarme y con el que tal vez habria podido volver a ser feliz, un periodista extranjero, pero sabia que tarde o temprano habria de irse y me resisti a implicarme en otra relacion por temor a volver a sufrir, por miedo a revivir el desgarro atroz que senti cuando Ramiro se marcho sin mi. Ahora he vuelto a Madrid, sola, y sigo trabajando, ya has visto todo lo que hay en esta casa. Y respecto a lo que entre tu y yo paso, en mi pecado me fue la penitencia, que no te quepa de ello la menor duda. No se si a ti esto te satisface o no, pero ten por seguro que todo el dano que te cause lo he pagado a buen precio. Si existe justicia divina, en mi conciencia queda la tranquilidad de saber que, entre lo que yo a ti te hice y lo que despues a mi me hicieron, la balanza esta mas que equilibrada.

No supe si lo que le dije le afecto, le tranquilizo o le confundio aun mas. Nos mantuvimos unos minutos callados, su mano entre las mias, los cuerpos cercanos, conscientes cada uno de la presencia del otro. Al cabo de un rato me despegue de el y volvi a mi sitio.

–Que tienes tu que ver con el ministro Beigbeder -exigio saber entonces. Hablaba sin acritud. Sin acritud pero sin flojedad, a medio camino entre la intimidad de la que habiamos sido participes instantes atras y la distancia infinita del rato anterior. Note que se esforzaba por volver a su actitud profesional. Y note que, lamentablemente, podia conseguirlo sin demasiado esfuerzo.

–Juan Luis Beigbeder es un amigo de los tiempos de Tetuan.

–?Que tipo de amigo?

–No es mi amante, si es eso lo que estas pensando.

–Ayer paso la noche contigo.

–La paso en mi casa, no conmigo. No tengo por que darte cuentas de mi vida privada, pero prefiero aclarartelo para que no te quede duda: Beigbeder y yo no mantenemos ninguna relacion sentimental. Anoche no nos acostamos juntos. Ni anoche, ni nunca. A mi no me mantiene ningun ministro.

–?Por que, entonces?

–?Por que no nos acostamos juntos o por que no me mantiene ningun ministro?

–Por que vino aqui y se quedo hasta casi las ocho de la manana.

–Porque acababa de enterarse de que le habian destituido y no queria estar solo.

Se levanto y se dirigio a uno de los balcones. Volvio a hablar mientras miraba al exterior con las manos metidas en los bolsillos del pantalon.

–Beigbeder es un cretino. Es un traidor vendido a los britanicos; un demente enconado con una zorra inglesa.

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