–Veo que esta bien informado.

–Eso intento, al menos.

–Pues si, debo reconocerlo: mi pequeno negocio no marcha mal. De hecho, como sabe, por eso estoy aqui.

–Dispuesta a llevarse a Espana las mejores telas para la nueva temporada.

–Esa es mi intencion, efectivamente. Me han dicho que usted tiene unas sedas chinas maravillosas.

–?Quiere saber la verdad? – pregunto con un guino de fingida complicidad.

–Si, por favor -dije bajando el tono y siguiendole el juego.

–Pues la verdad es que no lo se -aclaro con una carcajada-. No tengo la menor idea de como son exactamente las sedas que importamos desde Macao; no me ocupo de ello directamente. El sector textil…

Un hombre joven y delgado de fino bigote, su secretario quiza, se acerco sigiloso, pidio disculpas en portugues y se aproximo a su oido izquierdo silabeando algunas palabras que no alcance a oir. Fingi concentrar la mirada en la noche que caia tras el jardin. Los globos blancos de las farolas acababan de encenderse, las conversaciones animadas y los acordes del piano seguian flotando en el aire. Mi mente, sin embargo, lejos de relajarse ante aquel paraiso, se mantenia pendiente de lo que entre ambos hombres ocurria. Intui que aquella imprevista interrupcion era algo acordado de forma premeditada: si mi presencia no le estuviera resultando grata, Da Silva tendria asi una excusa para desaparecer inmediatamente justificando cualquier asunto inesperado. Si, por el contrario, decidiera que valia la pena dedicarme su tiempo, podria darse por enterado y despedir al recien llegado sin mas.

Por fortuna, opto por lo segundo.

–Como le decia -prosiguio una vez ausentado el ayudante-, yo no me ocupo directamente de los tejidos que importamos; quiero decir, estoy al tanto de los datos y las cifras, pero desconozco las cuestiones esteticas que supongo que seran las que a usted interesan.

–Tal vez algun empleado suyo me pueda ayudar -sugeri.

–Si, por supuesto; tengo un personal muy eficiente. Pero me gustaria encargarme yo mismo.

–No quisiera causarle… -interrumpi.

No me dejo terminar.

–Sera un placer poder serle util -dijo mientras hacia un gesto al camarero para que volviera a llenarnos las copas-. ?Cuanto tiempo tiene previsto quedarse entre nosotros?

–Unas dos semanas. Ademas de tejidos, quiero aprovechar el viaje para visitar a algunos otros proveedores, tal vez talleres y comercios tambien. Zapaterias, sombrererias, lencerias, mercerias… En Espana, como imagino que sabra, apenas se puede encontrar nada decente estos dias.

–Yo le proporcionare todos los contactos que necesite, descuide. Dejeme pensar: manana por la manana salgo para un breve viaje, confio en que sea cuestion de un par de dias nada mas. ?Le parece bien que nos veamos el jueves por la manana?

–Por supuesto, pero insisto en que no quiero importunarle…

Despego la espalda del asiento y se adelanto clavandome la mirada.

–Usted jamas podria importunarme.

Que te crees tu eso, pense como en una rafaga. En la boca, en cambio, plasme tan solo una sonrisa mas.

Continuamos charlando acerca de naderias; diez minutos, quince tal vez. Cuando calcule que era el momento de dar por zanjado aquel encuentro, simule un bostezo y acto seguido musite una azorada disculpa.

–Perdoneme. La noche en tren ha sido agotadora.

–La dejo descansar entonces -dijo levantandose.

–Ademas, usted tiene una cena.

–Ah, si, la cena, es cierto. – Ni siquiera se molesto en mirar el reloj-. Supongo que me estaran esperando -anadio con desgana. Intui que mentia. O quiza no.

Caminamos hasta el hall de entrada mientras el saludaba a unos y otros cambiando de lengua con pasmosa comodidad. Un apreton de manos por aqui, una palmada en el hombro por alla; un carinoso beso en la mejilla a una fragil anciana con aspecto de momia y un guino picaro a dos ostentosas senoras cargadas de joyas de la cabeza a los pies.

–Estoril esta lleno de viejas cacatuas que un dia fueron ricas y ya no lo son -me susurro al oido-, pero se aferran al ayer con unas y dientes, y prefieren mantenerse a diario a base de pan y sardinas antes que malvender lo poco que les queda de su gloria marchita. Se las ve cargadas de perlas y brillantes, envueltas en visones y arminos hasta en pleno verano, pero lo que llevan en la mano es un bolso lleno de telaranas en el que hace meses que ni entra ni sale un escudo.

La limpia elegancia de mi vestido no desentonaba en absoluto con el ambiente y el se encargo de que asi lo percibiera todo el mundo a nuestro alrededor. No me presento a nadie ni me dijo quien era cada cual: tan solo camino a mi lado, a mi paso, como escoltandome; atento siempre, luciendome.

Mientras nos dirigiamos hacia la salida, hice un rapido balance del resultado del encuentro. Manuel da Silva habia venido a saludarme, a invitarme a una copa de champan y, sobre todo, a calibrarme: a tasar con sus propios ojos hasta que punto valia la pena hacer el esfuerzo de atender personalmente aquel encargo que le habian hecho desde Madrid. Alguien a traves de alguien y por mediacion de alguien mas le habia pedido como favor que me tratara bien, pero aquello podia encararse de dos maneras. Una era delegando: haciendo que me agasajara algun empleado competente mientras el se quitaba la obligacion de encima. La otra forma era

Вы читаете El tiempo entre costuras
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату