eso, que usted se deje ver a su lado de manera continuada puede empezar a resultar sospechoso ahora que los nombres de ambos aparecen en ficheros contrarios. De hecho, ya ha habido algun rumor al respecto.

–?Al respecto de que? – pregunte con un punto de insolencia.

–Al respecto de que diantres hace una persona tan cercana a las esposas de los altos cargos alemanes dejandose ver en publico con un fiel colaborador de los britanicos -respondio dando un punetazo sobre la mesa. Suavizo despues el tono, lamentando de inmediato su reaccion-. Disculpeme, por favor: estamos todos muy nerviosos ultimamente y, ademas, somos conscientes de que usted no estaba al tanto de la situacion y no podia haber previsto el riesgo de antemano. Pero confie en mi si le digo que los alemanes estan planificando una fortisima campana de presion contra la propaganda britanica en Espana. Este pais sigue siendo crucial para Europa y puede entrar en guerra en cualquier momento. De hecho, el gobierno sigue ayudando al Eje descaradamente: les permiten usar a su conveniencia todos los puertos espanoles, les autorizan explotaciones mineras alla donde les plazca, y hasta estan utilizando a presos republicanos para trabajar en construcciones militares que puedan facilitar un posible ataque aleman a Gibraltar.

Apago el cigarrillo y mantuvo unos segundos el silencio, concentrado en la accion. Despues prosiguio.

–Nuestra situacion es de clara desventaja y lo ultimo que deseamos es enturbiarla aun mas -dijo lentamente-. La Gestapo emprendio hace meses una serie de acciones amenazantes que ya han dado frutos: su amiga la senora Fox, por ejemplo, tuvo que dejar Espana a causa de ellos. Y, desgraciadamente, ha habido varios casos mas. Sin ir mas lejos, el antiguo medico de la embajada, que ademas es un gran amigo mio. De ahora en adelante, la perspectiva se presenta aun peor. Mas directa y agresiva. Mas peligrosa.

No intervine, solo me mantuve observandole, esperando a que terminara sus explicaciones.

–No se si es del todo consciente de hasta que punto esta usted comprometida y expuesta -anadio bajando el tono de voz-. Arish Agoriuq se ha convertido en una persona muy conocida entre las alemanas residentes en Madrid, pero, si comienza a percibirse una desviacion en su postura tal como estuvo a punto de suceder ayer, puede verse implicada en situaciones altamente indeseables. Y eso no nos conviene. Ni a usted, ni a nosotros.

Me levante de mi asiento y camine hacia una ventana, pero no me atrevi a acercarme del todo. Dando la espalda a Hillgarth, mire tras los cristales desde la distancia. Las ramas de los arboles, cuajadas de hojas, llegaban hasta la altura del primer piso. Aun habia luz, las tardes eran ya largas. Intente reflexionar sobre el alcance de lo que acababa de oir. A pesar de la negrura del panorama al que me enfrentaba, no estaba asustada.

–Creo que lo mejor seria que dejara de colaborar con ustedes -dije por fin sin mirarle-. Evitariamos problemas y viviriamos mas tranquilos. Usted, yo, todos.

–De ninguna manera -protesto tajante a mi espalda-. Todo lo que acabo de decirle no son mas que cuestiones preventivas y advertencias para el futuro. No dudamos de que sera capaz de adaptarse a ellas cuando llegue el momento. Pero bajo ningun concepto queremos perderla, y mucho menos ahora que la necesitamos en un nuevo destino.

–?Perdon? – pregunte atonita mientras me giraba.

–Tenemos otra mision. Nos han pedido colaboracion directamente desde Londres. Aunque en un principio barajabamos otras opciones, a la luz de lo que ha ocurrido este fin de semana, hemos decidido asignarsela a usted. ?Cree que su ayudante podra encargarse del taller durante un par de semanas?

–Bueno… no se… quiza… -balbucee.

–Seguro que si. Haga correr entre sus clientas la voz de que va a permanecer fuera unos dias.

–?Donde les digo que voy a estar?

–No es necesario que mienta, cuenteles simplemente la verdad: que tiene unos asuntos que resolver en Lisboa.

49

El Lusitania Express me dejo en la estacion de Santa Apolonia una manana de mediados de mayo. Llevaba dos enormes maletas con mi mejor vestuario, un punado de instrucciones precisas y un cargamento invisible de aplomo; confiaba en que aquello fuera suficiente para ayudarme a salir airosa del trance.

Dude mucho antes de convencerme a mi misma de que debia seguir con aquel cometido. Reflexione, sopese opciones y valore alternativas. Sabia que la decision estaba en mi mano: solo yo tenia la capacidad de elegir entre seguir adelante con aquella vida turbia o dejarlo todo de lado y volver a la normalidad.

Lo segundo, probablemente, habria sido lo mas sensato. Estaba hastiada de enganar a todo el mundo, de no poder ser clara con nadie; de acatar ordenes incomodas y vivir en constante alerta. Iba a cumplir treinta anos, me habia convertido en una embustera sin escrupulos y mi historia personal no era mas que un cumulo de tapujos, agujeros y mentiras. Y a pesar de la supuesta sofisticacion que rodeaba mi existencia, al final del dia -como bien se habia encargado de recordarme Ignacio unos meses atras- lo unico que quedaba de mi era un fantasma solitario que habitaba una casa llena de sombras. Al salir de la reunion con Hillgarth senti una bocanada de hostilidad hacia el y los suyos. Me habian involucrado en una aventura siniestra y ajena que supuestamente deberia resultar favorable para mi pais, pero nada parecia enderezarse con el paso de los meses y el temor a que Espana entrara en la guerra seguia flotando en el aire por todas las esquinas. Aun asi, acate sus condiciones sin desviarme de las normas: me forzaron a volverme egoista e insensible, a acoplarme a un Madrid irreal y a ser desleal a mi gente y mi pasado. Me habian hecho pasar miedo y desconcierto, noches en vela, horas de angustia infinitas. Y ahora exigian que me distanciara tambien de mi padre, la unica presencia que aportaba un punto de luz en el oscuro transcurrir de los dias.

Aun estaba a tiempo de decir que no, de plantarme y gritar hasta aqui hemos llegado. Al infierno el Servicio Secreto britanico y sus estupidas exigencias. Al infierno las escuchas en los probadores, la ridicula vida de las mujeres de los nazis y los mensajes cifrados entre patrones. No me importaba quien ganara a quien en aquella contienda lejana; alla ellos si los alemanes invadian Gran Bretana y se comian a los ninos crudos o si los ingleses bombardeaban Berlin y lo dejaban tan liso como una tabla de planchar. Aquel no era mi mundo: al infierno para siempre todos ellos.

Dejarlo todo y volver a la normalidad: si, aquella sin duda era la mejor opcion. El problema era que ya no sabia donde encontrarla. ?Estaba la normalidad en la calle de la Redondilla de mi juventud, entre las muchachas con las que creci y que aun peleaban por salir a flote tras perder la guerra? ?Se la llevo Ignacio

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