medico. Voy a intentar acercar el coche hasta aqui: me la llevo a casa.

Note a Hillgarth dudar unos segundos.

–De acuerdo -dijo entonces-. Me quedare acompanandola mientras regresa.

No me movi hasta que calcule que mi padre estaba ya lo suficientemente lejos como para que mi reaccion no le resultara sorprendente. Solo entonces me arme de valor, me puse en pie y le di la cara.

–Se encuentra bien, ?verdad? – pregunto mirandome con severidad.

Podria haberle dicho que no, que aun estaba debil y desorientada; podria haber fingido que todavia no me habia recuperado de los efectos del supuesto desmayo. Pero sabia que no iba a creerme. Y con razon.

–Perfectamente -respondi.

–?Sabe el algo? – pregunto entonces refiriendose a mi padre y su conocimiento acerca de mi colaboracion con los ingleses.

–Nada en absoluto.

–Mantengalo asi. Y no se le ocurra dejarse ver con el rostro descubierto al salir -ordeno-. Tumbese en el asiento trasero del automovil y permanezca tapada en todo momento. Cuando lleguen a casa, asegurese de que nadie los ha seguido.

–Descuide. ?Algo mas?

–Venga a verme manana. En el mismo sitio y a la misma hora.

48

Una actuacion magistral la del hipodromo -fue su saludo. A pesar del supuesto cumplido, su rostro no mostraba el menor rasgo de satisfaccion. Me esperaba de nuevo en la consulta del doctor Rico, en el mismo lugar donde nos habiamos reunido meses atras para hablar sobre mi encuentro con Beigbeder tras su cese.

–No tuve otra opcion, creame que lo siento -dije mientras me sentaba-. No tenia idea de que ibamos a ver las carreras en el palco de los ingleses. Ni de que los alemanes iban a ocupar justamente el vecino.

–Lo entiendo. Y actuo bien, con frialdad y rapidez. Pero corrio un riesgo altisimo y estuvo a punto de desencadenar una crisis del todo innecesaria. Y no podemos permitirnos vernos implicados en imprudencias de esta envergadura segun esta la situacion de complicada ahora mismo.

–?Se refiere a la situacion en general, o a la mia en particular? – pregunte con un involuntario tono de arrogancia.

–A ambas -zanjo contundente-. Vera, no es nuestra intencion inmiscuirnos en su vida personal, pero, a raiz de lo sucedido, creo que debemos llamar su atencion sobre algo.

–Gonzalo Alvarado -adelante.

No respondio de inmediato; antes se tomo unos segundos para encender un cigarrillo.

–Gonzalo Alvarado, efectivamente -dijo tras expulsar el humo de la primera calada-. Lo de ayer no fue algo aislado: sabemos que se les ve juntos en sitios publicos con relativa asiduidad.

–Por si le interesa y antes de nada, dejeme aclararle que no mantengo ninguna relacion con el. Y, como le dije ayer, tampoco esta al tanto de mis actividades.

–La naturaleza concreta de la relacion que exista entre ustedes es un asunto del todo privado y ajeno a nuestra incumbencia -aclaro.

–?Entonces?

–Le ruego que no se lo tome como una invasion desconsiderada en su vida personal, pero tiene que entender que la situacion es ahora mismo extraordinariamente tensa y no tenemos mas remedio que alertarla. – Se levanto y recorrio unos pasos con las manos en los bolsillos y la vista concentrada en las baldosas del suelo mientras continuaba hablando sin mirarme-. La semana pasada supimos que hay un activo grupo de confidentes espanoles cooperando con los alemanes para elaborar ficheros de germanofilos y aliadofilos locales. En ellos estan incluyendo datos sobre todos aquellos espanoles significados por su relacion con una u otra causa, asi como su grado de compromiso para con las mismas.

–Y suponen que yo estoy en uno de esos ficheros…

–No lo suponemos: lo sabemos con absoluta certeza -dijo clavando sus ojos en los mios-. Tenemos colaboradores infiltrados y nos han informado de que usted figura en el de los germanofilos. De momento, de forma limpia, como era previsible: cuenta con abundantes clientas relacionadas con los altos cargos nazis, las recibe en su atelier, les cose trajes hermosos y ellas, a cambio, no solo le pagan, sino que ademas confian en usted; tanto que hablan en su casa con plena libertad de muchas cosas sobre las que no deberian hablar y que usted nos transmite puntualmente.

–Y Alvarado, ?que tiene que ver en todo esto?

–Tambien aparece en los ficheros. Pero figura en el lado contrario al suyo, en el catalogo de ciudadanos afines a los britanicos. Y nos ha llegado la noticia de que hay orden alemana de maxima vigilancia a personas espanolas de ciertos sectores relacionadas con nosotros: banqueros, empresarios, profesionales liberales… Ciudadanos capacitados e influyentes dispuestos a ayudar a nuestra causa.

–Imagino que sabra que el ya no esta en activo, que no reabrio su empresa tras la guerra - apunte.

–No importa. Mantiene excelentes relaciones y se deja ver a menudo con miembros de la embajada y la colonia britanica en Madrid. A veces incluso conmigo mismo, como comprobaria ayer. Es un gran conocedor de la situacion industrial espanola y, por ello, nos asesora desinteresadamente en algunos asuntos de relevancia. Pero, a diferencia de usted, no es un agente encubierto, sino tan solo un buen amigo del pueblo ingles que no esconde sus simpatias hacia nuestra nacion. Por

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