No tardaron en despertarse. Primero oi a alguien moverse con el andar cansino de quien arrastra un par de zapatillas viejas. La mirilla se descorrio y al otro lado encontre un ojo oscuro lleno de leganas y extraneza. Despues me llego el sonido de pasos mas dinamicos y diligentes. Y voces, voces bajas y precipitadas. Aun amortiguada por el espesor de la robusta puerta de madera, reconoci una de ellas. La que yo buscaba. Lo confirme cuando un nuevo ojo, vivo y azul, se asomo por el pequeno reducto.

–Rosalinda, soy Sira. Abre, por favor.

Un cerrojo, ras. Otro mas.

El reencuentro fue precipitado, lleno de alegria contenida y alboroto de susurros.

–What a marvellous surprise! Pero ?que haces aqui en mitad de la noite, my dear? Me dijeron que ibas a venir a Lisboa y que no podria verte, ?como va todo en Madrid? ?que tal…?

Mi alegria era tambien inmensa, pero el temor me hizo retomar prudencia.

–Ssssshhhhhh… -dije intentando contenerla. No me hizo caso y continuo con su entusiasta bienvenida. Incluso sacada de la cama en plena madrugada, mantenia el gJamour de siempre. La osamenta delicada y la piel transparente cubiertas por una bata de seda marfil que le llegaba a los pies, la melena ondulada un poco mas corta quiza, la boca llena de palabras atropelladas que entremezclaban como antes el ingles, el espanol y el portugues.

Sentirla tan cerca levanto la veda a un millon de preguntas agazapadas. Que habria sido de ella a lo largo de aquellos meses desde su huida precipitada de Espana, con que argucias habria logrado salir adelante, como habria asumido la caida de Beigbeder. Su casa rezumaba lujo y bienestar, pero yo sabia que la fragilidad de sus recursos financieros le impedian costear por si misma una residencia asi. Preferi no preguntar. Por duros que hubieran sido los envites y oscuras las circunstancias, Rosalinda Fox seguia irradiando la misma vitalidad positiva de siempre, ese optimismo capaz de tumbar barreras, sortear escollos o levantar a un muerto si su voluntad asi lo quisiera.

Recorrimos el largo pasillo agarradas del brazo, hablando entre susurros y sombras. Llegamos a su cuarto, cerro tras si, y el recuerdo de Tetuan me invadio de pronto como una bocanada de aire africano. La alfombra berberisca, un farol moruno, los cuadros. Reconoci una acuarela de Bertuchi: las paredes encaladas de la moreria, las rifenas vendiendo naranjas, un mulo cargado, jaiques y chilabas y, al fondo, el alminar de una mezquita recortado sobre el cielo marroqui. Aparte la vista; no era momento para la nostalgia.

–Tengo que encontrar a Marcus Logan.

–Vaya, que coincidencia. El vino a verme hace unos dias: queria saber de ti.

–?Que le dijiste? – pregunte alarmada.

–Solo la verdad -dijo alzando la mano derecha como dispuesta a prestar juramento-. Que la ultima vez que te vi fue el ano pasado en Tanger.

–?Sabes como encontrarle?

–No. Quedo en que volveria a pasarse por El Galgo, nada mas.

–?Que es El Galgo?

–Mi club -dijo con un guino mientras se recostaba en la cama-. Un fantastico negocio que he abierto a medias con un amigo. Nos estamos forrando -remato con una carcajada-. Pero ya te contare todo eso en otro momento, vamos a centrarnos ahora en cuestiones mas urgentes. No se donde encontrar a Marcus, darling. No se donde vive ni tengo su numero de telefono. Pero ven, sientate aqui a mi lado y cuentame la historia, a ver si se nos ocurre algo.

Que consuelo haber reencontrado a la Rosalinda de siempre. Extravagante e imprevisible, pero tambien eficaz, rapida y resolutiva aun en mitad de la noche. Una vez superada la sorpresa inicial y una vez que tuvo claro que mi visita tenia un objetivo concreto, no perdio el tiempo en preguntar inutilidades, ni quiso saber sobre mi vida en Madrid ni acerca de mis quehaceres a las ordenes de aquel Servicio Secreto a cuyos brazos ella misma me lanzo. Tan solo entendio que habia algo que resolver urgentemente y se dispuso a ayudarme.

Resumi la historia de Da Silva y lo que Marcus tenia que ver en ella. Nos mantuvimos alumbradas tan solo por la luz tenue de una pantalla de seda plisada, acomodadas ambas en su gran cama. Aunque sabia que estaba contraviniendo las ordenes expresas de Hillgarth de no contactar con Rosalinda bajo ningun concepto, no me preocupo hacerla participe de los entresijos de mi mision: confiaba en ella con los ojos cerrados y era la unica persona a la que podia acudir. Ademas, en cierta manera ellos mismos habian provocado que acabara buscandola: me habian enviado a Portugal tan desprotegida, tan sin asideros, que no tuve otra opcion.

–Veo a Marcus muy de vez en cuando: a veces pasa por el club, en alguna ocasion hemos coincidido en el restaurante del hotel Aviz y un par de noches, igual que tu, nos cruzamos en el casino de Estoril. Siempre encantador, pero algo esquivo acerca de sus ocupaciones: nunca me ha dejado claro a que se dedica ahora pero, desde luego, dudo mucho que sea al periodismo. Cada vez que nos encontramos, hablamos un par de minutos y nos despedimos con carino prometiendo vernos mas a menudo, pero nunca lo hacemos. No tengo idea de en que anda metido, darling. Desconozco si sus asuntos son limpios o necesitan pasar por la lavanderia. Ni siquiera se si reside permanentemente en Lisboa, o va y viene a Londres o a algun otro sitio. Pero si me das un par de dias, puedo intentar hacer averiguaciones.

–Creo que no hay tiempo. Da Silva ya ha dado instrucciones de que le quiten de en medio para dejar el camino libre a los alemanes. Tengo que avisarle cuanto antes.

–Ten cuidado, Sira. Tal vez el mismo este metido en algo oscuro que tu desconozcas. No te han dicho que tipo de negocios le unian a Da Silva y ha pasado mucho tiempo desde que convivimos con el en Marruecos; no sabemos que ha sido de su vida desde que se marcho hasta ahora. Y, de hecho, tampoco supimos mucho entonces.

–Pero consiguio traer a mi madre…

–Fue un simple mediador y, ademas, lo hizo a cambio de algo. No fue un favor desinteresado, recuerdalo.

–Y sabiamos que era periodista…

–Eso suponiamos, pero la verdad es que nunca vimos publicada la famosa entrevista con Juan Luis que supuestamente fue el motivo que le llevo a Tetuan.

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