–Quiza…
–Ni tampoco el reportaje sobre el Marruecos espanol por el que se quedo alli durante todas aquellas semanas.
Habia mil razones que podrian justificar todo eso y seguro que era facil encontrarlas, pero no podia perder el tiempo con ellas. Africa era el ayer, Portugal el presente. Y el apremio estaba en el aqui y el ahora.
–Tienes que ayudarme a encontrarle -insisti saltando por encima de los recelos-. Da Silva ya tiene a su gente alerta, al menos hay que poner a Marcus sobre aviso; el sabra que hacer despues.
–Por supuesto que voy a intentar localizarle, my dear, quedate tranquila. Pero solo quiero pedirte que actues con cautela y tengas en cuenta que todos hemos cambiado enormemente, que ninguno de nosotros es ya quien un dia fue. En el Tetuan de hace unos anos tu eras una joven modista y yo, la amante feliz de un hombre poderoso; mira ahora en que nos hemos convertido, fijate donde estamos las dos y como hemos tenido que vernos. Marcus y sus circunstancias probablemente hayan cambiado tambien: es ley de vida, y mas aun en estos tiempos. Y si sabiamos poco de el entonces, menos aun sabemos ahora.
–Ahora se dedica a los negocios, me informo el propio Da Silva.
Recibio mi explicacion con una risa ironica.
–No seas ingenua, Sira. La palabra «negocios» en estos dias es como un gran paraguas negro que puede tapar cualquier cosa.
–?Me estas diciendo entonces que no debo ayudarle? – dije intentando no sonar confusa.
–No. Lo que estoy haciendo es aconsejarte para que tengas mucho cuidado y no arriesgues mas de la cuenta, porque ni siquiera conoces con certeza quien es y en que anda metido el hombre al que estas intentando proteger. Es curioso las vueltas que da la vida, ?verdad? – continuo con una media sonrisa retirandose de la cara su eterna onda rubia-. El estaba loco por ti en Tetuan y tu te negaste a implicarte del todo con el a pesar de lo mucho que os atraiais los dos. Y ahora, despues de tanto tiempo, por protegerle te arriesgas a que te desenmascaren, a jugarte la mision, y quien sabe si algo mas, y todo ello en un pais en el que estas sola y apenas conoces a nadie. Sigo sin entender por que fuiste tan reacia a empezar con Marcus algo en serio, pero muy profundo debio de ser lo que dejo en ti cuando te estas exponiendo por el de esta manera.
–Te lo conte cien veces. No quise una nueva relacion porque la historia de Ramiro todavia estaba reciente, porque aun tenia abiertas las heridas.
–Pero habia pasado tiempo…
–No el suficiente. Me daba panico volver a sufrir, Rosalinda, me daba tanto miedo… Lo de Ramiro fue tan doloroso, tan sangrante, tan, tan tremendo… Sabia que tarde o temprano Marcus tambien acabaria yendose, no queria volver a pasar por aquello otra vez.
–Pero el nunca te habria dejado de esa manera. Antes o despues habria vuelto, quiza tu podrias haberte ido con el…
–No. Tetuan no era su sitio, y si lo era el mio, con mi madre a punto de llegar, dos denuncias a mi espalda y Espana aun en guerra. Yo estaba confusa, magullada y trastornada todavia por mi historia anterior, ansiosa por saber de mi madre y construyendo una personalidad falsa para ganar clientas en una tierra extrana. Levante un muro para evitar enamorarme perdidamente de Marcus, es cierto. Y aun asi, el consiguio traspasarlo. Se colo entre las rendijas y me alcanzo. No he vuelto a querer a nadie desde entonces, ni siquiera me he sentido atraida por ningun hombre en concreto. Su recuerdo me ha servido para hacerme fuerte y afrontar la soledad y, creeme, Rosalinda, he estado muy sola todo este tiempo. Y cuando pensaba que no volveria a verle mas, la vida me lo ha puesto en el camino en el peor de los momentos. No pretendo rescatarle ni tender un puente sobre el pasado para retomar lo perdido, se que eso es imposible en este mundo de locos en que vivimos. Pero, si al menos puedo ayudarle a que no acaben con el en cualquier esquina, tengo que intentarlo.
Debio de notar que me temblaba la voz, porque me agarro una mano y la apreto con fuerza.
–Bien, vamos a centrarnos en el presente -dijo firme-. En cuanto la manana se ponga en marcha, empezare a mover mis contactos. Si el esta aun en Lisboa, lograre encontrarle.
–Yo no puedo verle y no quiero que tu hables con el tampoco. Utiliza algun intermediario, alguien que le haga llegar la informacion sin que el sepa que procede de ti. Lo unico que necesita saber es que Da Silva no solo no quiere saber de el, sino que, ademas, ha dado orden de que lo quiten de en medio si empieza a molestar. Yo informare a Hillgarth sobre los demas nombres en cuanto llegue a Madrid. O no -rectifique-. Mejor haz que le den a Marcus todos los nombres, apuntalos, me los se de memoria. Que el se encargue de hacer correr la voz, probablemente los conozca a todos.
Note entonces un cansancio inmenso, tan inmenso casi como la angustia que llevaba dentro desde que Beatriz Oliveira me pasara aquella siniestra lista en la iglesia de Sao Domingos. El dia habia sido atroz: la novena y lo que conllevo, el encuentro posterior con Da Silva y el esfuerzo agotador para lograr que me invitara a su casa; el desvelo durante horas, la espera a oscuras junto a las basuras del hotel, el tortuoso viaje hasta Lisboa pegada al cuerpo de aquel huevero maloliente. Mire el reloj. Aun faltaba media hora para que me recogiera con su motocarro. Cerrar los ojos y acurrucarme en la cama deshecha de Rosalinda me parecio la mas golosa de las tentaciones, pero no era momento de pensar en dormir. Antes tenia que ponerme al dia acerca de la vida de mi amiga, aunque fuese brevemente: quien sabia si aquel iba a ser nuestro ultimo encuentro.
–Cuentame ahora tu, rapido; no quiero irme sin saber algo de ti. ?Como te las has arreglado desde que saliste de Espana, que ha sido de tu vida?
–Los primeros tiempos fueron duros, sola, sin dinero y reconcomida por la incertidumbre de la situacion de Juan Luis en Madrid. Pero no pude sentarme a llorar lo perdido: tenia que ganarme la vida. A ratos fue hasta divertido, vivi algunas escenas dignas de la mejor alta comedia: hubo un par de millonarios decrepitos que me ofrecieron matrimonio e incluso deslumbre a un alto oficial nazi que me aseguro estar dispuesto a desertar si yo aceptaba fugarme con el a Rio de Janeiro. A veces fue entretenido; otras, la verdad, no tanto. Encontre a antiguos admiradores que fingieron no conocerme y a viejos amigos que me volvieron la cara; personas a las que un dia yo ayude y de pronto parecieron aquejados de amnesia, y embusteros que simularon estar en condiciones lamentables para evitar que les pidiera algo prestado. Lo peor de todo, sin embargo, no fue eso: lo mas duro en todo aquel tiempo fue el tener que cortar toda comunicacion con Juan Luis. Primero dejamos las llamadas telefonicas tras descubrir el que nos escuchaban, despues abandonamos el correo. Y luego llego el cese y el arresto. Las ultimas cartas en mucho tiempo fueron las que el te entrego y tu diste a Hillgarth. Y despues, el fin.
