–?Como
Suspiro con fuerza antes de responder y volvio a retirarse el pelo de la cara.
–Moderadamente bien. Lo enviaron a Ronda y aquello fue casi un alivio porque en un principio penso que se iban a deshacer de el por completo acusandole de alta traicion a la patria. Pero al final no le abrieron consejo de guerra, mas por simple interes que por compasion: liquidar de aquella manera a un ministro nombrado un ano antes habria supuesto un impacto muy negativo en la poblacion espanola y en la opinion internacional.
–?Aun sigue en Ronda?
–Si, pero ahora ya tan solo bajo arresto domiciliario. Vive en un hotel y parece que empieza a tener una cierta libertad de movimientos. Vuelve a estar ilusionado con algunos proyectos, ya sabes como es el de inquieto, necesita siempre estar activo, implicado en algo interesante, ingeniando y maquinando. Confio en que pueda venir pronto a Lisboa y despues, we'll see. Ya veremos -concluyo con una sonrisa cargada de melancolia.
No me atrevi a preguntar cuales eran aquellos nuevos proyectos tras su despenamiento por el barranco de los desposeidos de la gloria. El ex ministro amigo de los ingleses pintaba ya muy poco en aquella Nueva Espana tan carinosa con el Eje; mucho tendrian que cambiar las cosas para que el poder volviera a llamar a su puerta.
Consulte el reloj de nuevo, solo me quedaban diez minutos.
–Sigueme contando sobre ti, como conseguiste salir adelante.
–Conoci a Dimitri, un ruso blanco huido a Paris tras la revolucion bolchevique. Nos hicimos amigos y le convenci para que me hiciera su socia en el club que tenia previsto abrir. El aportaria el dinero y yo, la decoracion y los contactos. El Galgo fue un exito desde el principio, asi que, al poco de comenzar la marcha del negocio, me lance a buscar casa para por fin poder salir del pequeno cuarto donde me tenian cobijada unos amigos polacos. Y entonces encontre este piso, si es que a una vivienda con veinticuatro habitaciones se le puede llamar un piso.
–?Veinticuatro habitaciones, que barbaridad!
–No creas, lo hice con intencion de sacarle beneficio, obviously. Lisboa esta llena de expatriados con escasa liquidez que no pueden permitirse una larga estancia en un gran hotel.
–No me digas que has montado aqui una casa de huespedes.
–Algo asi. Huespedes elegantes, gente de mundo a la que su sofisticacion no les libra de estar al borde del abismo. Yo comparto con ellos mi hogar y ellos conmigo sus capitales en la medida de lo posible. No hay precio: hay quien ha disfrutado de una habitacion durante dos meses sin pagarme ni un escudo, y hay quien por alojarse una semana me ha regalado una pulsera
Habia que sobrevivir, efectivamente. Y para mi la supervivencia mas inmediata implicaba volverme a subir a un motocarro con olor a gallinas y alcanzar mi habitacion en el hotel Do Parque antes de que entrara la manana. Me habria encantado poder seguir charlando con Rosalinda hasta el fin de los dias, tumbadas en su gran cama sin mas preocupaciones que hacer sonar un timbre para que vinieran a traernos el desayuno. Pero habia llegado la hora de volver, de retornar a la realidad por negra que esta se presentara. Ella me acompano a la puerta; antes de abrirla, me abrazo con su cuerpo liviano y soplo un consejo en mi oido.
–Apenas conozco a Manuel da Silva, pero todo el mundo en Lisboa esta al tanto de su fama: un gran empresario, seductor y encantador, que tambien es duro como el hielo, inmisericorde con sus adversarios y capaz de vender su alma por un buen negocio. Ten mucho cuidado, porque estas jugando con fuego delante de alguien peligroso.
60
Toallas limpias -anuncio la voz al otro lado de la puerta del cuarto de bano.
–Dejelas encima de la cama, gracias -grite.
No habia pedido toallas y era extrano que vinieran a reponerlas a esa hora de la tarde, pero imagine que se trataria de una simple descoordinacion del servicio.
Termine de aplicarme la mascara de pestanas frente al espejo. Con ella acabe el maquillaje: ya solo me faltaba vestirme y aun quedaba casi una hora para que Joao me recogiera. Estaba en albornoz. Me empece a arreglar temprano para ocupar los minutos con alguna actividad y dejar de presagiar finales funestos para mi breve carrera, pero aun seguia sobrandome tiempo. Sali del bano y mientras me anudaba el cinturon titubee decidiendo que hacer. Esperaria un rato antes de vestirme. O quiza no, quiza deberia al menos ir poniendome las medias ya. O tal vez no, tal vez lo mejor seria… Y entonces le vi, y todas las medias del mundo dejaron en ese momento de existir.
–?Que haces aqui, Marcus? – balbucee sin dar credito. Alguien le habia dejado pasar al traer las toallas. O quiza no: barri la habitacion con la mirada y no encontre toallas por ningun sitio.
No respondio a mi pregunta. Tampoco me saludo ni se molesto en justificar su osadia al invadir mi habitacion de aquella manera.
–Deja de ver a Manuel da Silva, Sira. Alejate de el, solo he venido a decirte eso.
Hablo con voz contundente. Estaba de pie, con el brazo izquierdo apoyado contra el respaldo de un sillon en una esquina. Con camisa blanca y traje gris, ni tenso, ni relajado: sobrio tan solo. Como si tuviera una obligacion y la firme voluntad de no incumplirla.
No pude replicarle: ninguna palabra consiguio llegarme a la boca.
–No se que relacion tienes con el -prosiguio-, pero aun estas a tiempo de no seguir implicandote. Vete de aqui, vuelve a Marruecos…
–Ahora vivo en Madrid -logre decir por fin. Permanecia de pie sobre la alfombra, inmovil, descalza, sin saber que hacer. Recorde las palabras de Rosalinda aquella misma madrugada: debia ser cuidadosa con Marcus, no sabia en que mundo se movia ni en que negocios andaba metido. Me recorrio un escalofrio. Ni ahora lo sabia, ni quiza lo supe nunca. Espere a que siguiera hablando para poder calcular hasta donde podria sincerarme y hasta donde tendria que ser cauta; hasta que punto deberia dejar salir a la Sira que el conocia y
