–Aun no lo se.

En ese mismo momento vi salir a mi portero camino de la lecheria. Via libre.

–Por si acaso vuelves a escaparte, te invito antes a desayunar -dije abriendo rapidamente la portezuela del coche.

Me agarro por un brazo intentando retenerme.

–Solo si me dices en que estas metida.

–Solo cuando me entere de quien eres tu.

Subimos la escalera de la mano dispuestos a concedernos una tregua. Sucios y agotados, pero vivos.

66

S in abrir aun los ojos, supe que Marcus ya no estaba a mi lado. De su paso por mi casa y mi cama no quedo el menor rastro visible. Ni una prenda olvidada, ni una nota de despedida: tan solo su sabor pegado a mis entranas. Pero yo sabia que iba a volver. Antes o despues, en el momento mas insospechado, apareceria de nuevo.

Me habria gustado demorar el momento de levantarme. Solo una hora mas, tal vez incluso media habria sido suficiente: el tiempo necesario para poder rememorar con calma todo lo sucedido en los ultimos dias y, sobre todo, en la ultima noche: lo vivido, lo percibido, lo sentido. Quise quedarme entre las sabanas y recrear cada segundo de las horas anteriores, pero no pudo ser. Hube de ponerme en marcha otra vez: me esperaban mil obligaciones, tenia que empezar a funcionar. Asi que me di una ducha y arranque. Era sabado y, aunque ni las chicas ni dona Manuela habian acudido aquel dia al taller, todo estaba listo y a la vista para que pudiera ponerme al tanto de los ajetreos sobrevenidos durante mi ausencia. Las cosas parecian haber funcionado con buen ritmo: habia modelos en los maniquies, medidas anotadas en los cuadernos, retales y cortes que yo no deje y apuntes en letra puntiaguda que detallaban quien habia venido, quien habia llamado y que cosas necesitabamos resolver. No tuve tiempo, sin embargo, para atender todo aquello: al llegar el mediodia aun me quedaba un buen monton de cosas por solventar, pero no tuve mas remedio que retrasarlas.

Embassy estaba hasta los topes, pero confie en que Hillgarth pudiera ver como dejaba caer el bolso al suelo nada mas entrar. Lo hice parsimoniosa, casi con desfachatez. Tres espaldas caballerosas se doblaron inmediatamente para recogerlo. Solo uno lo logro, un alto oficial aleman de uniforme que en ese mismo momento se disponia a empujar la puerta para salir a la calle. Le agradeci el gesto con la mejor de mis sonrisas mientras de refilon intentaba percibir si Hillgarth se habia dado cuenta de mi llegada. Estaba en una mesa al fondo, en compania como siempre. Di por hecho que me vio y que proceso el mensaje. Necesito verle urgentemente, habia querido decir. Consulte entonces el reloj y simule un gesto de sorpresa, como si acabara de recordar que en aquel mismo momento tenia una cita ineludible en algun otro sitio. Antes de las dos estaba de vuelta en casa. A las tres y cuarto me llegaron los bombones. En efecto, Hillgarth habia captado mi aviso. Me citaba para las cuatro y media, de nuevo en la consulta del doctor Rico.

El protocolo fue el mismo. Llegue sola y no me cruce con nadie en la escalera. Volvio a abrirme la puerta la misma enfermera y a conducirme a la consulta.

–Buenas tardes, Sidi. Me alegro de tenerla de vuelta. ?Ha tenido un buen viaje? Se oyen maravillas del Lusitania Express.

Estaba de pie junto a la ventana, vestido con uno de sus trajes impecables. Se acerco para estrecharme la mano.

–Buenas tardes, capitan. Un viaje excelente, gracias; los compartimentos de Gran Clase son una verdadera delicia. Queria verle cuanto antes para ponerle al tanto de mi estancia.

–Se lo agradezco. Sientese, por favor. ?Un cigarrillo?

Su actitud era relajada y el apremio por conocer las conclusiones de mi trabajo parecia no existir. La urgencia de dos semanas atras se habia diluido como por arte de magia.

–Todo ha resultado bien y creo que he conseguido datos muy interesantes. Tenian razon ustedes en sus presuposiciones: Da Silva ha estado negociando con los alemanes para suministrarles wolframio. El trato definitivo se cerro el jueves por la noche en su casa, con asistencia de Johannes Bernhardt.

–Buen trabajo, Sidi. Esa informacion va a resultarnos de gran utilidad.

No parecia sorprendido. Ni impresionado. Ni agradecido. Neutro e impasible. Como si aquello no le resultara nuevo.

–No parece extranarle la noticia -dije-. ?Sabia ya algo al respecto?

Encendio un Craven A y su respuesta llego con la primera bocanada de humo.

–Esta misma manana nos han informado del encuentro de Da Silva con Bernhardt. Tratandose de el, en este momento lo unico que pueden estar gestionando es algo relacionado con el suministro de wolframio, lo cual nos confirma lo que sospechabamos: la deslealtad de Da Silva hacia nosotros. Ya hemos transmitido un memorandum a Londres informando al respecto.

Aunque note un pequeno estremecimiento, intente sonar natural. Mis presuposiciones iban por buen camino, pero aun tenia que seguir avanzando.

–Vaya, que coincidencia que alguien les haya puesto hoy mismo al tanto. Crei que yo era la unica a cargo de esta mision.

–A media manana hemos recibido por sorpresa a un agente emplazado en Portugal. Ha sido algo totalmente inesperado; salio anoche de Lisboa en automovil.

–?Y vio ese agente a Bernhardt reunido con Da Silva? – pregunte con fingida sorpresa.

–El personalmente, no, pero alguien de su entera confianza si lo hizo.

Estuve a punto de echarme a reir. Asi que su agente habia sido informado acerca de Bernhardt por alguien de su entera confianza. Bueno, despues de todo, aquello era un halago.

–Bernhardt nos interesa muchisimo -prosiguio Hillgarth ajeno a mis pensamientos-. Como le dije en

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