Tanger, el es el cerebro de Sofindus, la corporacion bajo la que el Tercer Reich realiza sus transacciones empresariales en Espana. Saber que esta en tratos con Da Silva en Portugal va a tener un impacto enorme para nosotros porque…

–Disculpe, capitan -interrumpi-. Permitame que le haga otra pregunta. El agente que le ha informado de que Bernhardt ha negociado con Da Silva, ?es tambien alguien del SOE, uno de sus recientes fichajes como yo?

Apago el cigarrillo concienzudamente antes de responder. Despues alzo los ojos.

–?Por que lo pregunta?

Sonrei con todo el candor que mi falsedad fue capaz, de impostar.

–Por nada en concreto -dije encogiendome de hombros-. Es una coincidencia tan casual que los dos hayamos aparecido con la misma informacion exactamente el mismo dia que la situacion me resulta hasta graciosa.

–Pues lamento desencantarla, pero no, me temo que no se trata de un agente del SOE recien captado para esta guerra. La informacion nos ha llegado a traves uno de nuestros hombres del SIS, nuestro Servicio de Inteligencia digamos convencional. Y no nos cabe la menor duda acerca de su veracidad: se trata de un agente de absoluta solidez con bastantes anos de experiencia. Un pata negra, como dirian ustedes los espanoles.

Clic. Un escalofrio me recorrio la espalda. Todas las piezas se habian acoplado ya. Lo oido encajaba limpiamente en mis previsiones, pero palpar la certeza con toda su contundencia fue Como sentir un soplo de aire frio en el alma. Sin embargo, no era momento de perderme en sensaciones, sino de seguir progresando. De demostrar a Hillgarth que las agentes advenedizas tambien eramos capaces de dejarnos la piel en las misiones que nos encomendaban.

–Y su hombre del SIS, ?le ha informado de algo mas? – pregunte clavandole la mirada.

–No, lamentablemente, no ha podido aportarnos ningun detalle preciso, pero…

No le deje continuar.

–?No le ha hablado de como y donde tuvo lugar la negociacion, ni le ha dado los nombres y apellidos de todos los que alli estuvieron presentes? ?No le ha informado sobre los terminos acordados, las cantidades de wolframio que tienen previsto extraer, el precio de la tonelada, la forma de hacer los pagos y la manera de burlar los impuestos de exportacion? ?No le ha dicho que van a cortar el suministro de manera radical a los ingleses en menos de dos semanas? ?No le ha contado que Da Silva, ademas de traicionarles a ustedes, ha conseguido arrastrar consigo a los mayores propietarios de minas de la Beira para poder negociar en bloque unas condiciones mas ventajosas con los alemanes?

Bajo las cejas pobladas, la mirada del agregado naval se habia vuelto de acero. Su voz sono rota.

–?Como ha sabido todo eso, Sidi?

Le mantuve la mirada con orgullo. Me habian obligado a andar al borde de un precipicio durante mas de diez dias y yo habia conseguido alcanzar el final sin despenarme: era hora de hacerle saber que habia encontrado al llegar.

–Porque cuando una modista hace bien su trabajo, cumple hasta el final.

Durante toda la conversacion mantuve mi cuaderno de patrones discretamente colocado en las rodillas. Tenia la cubierta medio arrancada, algunas paginas dobladas y un buen monton de manchas y restos de suciedad que testimoniaban los movidos avatares por los que habia pasado desde que abandonara el armario de mi hotel en Estoril. Lo deje entonces encima de la mesa y puse las manos abiertas sobre el.

–Aqui estan todos los detalles: hasta la ultima silaba de lo que esa noche quedo pactado. ?Tampoco le ha hablado de un cuaderno su agente del SIS?

El hombre que acababa de reentrar en mi vida de una forma tan arrolladora era sin duda un cuajado espia al servicio de la Inteligencia Secreta de su majestad, pero, en aquel turbio asunto del wolframio, yo acababa de ganarle por la mano la partida.

67

Abandone el edificio del encuentro clandestino con algo distinto pegado a la piel. Algo que carecia de nombre, algo nuevo. Camine despacio por las calles mientras intentaba encontrar una etiqueta para aquella sensacion, sin preocuparme de comprobar si alguien me seguia e indiferente a la posibilidad de toparme con alguna presencia indeseada al torcer cualquier esquina. Ningun signo externo me hacia aparentemente distinta de la mujer que habia recorrido esas mismas aceras en sentido inverso unas horas atras, con identico traje y los pies metidos en los mismos zapatos. Nadie que me hubiera visto al ir y al volver habria sido capaz de percibir en mi cambio alguno, excepto que ya no llevaba un cuaderno conmigo. Pero yo si era consciente de lo que habia pasado. Y Hillgarth tambien. Los dos sabiamos que, en aquella tarde de fines de mayo, el orden de las cosas se habia alterado irremediablemente. Aunque fue parco en palabras, su actitud evidencio que los datos que yo acababa de ofrecerle componian un copioso arsenal de informacion valiosisima que deberia ser analizado de forma milimetrica por su gente en Londres sin perder un solo segundo. Aquellos detalles iban a hacer saltar alarmas, a quebrar alianzas y a reconducir el rumbo de cientos de operaciones. Y con ello, presenti, la actitud del agregado naval acababa tambien de cambiar radicalmente. En sus ojos habia visto fraguarse una imagen distinta de mi: su fichaje mas temerario, la costurera inexperta de potencial prometedor, pero incierto, se le habia transformado de la noche a la manana en alguien capaz de resolver cuestiones escabrosas con el arrojo y el rendimiento de un profesional. Tal vez careciera de metodo y me faltaran conocimientos tecnicos; ni siquiera era una de los suyos por mi mundo, mi patria y mi lengua. Pero habia respondido con mucha mas solvencia de lo esperado y eso me ponia en una nueva posicion en su escala.

Tampoco era exactamente alegria lo que notaba clavado en los huesos mientras los ultimos rayos de sol acompanaban mis pasos de vuelta a casa. Ni entusiasmo, ni emocion. Quiza la palabra que mejor encajara en el sentimiento que me invadia fuera orgullo. Por primera vez en mucho tiempo, tal vez por primera vez en toda mi vida, me sentia orgullosa de mi misma. Orgullosa de mis capacidades y de mi resistencia, de haber superado airosamente las expectativas que sobre mi existian. Orgullosa al saberme capaz de aportar un grano de arena para hacer de aquel mundo de locos un sitio mejor. Orgullosa de la mujer que habia llegado a ser.

Cierto era que Hillgarth me habia espoleado para ello y me habia puesto al borde de unos limites que me hicieron sentir vertigo. Como cierto era que Marcus me habia salvado la vida al sacarme de un tren en marcha, y que sin su ayuda oportuna tal vez no habria vivido para rememorarlo. Cierto era todo eso, si. Pero tambien lo era que yo misma habia contribuido con mi coraje y mi teson a que la mision asignada llegara a un

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