Era la primera vez que me dirigia la palabra. Aunque nos habiamos cruzado varias veces desde mi llegada, siempre lo habia visto en compania de su madre. En aquellos encuentros apenas habiamos musitado ninguno de los tres nada mas alla que algun cortes buenas tardes. Conocia tambien otra vertiente de sus voces bastante menos amable: la que oia desde mi casa casi todas las noches, cuando madre e hijo se enzarzaban hasta las tantas en discusiones acaloradas y tumultuosas. Decidi ser clara con el: no tenia ningun subterfugio preparado ni manera inmediata de buscarlo.
–Necesito a alguien que me haga unos dibujos.
–?Puede saberse de que?
Su tono no era insolente; solo curioso. Curioso, directo y levemente amanerado. Parecia mucho mas resuelto solo que en presencia de su madre.
–Tengo unas fotografias de hace unos anos y quiero que me dibujen unos figurines basados en ellas. Como ya sabra, soy modista. Son para un modelo que debo coser para una clienta; antes tengo que mostrarselo para que lo apruebe.
–?Trae las fotografias con usted?
Asenti con un breve gesto.
–?Me las quiere ensenar? Tal vez yo pueda ayudarla.
Mire alrededor. No habia demasiada gente, pero si la suficiente como para resultarme incomodo hacer exposicion publica de los recortes de la revista. No necesite decirselo; el mismo lo intuyo.
–?Salimos?
Una vez en la calle, extraje las viejas paginas del bolso. Se las tendi sin palabras y las miro con atencion.
–Schiaparelli, la musa de los surrealistas, que interesante. Me apasiona el surrealismo, ?a usted no?
No tenia la menor idea de lo que me estaba preguntando y, en cambio, me corria una prisa enorme el resolver mi problema, asi que redirigi el rumbo de la conversacion haciendo caso omiso a su pregunta.
–?Sabe quien puede hacermelos?
Me miro tras sus gafas de miope y sonrio sin despegar los labios.
–?Cree que puedo servirle yo?
Aquella misma noche me trajo los bocetos; no imaginaba que lo hiciera tan pronto. Ya estaba preparada para dar fin al dia, me habia puesto el camison y una bata larga de terciopelo que yo misma me habia cosido para matar el tiempo en los dias vacios que pase a la espera de clientas. Acababa de cenar con una bandeja en el salon y sobre ella quedaban los restos de mi frugal sustento: un racimo de uvas, un trozo de queso, un vaso de leche, unas galletas. Todo estaba en silencio y apagado, excepto una lampara de pie prendida en una esquina. Me sorprendio que llamaran a la puerta casi a las once de la noche, me acerque deprisa a la mirilla, curiosa y asustada a partes iguales. Cuando comprobe quien era, descorri el cerrojo y abri.
–Buenas noches, querida. Espero no importunarla.
–No se preocupe, aun estaba levantada.
–Le traigo unas cositas -anuncio dejandome entrever las cartulinas que llevaba en las manos sujetas a la espalda.
No me las tendio, sino que las mantuvo medio ocultas mientras esperaba mi reaccion. Dude unos segundos antes de invitarle a entrar a aquella hora tan intempestiva. El, entretanto, permanecio impasible en el umbral, con su trabajo fuera de mi vista y una sonrisa de apariencia inofensiva plasmada en la cara.
Entendi el mensaje. No tenia intencion de mostrarme ni un centimetro hasta que le dejara pasar.
–Adelante, por favor -accedi por fin.
–Gracias, gracias -susurro suavemente sin ocultar su satisfaccion por haber logrado su objetivo. Venia con camisa y pantalon de calle y un batin de fieltro encima. Y con sus gafitas. Y con sus gestos algo afectados.
Estudio la entrada con descaro y se adentro en el salon sin esperar a que le invitara.
–Me gusta muchisimo su casa. Es muy airosa, muy
–Gracias, aun estoy instalandome. ?Podria, por favor, ensenarme lo que me trae?
No necesito el vecino mas palabras para entender que, si le habia dejado entrar a aquellas horas, no era precisamente para oir sus comentarios sobre cuestiones decorativas.
–Aqui tiene su encarguito -dijo mostrandome por fin lo que hasta entonces habia mantenido oculto.
Tres cartulinas dibujadas en lapiz y pastel mostraban desde distintos angulos y poses a una modelo estilizada hasta lo irreal, luciendo el estrambotico modelo de la falda que no lo era. La satisfaccion debio de reflejarse en mi cara de forma instantanea.
–Asumo que los da por buenos -dijo con un punto de orgullo indisimulado.
–Los doy por buenisimos.
–?Se los queda, entonces?
–Por supuesto. Me ha sacado de un gran apuro. Digame que le debo, por favor.
