ser una preciosidad; el tiempo y el uso, sin embargo, la habian desprovisto en parte de su pasado esplendor. Sus medias de seda tampoco parecian precisamente recien salidas de la tienda en la que un dia fueron compradas, pero rezumaban glamour y exquisita calidad. Una a una probe las tres creaciones sobre su cuerpo fragil y huesudo. La transparencia de su piel era tal que bajo ella parecian percibirse, azuladas, todas las venas de su organismo. Con la boca llena de alfileres, fui rectificando milimetros y ajustando pellizcos de tela sobre el fragil contorno de su silueta. En todo momento parecio satisfecha, se dejo hacer, asintio a las sugerencias que le propuse y apenas pidio cambios. Terminamos la prueba, asegure que todo quedaria tres chic. La deje vestirse otra vez y espere en el salon. Tardo solo un par de minutos en regresar y por su actitud deduje que, a pesar de su intempestiva llegada, tampoco aquel dia parecia tener prisa por marcharse. Le ofreci entonces te.

–Me muero por una taza de Darjeeling con una gota de leite, pero imagino que tendra que ser te verde con hierbabuena, right?

No tenia la menor idea de a que tipo de brebaje se estaba refiriendo, pero lo disimule.

–Asi es, te moruno -dije sin la menor turbacion. La invite entonces a acomodarse y llame a Jamila.

–Aunque soy inglesa -explico-, he pasado la mayor parte de la meu vida en la India y, aunque es muy probable que nunca regrese alli, hay muchas cosas que aun echo de menos. Como el nosso te, por ejemplo.

–La entiendo. A mi tambien me cuesta hacerme a algunas cosas de esta tierra y a la vez echo en falta otras que deje detras.

–?Donde vivia antes? – quiso saber.

–En Madrid.

–?Y antes?

A punto estuve de reir ante su pregunta: de olvidarme de las impostaciones inventadas para mi supuesto pasado y reconocer abiertamente que jamas habia puesto los pies fuera de la ciudad que me vio nacer hasta que un sinverguenza decidio arrastrarme con el para despues dejarme tirada como una colilla. Pero me contuve y recurri una vez mas a mi falsa vaguedad.

–Bueno, en distintos sitios, aqui y alli, ya sabe, aunque Madrid es probablemente el lugar donde mas tiempo he residido. ?Y usted?

–Let's see, vamos a repasar -dijo con gesto divertido-. Naci en Inglaterra, pero en seguida me llevaron a Calcuta. A los diez anos mis padres me enviaron a estudiar de vuelta a Inglaterra, err… a los dieciseis regrese a la India y a los veinte volvi de novo a Occidente. Una vez aqui, pase una temporada again en London y despues otro longo periodo en Suiza. Err… Later, otro ano en Portugal, por eso, a veces, confundo las dos lenguas, el portugues y el espanol. Y ahora, finalmente, me he instalado en Africa: primeramente en Tanger y, desde hace un corto tempo, aqui, en Tetuan.

–Parece una vida interesante -dije incapaz de retener el orden de aquel barullo de destinos exoticos y palabras mal dichas.

–Well, segun se mire -replico encogiendose de hombros mientras sorbia con cuidado para no quemarse con el vaso de te que Jamila acababa de servirnos-. No me habria importado en absoluto haber permanecido en la India, pero hubo ciertas cosas que ocurrieron anesperadamente y hube de trasladarme. A veces la suerte se encarga de tomar las decisiones por nosotros, right? After all, err… that's life. Asi es la vida, ?no?

A pesar de la extrana pronunciacion de sus palabras y de las evidentes distancias que separaban nuestros mundos, capte a la perfeccion a que se estaba refiriendo. Terminamos el te hablando sobre cosas intrascendentes: los pequenos retoques que habria que hacer en las mangas del vestido de dupion de seda estampado, la fecha de la siguiente prueba. Miro la hora y al punto recordo algo.

–Tengo que irme -dijo levantandose-. Habia olvidado que debo hacer some shopping, unas compras antes de regresar a arreglarme. Me han invitado a un coctel en casa del consul belga.

Hablaba sin mirarme mientras ajustaba los guantes a los dedos, el sombrero a la cabeza. Yo la observaba entretanto con curiosidad, preguntandome con quien iria aquella mujer a todas esas fiestas, con quien compartiria su libertad para salir y entrar, su despreocupacion de nina acomodada y aquel constante deambular por el mundo saltando de un continente a otro para hablar lenguas alborotadas y tomar te con aromas de mil pueblos. Comparando su vida aparentemente ociosa con mi trabajoso dia a dia, senti de pronto en el espinazo la caricia de algo parecido a la envidia.

–?Sabe donde puedo comprar un traje de bano? – pregunto entonces subitamente.

–?Para usted?

–No. Para el meu filho.

–?Perdon?

–My son. No, that's English, sorry. ?Mi hijo?

–?Su hijo? – pregunte incredula.

–Mi hijo, that's the word. Se llama Johnny, tiene cinco anos and he's so sweet… Todo un amor.

–Yo tambien llevo poco tiempo en Tetuan, no creo que pueda ayudarla -dije intentando no mostrar mi desconcierto. En la vida idilica que apenas unos segundos atras acababa de imaginar para aquella mujer liviana y aninada, tenian cabida los amigos y los admiradores, las copas de champan, los viajes transcontinentales, las combinaciones de seda, las fiestas hasta el amanecer, los trajes de noche de haute couture y, con mucho esfuerzo, tal vez un marido joven, frivolo y atractivo como ella. Pero nunca habria podido adivinar que tuviera un hijo porque jamas la imagine como una madre de familia. Y sin embargo, al parecer lo era.

–En fin, no se preocupe, ya encontrare algun sitio -dijo a modo de despedida.

–Buena suerte. Y recuerde, la espero en cinco dias.

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