vida Felix y dona Encarna con la apariencia mas armoniosa. Juntos paseaban todas las tardes entre las seis y las siete; juntos asistian a misas y novenas, se surtian de remedios en la farmacia Benatar, saludaban a los conocidos con cortesia y merendaban hojaldres en La Campana. El siempre pendiente de ella, protegiendola carinoso, caminando a su paso: con cuidado, mama, no vayas a tropezar, por aqui, mama, con cuidado, con cuidado. Ella, orgullosa de su criatura, publicitando sus dotes a siniestro y diestro: mi Felix dice, mi Felix hace, mi Felix piensa, ay, mi Felix, que haria yo sin el.
El polluelo solicito y la gallina clueca se transformaban, sin embargo, en un par de pequenos monstruos en cuanto se adentraban en un territorio mas intimo. Apenas traspasado el umbral de su vivienda, la anciana se enfundaba el uniforme de tirana y sacaba su latigo invisible para humillar al hijo hasta el extremo. Rascame la pierna, Felix, que me pica la pantorrilla; ahi no, mas arriba, mira que eres inutil, criatura, pero como habre podido yo parir un engendro como tu; pon bien el mantel, que lo veo torcido; asi no, que esta peor todavia; vuelve a ponerlo como estaba, que todo lo que tocas lo desgracias, pedazo de tarado, por que no te dejaria yo en la inclusa cuando naciste; mirame la boca a ver si me ha avanzado la piorrea, saca el agua del Carmen que me alivie las flatulencias, dame friegas en la espalda con alcohol alcanforado, limame este callo, cortame las unas de los pies, con cuidado, bola de sebo, que te llevas el dedo por delante; acercame el panuelo que eche unas flemas, traeme un parche Sor Virginia para el lumbago; lavame la cabeza y ponme los bigudies, con mas tino, imbecil, que me vas a dejar calva.
Asi crecio Felix, con una doble vida de flancos tan dispares como pateticos. Tan pronto murio el padre, el nino adorado dejo de serlo de la noche a la manana: en pleno crecimiento y sin que nadie ajeno lo sospechara, paso de centro de mimos y carinos publicos a tornarse en el objeto de las furias y frustraciones de la madre en privado. Como con un tajo de guadana, todas sus ilusiones fueron cortadas al ras: marcharse de Tetuan para estudiar Bellas Artes en Sevilla o Madrid, identificar su sexualidad confusa y conocer a gente como el, seres de espiritu poco convencional con anhelos de volar por libre. A cambio, se vio conminado a vivir permanentemente bajo el ala negra de dona Encarna. Termino el bachiller con los marianistas del Colegio del Pilar con calificaciones brillantes que de nada le sirvieron porque ya habia aprovechado la madre su condicion de sufrida viuda para conseguirle un puesto administrativo de color gris rata. Estampillar impresos en el Negociado de Abastos de la Junta de Servicios Municipales: el mejor de los trabajos para tronchar la creatividad del mas ingenioso y mantenerle atado como un perro, ahora te ofrezco una tajada de carne suculenta, ahora te doy una patada capaz de reventarte la barriga.
Soportaba el los envites con paciencia franciscana. Y asi, a lo largo de los anos, mantuvieron el desequilibrio sin alteraciones, ella tiranizando y el manso, aguantando, resistiendo. Resultaba dificil saber quebuscaba la madre de Felix en Felix, por que le trataba asi, que queria de su hijo mas alla de lo que el habria estado dispuesto a darle siempre. ?Amor, respeto, compasion? No. Eso ya lo tenia sin el menor de los esfuerzos, el no era cicatero en sus afectos, que va, el bueno de Felix. Dona Encarna queria algo mas. Devocion, disposicion incondicional, atencion a sus mas absurdos caprichos. Sumision, sometimiento. Justo todo lo que su marido le exigio a ella en vida. Por eso, supuse, se libro de el. Felix nunca me lo conto abiertamente pero, como garbancito, fue dejandome pistas por el camino. Yo solo me limite a seguirlas y aquella fue mi conclusion. Al difunto don Nicasio probablemente lo mato su mujer como tal vez Felix acabara liquidando a su madre cualquier noche turbia.
Seria dificil calcular hasta cuando habria podido el soportar aquel dia a dia tan miserable si ante sus ojos no se hubiera cruzado la solucion de la forma mas inesperada. Un particular agradecido por una gestion solvente en la oficina, un salchichon y un par de botellas de anis como regalo; vamos a probarlo, mama, venga, una copita, mojate los labios nada mas. Pero no solo fueron los labios de dona Encarna los que apreciaron el sabor dulzon del licor, sino tambien la lengua, y el paladar, y la garganta, y el tracto intestinal, y de alli subieron los efluvios a la cabeza, y aquella misma noche aguardentosa Felix se encontro de bruces con la salida. Desde entonces, la botella de anis fue gran aliada: su tabla de salvacion y la via de escape por la que acceder a la tercera dimension de su vida. Ya nunca mas fue solo un hijo modelico ante la galeria y un trapo asqueroso en casa; a partir de aquel dia tambien se convirtio en un noctambulo desinhibido, en un profugo a la busqueda del oxigeno que en su hogar le faltaba.
–?Otro poquito del Mono, mama? – preguntaba indefectible tras la cena.
–Bueno, anda, ponme una gotita. Para aclararme la garganta mayormente, que parece que he cogido frio esta tarde en la iglesia.
Los cuatro dedos de liquido viscoso caian por el gaznate de dona Encarna a velocidad de vertigo.
–Si es que te lo tengo dicho, mama, que no te abrigas bien -proseguia Felix carinoso mientras le llenaba de nuevo la copa hasta el mismo borde-. Hala, bebe rapido, veras lo deprisa que entras en calor. – Diez minutos y tres lingotazos de matalahuva mas tarde, dona Encarna roncaba semiinconsciente y su hijo huia cual gorrion suelto camino de tugurios de mala muerte, a juntarse con gente a la que a la luz del dia y en presencia de su madre ni siquiera se habria atrevido a saludar.
Tras mi llegada a Sidi Mandri y la noche de la tormenta, mi casa se convirtio tambien en un refugio permanente para el. Alli acudia a hojear revistas, a aportarme ideas, dibujar bocetos y contarme con gracia cosas del mundo, de mis clientas y de todos aquellos con los que a diario yo me cruzaba y no conocia. Asi, noche a noche, fui informandome sobre Tetuan y su gente: de donde y para que habian venido todas aquellas familias a esa tierra ajena, quienes eran aquellas senoras a las que yo cosia, quien tenia poder, quien tenia dinero, quien hacia que, para que, cuando y como.
Pero la devocion de dona Encarna por la botella no siempre lograba efectos sedantes y entonces, lamentablemente, las cosas se trastocaban. La formula yo te harto de aguardiente y tu me dejas en paz a veces no funcionaba segun lo esperado. Y cuando el anisete no conseguia tumbarla, con la melopea llegaba el infierno. Aquellas noches eran las peores porque la madre no alcanzaba entonces el estado de una mansa momia, sino que se transformaba en un Jupiter tronante capaz de asolar con sus berridos la dignidad del mas firme. Mal hijo, mamarracho, desgraciado, maricon era lo mas suave que soltaba por la boca. El, que sabia que la resaca mananera borraria en ella cualquier trazo de memoria, con el tino certero de un lanzador de cuchillos la correspondia con otros tantos insultos igualmente indecorosos. Bruja asquerosa, mala zorra, cacho puta. Que escandalo, Senor, si los hubieran oido las amistades con las que compartian confiteria, boticario y banco de iglesia. Al dia siguiente, sin embargo, el olvido parecia haberles caido encima con todo su peso y la cordialidad reinaba de nuevo en el paseo vespertino como si nunca hubiera existido entre ellos la menor tension. ?Quieres merendar hoy un suizo, mama, o te apetece mas una aguja de carne? Lo que prefieras, Felix, carino, que tu eliges siempre bien por mi; anda, venga, vamos a darnos prisa, que tenemos que ir a dar el pesame a Maria Angustias, que me han dicho que ha caido su sobrino en la batalla del Jarama; ay, que lastima, angel mio, menos mal que ser hijo de viuda te ha librado de que te llamen a filas; que habria hecho yo, Virgen Santisima, sola y con mi nino en el frente.
Felix era lo suficientemente listo como para saber que alguna anormalidad enfermiza sobrevolaba aquella relacion, pero no lo bastante valiente como para cortar con ella por lo sano. Tal vez por eso se evadia de su lamentable realidad alcoholizando a su madre poco a poco, escapandose como un vampiro en la madrugada o riendose de sus propias miserias mientras buscaba la culpa en mil causas ridiculas y sopesaba los remedios mas peregrinos. Uno de sus divertimentos consistia en descubrir rarezas y soluciones entre los anuncios de los periodicos, tumbado en el sofa de mi salon mientras yo remataba un puno o pespunteaba el penultimo ojal del dia.
