–?Cuando tendria intencion de ir a Tanger?

–Lo antes posible, si usted me autoriza.

Se recosto en su sillon y me miro fijamente. Con los dedos de la mano izquierda inicio un tamborileo ritmico sobre la mesa. Si yo hubiera tenido capacidad para ver mas alla de la carne y los huesos, habria percibido como su cerebro se ponia en marcha e iniciaba una intensa actividad: como sopesaba mi propuesta, descartaba opciones, resolvia y decidia. Al cabo de un tiempo que debio de ser breve pero a mi se me hizo infinito, freno en seco el movimiento de los dedos y dio una palmada energica sobre la superficie de madera. Supe entonces que ya tenia una decision tomada pero, antes de ofrecermela, se dirigio a la puerta y a traves de ella saco la cabeza y la voz.

–Canete, prepare un pase de frontera para el puesto del Borch a nombre de la senorita Sira Quiroga. Inmediatamente.

Respire hondo cuando supe que Canete por fin tenia un quehacer, pero no dije nada hasta que el comisario volvio a su sitio y me informo directamente.

–Le voy a dar su pasaporte, un salvoconducto y doce horas para que vaya y vuelva a Tanger manana. Hable con el gerente del Continental a ver que consigue. No creo que mucho, para serle sincero. Pero por probar, que no quede. Mantengame informado. Y recuerde: no quiero jugarretas.

Abrio un cajon, rebusco y volvio a sacar la mano con mi pasaporte en ella. Canete entro, dejo un papel sobre la mesa y me miro con ganas de aliviar conmigo su flacura. El comisario firmo el documento y, sin levantar la cabeza, espeto un «largo, Canete» ante la presencia remolona del subordinado. Seguidamente, doblo el papel, lo introdujo entre las paginas de mi documentacion y me lo tendio todo sin palabras. Se levanto entonces y sostuvo la puerta por el pomo invitandome a salir. Los cuatro pares de ojos que encontre a la llegada se habian convertido en siete cuando abandone el despacho. Siete machos de brazos caidos esperando mi salida como al santo advenimiento; como si fuera la primera vez en su vida que veian a una mujer presentable entre las paredes de aquella comisaria.

–?Que pasa hoy, que estamos de vacaciones? – pregunto don Claudio al aire.

Todos se pusieron automaticamente en movimiento simulando un frenetico trajin: sacando papeles de las carpetas, hablando unos con otros sobre asuntos de supuesta importancia y haciendo sonar teclas que con toda probabilidad no escribian nada mas que la misma letra repetida una docena de veces.

Me marche y comence a caminar por la acera. Al pasar junto a la ventana abierta, vi al comisario entrar de nuevo en la oficina.

–Joder, jefe, vaya torda -dijo una voz que no identifique.

–Cierra la boca, Palomares, o te mando a hacer guardia al Pico de las Monas.

22

Me habian dicho que antes del inicio de la guerra habia varios servicios de transporte diario que cubrian los setenta kilometros que separaban Tetuan de Tanger. En aquellos dias, sin embargo, el transito era reducido y los horarios cambiantes, por lo que nadie supo especificarmelos con seguridad. Nerviosa, me dirigi por eso a la manana siguiente al garaje de La Valenciana dispuesta a soportar lo que hiciera falta para que uno de sus grandes coches rojos me trasladara a mi destino. Si el dia anterior habia podido aguantar hora y media en comisaria rodeada de aquellos pedazos de carne con ojos, imagine que tambien seria llevadera la espera entre conductores desocupados y mecanicos llenos de grasa. Volvi a ponerme mi mejor traje de chaqueta, un panuelo de seda protegiendome la cabeza y unas grandes gafas de sol tras las que esconder mi ansiedad. Aun no eran las nueve cuando tan solo me restaban unos metros para alcanzar el garaje de la empresa de autobuses en las afueras de la ciudad. Caminaba presta, concentrada en mis pensamientos: previendo el escenario del encuentro con el gerente del Continental y rumiando los argumentos que habia pensado ofrecerle. A mi preocupacion por el pago de la deuda se unia, ademas, otra sensacion igualmente desagradable. Por primera vez desde mi marcha, iba a volver a Tanger, una ciudad con todas las esquinas plagadas de recuerdos de Ramiro. Sabia que aquello seria doloroso y que la memoria del tiempo que junto a el vivi tomaria de nuevo forma real. Presentia que iba a ser un dia dificil.

Me cruce en el camino con pocas personas y menos automoviles, aun era temprano. Por eso me sorprendio tanto que uno de ellos frenara justo a mi lado. Un Dodge negro y flamante de tamano mediano. El vehiculo me era del todo desconocido, pero la voz que de el surgio, no.

–Morning, dear. Que sorpresa verte por aqui. ?Puedo llevarte a algun sitio?

–Creo que no, gracias. Ya he llegado -dije senalando el cuartel general de La Valenciana.

Mientras hablaba, comprobe de reojo que mi clienta inglesa llevaba puesto uno de los trajes salidos de mi taller unas semanas atras. Al igual que yo, se cubria el pelo con un panuelo claro.

–?Piensas coger un autobus? – pregunto con una ligera nota de incredulidad en la voz.

–Asi es, voy a Tanger. Pero muchas gracias de todas maneras por ofrecerse a llevarme.

Como si acabara de escuchar un divertido chiste, de la boca de Rosalinda Fox emano una carcajada cantarina.

–No way, sweetie. Ni hablar de autobuses, carino. Yo tambien voy a Tanger, sube. Y no me hables mas de usted, please. Ahora ya somos amigas, aren't we?

Sopese con rapidez el ofrecimiento y supuse que en nada contravenia las ordenes de don Claudio, asi que acepte. Gracias a aquella inesperada invitacion lograria evitar el incomodo viaje en un autobus de triste recuerdo y ademas, asi, recorriendo el trayecto en compania, me resultaria mas facil olvidar mi propio desasosiego.

Condujo a lo largo del paseo de las Palmeras, dejando atras el garaje de los autobuses y bordeando residencias grandes y hermosas, escondidas casi en la frondosidad de sus jardines. Senalo una de ellas con un gesto.

–Esa es mi casa, aunque creo que por poco tiempo. Probablemente me mude pronto otra vez.

–?Fuera de Tetuan?

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