–Sira, dear! – dijo llamando mi atencion en cuanto percibio mi presencia-. ?Un pink gin? – pregunto alzando su coctel.
Lo mismo me daba tomar ginebra con angostura que tres tragos de aguarras, asi que acepte forzando una falsa sonrisa.
–?Conoces a Dean? Es un viejo amigo. Dean, te presento a Sira Quiroga, my dressmaker, mi modista.
Mire al barman y reconoci su cuerpo enjuto y el rostro cetrino en el que encajaba un par de ojos de mirada oscura y enigmatica. Recorde como hablaba con unos y con otros en los tiempos en que Ramiro y yo frecuentabamos su bar, como todo el mundo parecia recurrir a el cuando necesitaba un contacto, una referencia o una porcion de informacion escurridiza. Note sus ojos repasandome, ubicandome en el pasado a la vez que sopesaba mis cambios y me asociaba con la presencia evaporada de Ramiro. Hablo el antes que yo.
–Creo que usted ya ha estado por aqui antes, hace un tiempo, ?no?
–Tiempo atras, si -dije simplemente.
–Si, creo que ya lo recuerdo. Cuantas cosas han pasado desde entonces, ?verdad? Ahora hay muchos mas espanoles por aqui; cuando usted nos visitaba no eran tantos.
Si, habian pasado muchas cosas. A Tanger habian llegado miles de espanoles huyendo de la guerra, y Ramiro y yo nos habiamos marchado cada uno por su lado. Habia cambiado mi vida, habia cambiado mi pais, mi cuerpo y mis afectos; todo habia cambiado tanto que preferia no pararme a pensarlo, asi que fingi concentrarme en buscar algo en el fondo del bolso y no conteste. Continuaron ellos su charla y sus confidencias alternando entre el ingles y el espanol, intentando a veces incluirme en aquellos chismorreos que en absoluto me interesaban; bastante tenia con tratar de poner orden en mis propios asuntos. Salian unos clientes, entraban otros: hombres y mujeres de aspecto elegante, sin prisa ni aparentes obligaciones. Rosalinda saludo a muchos de ellos con un gesto gracioso o un par de palabras simpaticas, como evitando el tener que dilatar cualquier encuentro mas alla de lo imprescindible. Lo consiguio durante un tiempo: exactamente el transcurrido hasta que llegaron dos conocidas que nada mas verla decidieron que el simple hola, carino, me alegro de verte no les era suficiente. Se trataba de un par de especimenes de apariencia suprema, rubias, esbeltas y airosas, extranjeras imprecisas como aquellas cuyos gestos y posturas tantas veces emule hasta hacer mios frente al espejo resquebrajado del cuarto de Candelaria. Saludaron a Rosalinda con besos volatiles, frunciendo los labios y sin apenas rozarse las mejillas empolvadas. Se instalaron entre nosotras con desparpajo y sin que nadie las invitara. Les preparo el barman sus aperitivos, sacaron pitilleras, boquillas de marfil y encendedores de plata. Mencionaron nombres y cargos, fiestas, encuentros y desencuentros de unos con otros y con otros mas: recuerdas aquella noche en Villa Harris, no te puedes ni imaginar lo que le ha pasado a Lucille Dawson con su ultimo novio, ah, por cierto, ?sabes que Bertie Stewart se ha arruinado? Y asi sucesivamente hasta que por fin una de ellas, la menos joven, la mas enjoyada, planteo sin rodeos a Rosalinda lo que ambas debian de tener en sus mentes desde el momento en que la vieron.
–Bueno, querida, y ?como te van a ti las cosas en Tetuan? La verdad es que fue una sorpresa tremenda para todos conocer tu marcha inesperada. Todo fue tan, tan precipitado…
Una pequena carcajada cuajada de cinismo precedio la respuesta de Rosalinda.
–Oh, mi vida en Tetuan es maravillosa. Tengo una casa de ensueno y unos amigos fantasticos, como my dear Sira, que tiene el mejor atelier de
Me miraron con curiosidad y yo les replique con un golpe de melena y una sonrisa mas falsa que Judas.
–Bueno, tal vez podamos acercarnos algun dia y visitarla. Nos encanta la moda y lo cierto es que ya estamos un poquito aburridas de las modistas de Tanger, ?verdad, Mildred?
La mas joven asintio efusiva y recogio el testigo de la conversacion.
–Nos encantaria ir a verte a Tetuan, Rosalinda querida, pero todo ese asunto de la frontera esta tan pesado desde el principio de la guerra espanola…
–Aunque, quiza tu, con tus contactos, pudieras conseguirnos unos salvoconductos; asi podriamos visitaros a ambas. Y tal vez tendriamos tambien oportunidad de conocer a alguien mas entre tus nuevos amigos…
Las rubias se sucedian ritmicas en el avance hacia su objetivo; el barman Dean seguia impasible tras la barra, dispuesto a no perderse un segundo de aquella escena. Rosalinda, entretanto, mantenia en su rostro una sonrisa congelada. Continuaron hablando, quitandose una a otra la palabra.
–Eso seria genial: tout le monde en Tanger, querida, se muere por conocer a tus nuevas amistades.
–Bueno, por que no decirlo con confianza, para
–Tal vez alguna noche puedas invitarnos a una de las recepciones que el ofrece, asi podras presentarle a tus viejos amigos de Tanger. Nos encantaria asistir, ?verdad, Olivia?
–Seria formidable. Estamos tan aburridas de ver siempre las mismas caras que alternar con los representantes del nuevo regimen espanol seria para nosotras algo fascinante.
–Si, seria tan, tan fantastico… Ademas, la empresa que representa mi marido tiene unos nuevos productos que pueden resultar muy interesantes para el ejercito nacional; tal vez con un empujoncito tuyo consiguiera introducirlos en el Marruecos espanol.
–Y mi pobre Arnold esta ya un poco cansado de su puesto actual en el Bank of British West Africa; tal vez en Tetuan, entre tu circulo, pudiera encontrar algo mas a su medida…
La sonrisa de Rosalinda se fue poco a poco desvaneciendo y ni siquiera se molesto en intentar ponersela de nuevo. Simplemente, cuando estimo que ya habia oido suficientes tonterias, decidio ignorar a las dos rubias y se dirigio a mi y al barman alternativamente.
–Sira, darling, ?nos vamos a comer al Roma Park? Dean, please, be a love y apunta nuestros aperitivos en mi cuenta.
