Movio el la cabeza negativamente.
–Invita la casa.
–?A nosotras tambien? – pregunto subita Olivia. O tal vez era Mildred.
Antes de que el barman pudiera responder, Rosalinda lo hizo por el.
–A vosotras no.
–?Por que? – pregunto Mildred con gesto de asombro. O tal vez era Olivia.
–Porque sois unas bitches. ?Como se dice en espanol, Sira, darling?
–Un par de zorras -dije sin un atisbo de duda..
–That's it. Un par de zorras.
Abandonamos el bar del El Minzah conscientes de las multiples miradas que nos seguian: aun para una sociedad cosmopolita y tolerante como la de Tanger, los amorios publicos de una joven inglesa casada y un militar rebelde, maduro y poderoso eran un suculento bocado para poner un toque de alino a la hora del aperitivo.
24
–Antes de su muerte en aquel tragico accidente, Sanjurjo me habia insistido en que, una vez instalada en Tanger, fuera a ver a su amigo Juan Luis Beigbeder a Tetuan; no paraba de referirse a nuestro encuentro en el Adlon de Berlin y a lo mucho que se alegraria el de verme again. Yo tambien, to tell you the truth, tenia interes en volver a encontrarme con el: me habia parecido un hombre fascinante, tan interesante, tan educado, tan, tan, tan caballero espanol. Asi que, cuando ya llevaba unos meses asentada, decidi que habia llegado el momento de acercarme a la capital del Protectorado a saludarle. Para entonces, las cosas habian cambiado, obviously: el ya no estaba en su cometido administrativo de Asuntos Indigenas, sino que ocupaba el puesto mas alto de la Alta Comisaria. Y hasta alli me encamine en mi Austin 7. My God! Como olvidar aquel dia. Llegue a Tetuan y lo primero que hice fue ir a ver al consul ingles, Monk-Mason, le conoces, ?verdad? Yo le llamo
Aproveche que me estaba llevando en aquel momento la copa de vino a la boca para hacer un gesto impreciso. No conocia al tal Monk-Mason, tan solo habia oido alguna vez hablar de el a mis clientas, pero me negue a reconocerlo ante Rosalinda.
–Cuando le dije que tenia intencion de visitar a Beigbeder, el consul quedo tremendamente impactado. Como sabras, a diferencia de los alemanes y los italianos, His majesty's government, nuestro gobierno, no tiene practicamente contacto alguno con las autoridades espanolas del bando nacional porque solo sigue reconociendo como legitimo al regimen republicano, asi que Monk-Mason penso que mi visita a Juan
Luis podria resultar muy conveniente para los intereses britanicos. So, antes del mediodia me dirigi a la Alta Comisaria en mi propio automovil y acompanada tan solo
Las mesas a nuestro alrededor se fueron poco a poco terminando de llenar. Rosalinda saludaba de vez en cuando a unos y otros con un simple gesto o una breve sonrisa, sin mostrar interes en interrumpir su narracion sobre aquellos primeros encuentros con Beigbeder. Tambien yo identifique algunos rostros familiares, gente que habia conocido de la mano de Ramiro y a la que preferi ignorar. Por eso seguiamos cada una concentrada en la otra: ella hablando, yo escuchando, las dos comiendo nuestro pescado, bebiendo vino frio y haciendo caso omiso al ruido del mundo.
–Llegue al dia siguiente a la Alta Comisaria esperando encontrar algun tipo de comida ceremoniosa acorde con el entorno: una gran mesa, formalidades, camareros alrededor… Pero Juan Luis habia dispuesto que nos prepararan una simple mesa para dos junto a una ventana abierta al jardin. Fue un lunch inolvidable, en el que el hablo, hablo y hablo sin parar sobre Marruecos, sobre su Marruecos feliz, como el lo llama. Sobre su magia, sus secretos, su fascinante cultura. Tras el almuerzo decidio ensenarme los alrededores de Tetuan, so beautiful. Salimos en su coche oficial, imagina, seguidos por un sequito de motoristas y ayudantes, so embarrassing! Anyway, acabamos en la playa, sentados en la orilla mientras el resto esperaba en la carretera, can you believe it?
Rio ella y sonrei yo. La situacion descrita era realmente peculiar: la mas alta personalidad del Protectorado y una extranjera recien llegada que podria ser su hija, flirteando abiertamente al borde del mar mientras la comitiva motorizada los observaba sin pudor desde la distancia.
–Y entonces el cogio dos piedras, una blanca y otra negra. Se llevo las manos a la espalda y volvio a
