denominar al alto comisario a quien ella nombraba siempre con sus dos nombres de pila.

–No; prefiero mantener a Juan Luis al margen: el tiene otros mil asuntos de los que preocuparse. Esto es cosa mia, asi que sus contactos quedan out, fuera. Pero tenemos otras opciones.

–?Cuales?

–A traves de nuestro consul en Tetuan, intente averiguar si estan haciendo gestiones de este tipo en nuestra embajada, pero no hubo suerte: me dijo que nuestra legacion en Madrid siempre se nego a dar asilo a refugiados y, ademas, desde la marcha del gobierno republicano a Valencia, alli se han instalado tambien las oficinas diplomaticas y en la capital tan solo queda el edificio vacio y algun miembro subalterno para mantenerlo.

–?Entonces?

–Probe con la iglesia anglicana de Saint Andrews en Tanger, pero tampoco pudieron servirme de ayuda. Despues se me ocurrio que tal vez alguien en alguna entidad privada pudiera al menos saber algo, asi que me he informado por un sitio y por otro, y he conseguido a tiny bit of information. No es gran cosa, pero vamos a ver si hay suerte y pueden ofrecernos algo mas. El director del Bank of London and South America en Tanger, Leo Martin, me ha dicho que en su ultimo viaje a Londres oyo hablar en las oficinas centrales del banco de que alguien que trabajaba en la sucursal de Madrid tiene algun tipo de contacto con alguien que esta ayudando a gente a salir de la ciudad. No se nada mas, toda la informacion que pudo darme es muy vaga, muy imprecisa, tan solo un comentario que alguien realizo y el oyo. Pero ha prometido hacer averiguaciones.

–?Cuando?

–Right now. Inmediatamente. Asi que ahora mismo te vas a vestir y nos vamos a ir a Tanger a verle. Estuve alli hace un par de dias, me dijo que volviera hoy. Imagino que habra tenido tiempo para averiguar algo mas.

Intente darle las gracias por sus esfuerzos entre toses y estornudos, pero ella resto importancia al asunto y me urgio para que me arreglara. El viaje fue un suspiro. Carretera, secarrales, pinadas, cabras. Mujeres de faldon rayado con sus babuchas camineras, cargadas bajo los grandes sombreros de paja. Ovejas, chumberas, mas secarrales, ninos descalzos que sonreian a nuestro paso y levantaban la mano diciendo adios, amiga, adios. Polvo, mas polvo, campo amarillo a un lado, campo amarillo al otro, control de pasaportes, mas carretera, mas chumberas, mas palmitos y canaverales y en apenas una hora habiamos llegado.

Volvimos a aparcar en la plaza de Francia, volvieron a recibirnos las amplias avenidas y los edificios magnificos de la zona moderna de la ciudad. En uno de ellos nos esperaba el Bank of London and South America, curiosa aleacion de intereses financieros, casi tanto como la extrana pareja que formabamos Rosalinda Fox y yo.

–Sira, te presento a Leo Martin. Leo, esta es mi amiga Miss Quiroga.

Leo Martin bien podria haberse llamado Leoncio Martinez de haber nacido un par de kilometros mas alla de donde lo hizo. De estampa bajita y morena, sin afeitado ni corbata habria podido pasar por un afanoso labriego espanol. Pero su rostro resplandecia limpio de cualquier sombra de barba y sobre la barriga reposaba una sobria corbata rayada. Y no era espanol ni campesino, sino un autentico subdito de la Gran Bretana: un gibraltareno capaz de expresarse en ingles y andaluz con identica desenvoltura. Nos saludo con su mano velluda, nos ofrecio asiento. Dio orden de no ser interrumpido a la vieja urraca que tenia por secretaria y, como si fueramos las clientas mas rumbosas de la entidad, se dispuso a exponernos con todo su empeno lo que habia logrado averiguar. Yo no habia abierto una cuenta bancaria en mi vida y probablemente Rosalinda tampoco tuviera ni una libra ahorrada de la pension que su marido le enviaba cuando el viento soplaba de su lado, pero los rumores sobre los devaneos amorosos de mi amiga debian de haber llegado ya a los oidos de aquel hombre pequeno de curiosas habilidades linguisticas. Y, en aquellos tiempos revueltos, el director de un banco internacional no podia dejar pasar por delante la oportunidad de hacer un favor a la amante de quien mas mandaba entre los vecinos.

–Bien, senoras, creo que tengo noticias. He conseguido hablar con Eric Gordon, un viejo conocido que trabajaba en nuestra sucursal en Madrid hasta poco despues del alzamiento; ahora esta ya reubicado en Londres. Me ha dicho que conoce personalmente a una persona que vive en Madrid y esta implicada en este tipo de actividades, un ciudadano britanico que trabajaba para una empresa espanola. La mala noticia es que no sabe como contactar con el, le ha perdido la pista en los ultimos meses. La buena es que me ha facilitado los datos de alguien que si esta al tanto de sus andanzas porque ha residido en la capital hasta hace poco. Se trata de un periodista que ha regresado a Inglaterra porque tuvo algun problema, creo que resulto herido: no me ha dado detalles. Bien, en el tenemos una posible via de solucion: esta persona podria estar dispuesta a facilitarles el contacto con el hombre que se dedica a evacuar refugiados. Pero antes quiere algo.

–?Que? – preguntamos Rosalinda y yo al unisono.

–Hablar personalmente con usted, Mrs Fox -dijo dirigiendose a la inglesa-. Cuanto antes mejor. Espero que no lo considere una indiscrecion pero, en fin, dadas las circunstancias, he creido conveniente ponerle en antecedentes sobre quien es la persona interesada en obtener de el esa informacion.

Rosalinda no replico; solo le miro atentamente con las cejas arqueadas, esperando que continuara hablando. Carraspeo incomodo, con toda probabilidad habia anticipado una respuesta mas entusiasta ante su gestion.

–Ya saben como son estos periodistas, ?no? Como aves carroneras, siempre esperando conseguir algo.

Rosalinda se tomo unos segundos antes de responder.

–No son los unicos, Leo, querido, no son los unicos -dijo con un tono remotamente agrio-. En fin, pongame con el, vamos a ver que quiere.

Cambie de postura en el sillon intentando disimular mi nerviosismo y volvi a sonarme la nariz. Entretanto, el director britanico con cuerpo de botijo y acento de banderillero dio orden a la telefonista para que le pusiera la conferencia. Esperamos un rato largo, nos trajeron cafe, retorno el buen humor a Rosalinda y el alivio a Martin. Hasta que por fin llego el momento de la conversacion con el periodista. Duro apenas tres minutos y de ella no entendi una palabra porque hablaron en ingles. Si adverti, en cambio, el tono serio y cortante de mi clienta.

–Listo -dijo ella tan solo a su termino. Nos despedimos del director, le agradecimos su interes y volvimos a pasar por el intenso escrutinio de la secretaria con cara de grulla.

–?Que queria? – pregunte ansiosa nada mas salir de la oficina.

–A bit of blackmail. No se como se dice en espanol. Cuando alguien dice que hara algo por ti solo si

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