tu haces algo a cambio.
–Chantaje -aclare.
–Chantaje -repitio con pesima pronunciacion. Demasiados sonidos contundentes en una misma palabra.
–?Que tipo de chantaje?
–Una entrevista personal con Juan Luis y unas semanas de acceso preferente a la vida oficial de Tetuan. A cambio, se compromete a ponernos en contacto con la persona que necesitamos en Madrid.
Trague saliva antes de formular mi pregunta. Temia que me dijera que por encima de su cadaver iba alguien a imponer una miserable extorsion al mas alto dignatario del Protectorado espanol en Marruecos. Y, menos aun, un periodista oportunista y desconocido, a cambio de hacer un favor a una simple modista.
–?Y que le has dicho tu? – me atrevi por fin a preguntar.
Se encogio de hombros con un gesto de resignacion.
–Que me mande un cable con la fecha prevista para su desembarco en Tanger.
26
Marcus Logan llego arrastrando una pierna, casi sordo de un oido y con un brazo en cabestrillo. Todos sus desperfectos coincidian en el mismo lado del cuerpo, el izquierdo, el que quedo mas cercano al estallido del canonazo que le tumbo y a punto estuvo de matarle mientras cubria para su agencia los ataques de la artilleria nacional en Madrid. Rosalinda lo arreglo todo para que un coche oficial lo recogiera en el puerto de Tanger y lo trasladara directamente hasta el hotel Nacional de Tetuan.
Los aguarde sentada en uno de los sillones de mimbre del patio interior, entre maceteros y azulejos con arabescos. Por las paredes cubiertas de celosias trepaban las enredaderas y del techo colgaban grandes faroles morunos; el runrun de las conversaciones ajenas y el borboteo del agua de una pequena fuente acompanaron mi espera.
Rosalinda llego cuando el ultimo sol de la tarde atravesaba la montera de cristal; el periodista, diez minutos despues. A lo largo de los dias previos habia amasado en mi mente la imagen de un hombre impulsivo y brusco, alguien con el caracter agrio y los redanos suficientes como para intentar intimidar a quien se le pusiera por delante con tal de alcanzar sus intereses. Pero erre, como casi siempre se yerra cuando construimos preconcepciones a partir del fragil sustento de una simple accion o unas cuantas palabras. Erre y lo supe apenas el periodista chantajista cruzo el arco de acceso al patio con el nudo de la corbata flojo y traje de lino claro lleno de arrugas.
Nos reconocio al instante; tan solo necesito barrer la estancia con la mirada y comprobar que eramos las dos unicas mujeres jovenes sentadas solas: una rubia con evidente aspecto de extranjera y una morena puro producto espanol. Nos preparamos para recibirle sin levantarnos, con las hachas de guerra escondidas a la espalda por si habia que defenderse del mas incomodo de los invitados. Pero no hizo falta sacarlas porque el Marcus Logan que aparecio aquella temprana noche africana podria haber despertado en nosotras cualquier sensacion excepto la de temor. Era alto y parecia estar a caballo entre los treinta y los cuarenta. Traia el pelo castano algo despeinado y, al acercarse cojeando apoyado en un baston de bambu, comprobamos que tenia el lado izquierdo de la cara lleno de restos de heridas y magulladuras. Aunque su presencia dejaba intuir al hombre que debio de ser antes del percance que a punto estuvo de acabar con su vida por el flanco izquierdo, en aquellos momentos era poco mas que un cuerpo doliente que, apenas termino de saludarnos con toda la cortesia que su lamentable estado le permitio desplegar, se desplomo en un sillon intentando sin exito disimular sus molestias y el cansancio que se acumulaba en su cuerpo castigado por el largo viaje.
–Mrs Fox and Miss Quiroga, I suppose -fueron sus primeras palabras.
–Yes, we are, indeed -dijo Rosalinda en la lengua de los dos-. Nice meeting you, Mr Logan. And now, if you don't mind, I think we should proceed in Spanish; I'm afraid my friend won't be able to join us otherwise.
–Por supuesto, disculpe -dijo dirigiendose a mi en un excelente espanol.
No tenia aspecto de ser un extorsionador sin escrupulos, sino tan solo un profesional que se buscaba la vida como buenamente podia y atrapaba al vuelo las oportunidades que se le cruzaban en el camino. Como Rosalinda, como yo. Como todos en aquellos tiempos. Antes de entrar de lleno en el asunto que le habia llevado hasta Marruecos y reclamar de Rosalinda la confirmacion de lo que ella le habia prometido, prefirio presentarnos sus credenciales. Trabajaba para una agencia de noticias britanica, estaba acreditado para cubrir la guerra espanola por ambos bandos y, aunque ubicado en la capital, pasaba los dias en constante movimiento. Hasta que ocurrio lo inesperado. Lo ingresaron en Madrid, lo operaron de urgencia y, en cuanto pudieron, lo evacuaron a Londres. Habia pasado varias semanas ingresado en el Royal London Hospital, soportando dolores y curas; encamado, inmovilizado, anhelando poder regresar a la vida activa.
Cuando le llegaron noticias de que alguien relacionado con el alto comisario de Espana en Marruecos necesitaba una informacion que el podria facilitarle, vio el cielo abierto. Era consciente de que no estaba en condiciones fisicas de volver a sus constantes idas y venidas por la Peninsula, pero una visita al Protectorado podria, ofrecerle la posibilidad de proseguir con su convalecencia retomando parcialmente el brio profesional. Antes de obtener autorizacion para viajar, tuvo que pelear con los medicos, con sus superiores y con todo aquel que se acerco por su cama intentando convencerle para que no se moviera, lo cual, sumado a su estado, le habia puesto al borde del disparadero. Pidio entonces disculpas a Rosalinda por su brusquedad en la conversacion telefonica, doblo y desdoblo la pierna varias veces con gesto de dolor y se centro finalmente en cuestiones mas inmediatas.
–Llevo sin comer nada desde esta manana, ?les importaria que las invitara a cenar y charlasemos entretanto?
Aceptamos; de hecho, yo estaba dispuesta a aceptar lo que fuera por hablar con el. Habria sido capaz de comer en una letrina o de hozar en el barro entre cochinos; habria masticado cucarachas y bebido matarratas para ayudar a tragarlas: cualquier cosa con tal de obtener la informacion que tantos dias llevaba esperando. Llamo Logan con soltura a un camarero arabe de los que por el patio trajinaban sirviendo y recogiendo, pidio una mesa para el restaurante del hotel.
Un momento, senor, por favor. Salio el camarero en busca de alguien y apenas siete segundos despues se nos acerco como una bala el maitre espanol, untuoso y reverencial. Ahora mismo, ahora mismo, por favor, acompanenme las senoras, acompanenme el senor. Ni un minuto de espera para la senora Fox y sus amigos, faltaria mas.
