marcate una de tus deslumbrantes sonrisas y mantente calladita asintiendo tan solo con la cabeza de tanto en tanto. Y cuando no tengas mas remedio que hablar, acuerdate de reducir tus imposturas al minimo minimorum, a ver si van a pillarte en alguna de ellas: una cosa es que hayas echado al aire unas cuantas mentirijillas para promocionarte como
–Todo eso ya lo se, querido Felix -dije entre risas-. Soy una simple modista, pero no vengo de las cavernas. Cuentame otras cosas un poco mas interesantes, por favor.
–De acuerdo, monada, como tu quieras; solo intentaba ser util, por si acaso se te escapaba algun detallito. Vayamos a lo serio, pues.
Y asi, a lo largo de varias noches, Felix me fue desgranando los perfiles de los invitados mas destacados, y uno a uno fui memorizando sus nombres, puestos y cargos y, en numerosas ocasiones, tambien sus caras gracias al despliegue de periodicos, revistas, fotografias y anuarios que el trajo. De esa manera supe donde vivian, a que se dedicaban, cuantos posibles tenian y cuales eran sus posiciones en el orden local. En realidad, todo aquello me interesaba bastante poco, pero Marcus Logan contaba con que yo le ayudara a identificar a personas relevantes y para eso necesitaba antes ponerme al dia.
–Imagino que, dada la procedencia de tu acompanante, vosotros estareis sobre todo con los extranjeros -dijo-. Supongo que, ademas del cogollito local, vendran tambien algunos otros de Tanger; el cunadisimo no tiene previsto ir alli en su
Aquello me reconforto: mezclada entre un grupo de expatriados a los que nunca habia visto ni probablemente volviera a ver en mi vida, me sentiria mas segura que en medio de ciudadanos locales con quienes a diario me cruzaria en cualquier esquina. Me informo Felix tambien del orden que seguiria el protocolo, como se llevarian a cabo los saludos y como iria transcurriendo todo paso a paso. Le escuche memorizando los detalles mientras cosia con tanta intensidad como no lo habia hecho en mi vida.
Hasta que llego por fin la gran fecha. A lo largo de la manana fueron saliendo del taller los ultimos encargos en brazos de Jamila; a mediodia todo el trabajo quedo entregado y por fin vino la calma. Imagine que el resto de las invitadas estarian ya terminando de comer, disponiendose a reposar en la penumbra de sus dormitorios con las contraventanas cerradas o esperando su turno en el salon de
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Mire el reloj cuando acabe con la plancha. Las seis y veinte. La vestimenta estaba lista; ya solo faltaba que me adecentara yo.
Me sumergi en el bano y deje la mente en blanco. Ya llegarian los nervios cuando el evento estuviera mas cerca; de momento, merecia un descanso: un descanso de agua caliente y espuma de jabon. Note como se relajaba mi cuerpo cansado, como los dedos hartos de coser desentumecian su rigidez y las cervicales se destensaban. Empece a adormilarme, el mundo parecio derretirse dentro de la porcelana de la banera. No recordaba un momento tan placentero en meses, pero la agradable sensacion duro muy poco: la interrumpio la puerta del cuarto de bano al abrirse de par en par sin la menor ceremonia.
–Pero ?en que estas pensando, muchacha? – clamo Candelaria arrebatada-. Son mas de las seis y media, y tu sigues en remojo como los garbanzos; ?que no te va a dar tiempo, chiquilla!, ?a que hora tienes pensado empezar a componerte?
La matutera traia consigo lo que ella considero el equipo de emergencia imprescindible: su comadre Remedios la peinadora y Angelita, una vecina de la pension con arte para la manicura. Un rato antes yo habia mandado a Jamila a comprar unas horquillas a La Luneta; se cruzo con Candelaria por el camino y asi supo ella que yo habia estado mucho mas preocupada por la ropa de las clientas que por la mia y apenas habia tenido un minuto libre para prepararme.
–Arreando, morena; sal para afuera de la tina, que tenemos mucha faena por delante y andamos de tiempo la mar de justitas.
Me deje hacer, habria sido imposible luchar contra aquel ciclon. Y, por supuesto, agradeci en el alma su ayuda: apenas quedaban tres cuartos de hora para la llegada del periodista y yo aun seguia, en palabras de la matutera, hecha un escobon. La actividad comenzo apenas consegui enrollarme la toalla alrededor del cuerpo.
La vecina Angelita se concentro en mis manos, en frotarlas con aceite, quitar asperezas y limar las unas. La comadre Remedios se encargo entretanto del pelo. Anticipandome a la falta de tiempo, me lo habia lavado por la manana; lo que en ese momento necesitaba era un peinado decente. Candelaria se dedico a hacer de asistente a ambas, tendiendo pinzas y tijeras, bigudies y pedazos de algodon mientras, sin parar de hablar, nos ponia al tanto acerca de los ultimos comentarios que sobre Serrano Suner circulaban por Tetuan. Habia llegado el dos dias atras y de la mano de Beigbeder recorrio todos los sitios y visito a todos los personajes relevantes del norte de Africa: de Alcazarquivir a Xauen y despues a Dar Riffien, del jalifa al gran visir. Yo no habia visto a Rosalinda desde la semana anterior; las noticias, no obstante, circulaban de boca en boca.
–Cuentan que ayer tuvieron en Ketama una comida moruna entre los pinos, sentados en alfombras sobre el suelo. Dicen que al cunadisimo casi le da un perrendengue cuando vio que todos comian con los dedos; el hombre no sabia como llevarse el cuscus a la boca sin que se le cayera la mitad por el camino…
–… y el alto comisario estaba encantado de la vida, haciendo de gran anfitrion y fumando un puro detras de otro -anadio una voz desde la puerta. La de Felix, obviamente.
–?Que haces tu aqui a estas horas? – pregunte sorprendida. El paseo de la tarde con su madre era sagrado, mas aun aquel dia en el que toda la ciudad andaba echada a la calle. Con el pulgar dirigido hacia la boca, hizo un gesto ilustrativo: dona Elvira estaba en casa, convenientemente borracha antes de tiempo.
–Ya que me vas a abandonar esta noche por un periodista advenedizo, al menos no queria perderme los preparativos. ?Puedo ayudar en algo, senoras?
