–Pero me he enterado de otras cosas que tal vez le interesen -anuncie entonces.

–?Por ejemplo?

–Acuerdos. Intercambios. Negocios.

–?Acerca de que?

–Antenas -aclare-. Grandes antenas. Tres. De unos cien metros de altura, sistema consol y marca Electro-Sonner. Los alemanes quieren instalarlas para interceptar el trafico aereo y maritimo en el Estrecho y contrarrestar la presencia de los ingleses en Gibraltar. Estan negociando su montaje junto a las ruinas de Tamuda, a unos kilometros de aqui. A cambio de la autorizacion expresa de Franco, el ejercito nacional recibira un credito sustancioso del gobierno aleman. Toda la gestion se hara a traves de la empresa HISMA, de la que es socio principal Johannes Bernhardt, que es con quien Serrano ha cerrado el acuerdo. A Beigbeder intentan mantenerlo al margen, quieren ocultarle el asunto.

–My goodness -murmuro en su lengua-. ?Como lo ha averiguado?

Seguiamos sin dirigirnos la mirada, ambos aparentemente atentos aun al alto comisario, que avanzaba entre saludos hacia una tribuna engalanada sobre la que alguien estaba colocando un microfono.

–Porque, casualmente, yo estaba en la misma habitacion donde se ha cerrado el trato.

–?Han cerrado el trato delante de usted? – pregunto incredulo.

–No, descuide; no me han visto. Es una historia un poco larga, ya se la contare en otro momento.

–De acuerdo. Digame algo mas, ?han hablado de fechas?

Rechino el microfono con estridencia desagradable. Probando, probando, dijo una voz.

–Las piezas ya estan listas en el puerto de Hamburgo. En cuanto obtengan la firma del Caudillo, las desembarcaran en Ceuta y comenzaran el montaje.

En la distancia vimos al coronel subir dinamico a la tarima, llamando a Serrano con un gesto grandilocuente para que le acompanara. Seguia sonriendo, saludando confiado. Lance a Logan entonces un par de preguntas.

–?Cree que Beigbeder deberia enterarse de que le estan dejando de lado? ?Cree que yo deberia decirselo a Rosalinda?

Se lo penso antes de responder, con la vista todavia centrada en los dos hombres que ahora, juntos, recibian los aplausos fervorosos de la concurrencia.

–Supongo que si, que a el le convendria saberlo. Pero creo que es mejor que la informacion no le llegue a traves de usted y de la senora Fox, podria comprometerla. Dejelo a mi cargo, yo vere la mejor manera de transmitirselo; usted no diga nada a su amiga, ya encontrare yo la ocasion.

Transcurrieron unos segundos mas de silencio, como si el aun estuviera rumiando todo lo que acababa de oir.

–?Sabe una cosa, Sira? – pregunto volviendose por fin hacia mi-. Aun no se como lo ha hecho, pero ha conseguido una informacion magnifica, mucho mas interesante de lo que en principio imagine que podria obtener en una recepcion como esta. No se como agradecerselo…

–De una manera muy sencilla -interrumpi.

–?Cual?

En ese mismo momento, la orquesta jalifiana arranco con brio el Cara al sol y decenas de brazos se alzaron de inmediato como movidos por un resorte. Me puse de puntillas y pegue mi boca a su oido.

–Saqueme de aqui.

Ni una palabra mas, tan solo su mano tendida. La agarre con fuerza y nos escurrimos hacia el fondo del jardin. Tan pronto como intuimos que nadie podia vernos, echamos a correr entre las sombras.

31

El mundo se puso en marcha a la manana siguiente con un ritmo distinto. Por primera vez en varias semanas, no madrugue, no bebi un cafe precipitado ni me instale de inmediato en el taller rodeada de apremios y quehaceres. Lejos de volver a la actividad frenetica de los dias anteriores, comence el dia con el largo bano interrumpido la tarde anterior. Y despues, dando un paseo, fui a casa de Rosalinda.

De las palabras de Beigbeder deduje que su malestar seria algo leve y pasajero, un trastorno inoportuno nada mas. Esperaba por eso encontrar a mi amiga como siempre, dispuesta a que le contara todos los detalles del evento que se perdio y ansiosa por disfrutar con los comentarios sobre los trajes que las asistentes llevaban, quien fue la mas ele gante, quien la menos.

Una sirvienta me condujo a su habitacion, aun estaba ella en la cama, entre almohadones, con las contraventanas cerradas y un olor espeso a tabaco, medicamentos y falta de ventilacion. La casa era amplia y hermosa: arquitectura moruna, muebles ingleses y un caos exotico en el que, sobre las alfombras y el capitone de los sofas, convivian discos de pizarra fuera de sus fundas, sobres con la leyenda air mail, foulards de seda olvidados y tazas de porcelana de Staffordshire con el te ya frio sin terminar de beber.

Aquella manana, sin embargo, Rosalinda respiraba de todo menos glamour.

–?Como estas? – Intente que mi voz no sonara excesivamente preocupada. Tenia, no obstante, razones para estarlo habida cuenta de su imagen: palida, ojerosa, con el pelo sucio, derrumbada como un peso muerto en una cama mal hecha cuya ropa se arrastraba por el suelo.

–Fatal -respondio con humor de perros-. Estoy muy mal, pero sientate aqui cerca -ordeno dando una palmada sobre la cama-. No es nada contagioso.

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