–Juan Luis me dijo anoche que es un problema de intestinos -dije obedeciendola. Antes tuve que retirar varios panuelos arrugados, un cenicero lleno de cigarrillos a medio fumar, los restos de un paquete de galletas de mantequilla y un buen monton de migas.

–That's right, pero eso no es lo peor. Juan Luis no lo sabe todo. Se lo dire esta tarde, no quise importunarle en el ultimo dia de la visita de Serrano.

–?Que es lo peor, entonces?

–Esto -dijo furiosa agarrando con dedos como garfios lo que parecia un telegrama-. Esto es lo que me ha hecho enfermar, no los preparativos de la visita. Esto es lo peor de todo.

La mire perpleja y entonces me sintetizo su contenido.

–Lo recibi ayer. Peter llega en seis semanas.

–?Quien es Peter? – No recordaba a nadie con ese nombre entre sus amistades.

Me miro como si acabara de oir la mas absurda de las preguntas.

–Quien va a ser, Sira, por Dios: Peter es mi marido.

Peter Fox tenia previsto llegar a Tanger a bordo de un barco de la P O, dispuesto a pasar una larga temporada con su mujer y su hijo despues de casi cinco anos sin apenas saber nada de ellos. Aun vivia en Calcuta, pero habia decidido visitar temporalmente Occidente, tal vez tanteando opciones para el abandono definitivo de la India imperial, cada vez mas revuelta con los movimientos independentistas de los nativos, segun conto Rosalinda. Y que mejor perspectiva para ir sopesando las posibilidades de una potencial mudanza que la reunificacion de la familia en el nuevo mundo de su mujer.

–?Y se va a quedar aqui, en tu casa? – pregunte sin dar credito.

Encendio un cigarrillo y, mientras aspiraba el humo con ansia, hizo un enfatico gesto afirmativo.

–Of course he will. Es mi marido: tiene todo el derecho.

–Pero yo pense que estabais separados…

–De hecho, si. Legalmente, no.

–?Y nunca te has planteado divorciarte?

Volvio a dar una chupada impetuosa al pitillo.

–Un millon de millones de veces. Pero el se niega.

Me relato entonces los avatares de aquella disonante relacion y descubri con ello a una Rosalinda mas vulnerable, mas quebradiza. Menos irreal y mas cercana a las complicaciones terrenales de los residentes en el mundo de los humanos.

–Me case a los dieciseis anos; el tenia entonces treinta y cuatro. Yo habia estado cinco cursos seguidos en un internado en Inglaterra; deje la India cuando era aun una nina y regrese convertida en una joven en edad casi casadera, loca por no perderme ninguna de las constantes fiestas de la Calcuta colonial. En la primera de ellas me presentaron a Peter, era amigo de mi padre. Me parecio el mas atractivo de todos los hombres que habia conocido en mi vida; obviously, habia conocido a muy pocos, por no decir a ninguno. Era divertido, capaz de las mas impensables aventuras y de animar cualquier reunion. Y, a la vez, maduro, vivido, miembro de una aristocratica familia inglesa instalada en la India desde tres generaciones atras. Me enamore como una imbecil o, al menos, eso crei. Cinco meses mas tarde estabamos casados. Nos instalamos en una casa magnifica con establos, pistas de tenis y catorce habitaciones para el servicio; hasta teniamos a cuatro ninos indios permanentemente uniformados para hacer de recogepelotas por si se nos ocurria algun dia jugar un partido, imaginate. Nuestra vida estaba llena de actividad: me encantaba bailar y montar a caballo, y era tan habil con el rifle como con los palos de golf. Viviamos inmersos en un imparable carrusel de fiestas y recepciones. Y, ademas, nacio Johnny. Construimos un mundo idilico dentro de otro mundo igualmente fastuoso, pero tarde poco en darme cuenta de la fragilidad sobre la que todo aquello se sostenia.

Detuvo su soliloquio y quedo con la vista colgada en el vacio, como reflexionando unos instantes. Despues apago el cigarrillo en el cenicero y prosiguio.

–A los pocos meses de dar a luz, empece a notar un cierto malestar en el estomago. Me examinaron y al principio me dijeron que no habia ningun motivo de preocupacion, que mis molestias simplemente respondian a los naturales problemas de salud a los que estamos expuestos los no nativos en esos climas tropicales que nos son tan ajenos. Pero cada vez me encontraba peor. Los dolores aumentaban, empezo a subirme la fiebre a diario. Decidieron operarme y no encontraron nada anormal, pero no mejore. Cuatro meses despues, a la vista de mi imparable empeoramiento, volvieron a examinarme con rigor y por fin pudieron poner un nombre a mi enfermedad: tuberculosis bovina en una de sus formas mas agresivas, contraida a traves de la leche de una vaca infectada que compramos despues de nacer Johnny a fin de poder tener leche fresca para mi recuperacion. El animal habia enfermado y muerto tiempo atras, pero el veterinario no encontro nada anormal cuando entonces lo examino, como tampoco fueron los medicos capaces de percibir nada en mi, porque la tuberculosis bovina es tremendamente dificil de diagnosticar. Pero hace que se formen tuberculos; algo asi como nodulos, como bultos en el intestino que lo van comprimiendo.

–?Y?

–Y te conviertes en un enfermo cronico.

–?Y?

–Y cada nueva manana que abres los ojos, das gracias al cielo por permitirte seguir viva un dia mas.

Intente esconder mi desconcierto tras una nueva pregunta.

–?Como reacciono tu marido?

–Oh, wonderfully! – dijo sarcastica-. Los medicos que me vieron me aconsejaron volver a Inglaterra; pensaban, aunque sin gran optimismo, que tal vez en un hospital ingles pudieran hacer algo por mi. Y Peter no pudo estar mas de acuerdo.

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