cambiado entre nosotros. La huida precipitada de la recepcion de la Alta Comisaria, aquella carrera impulsiva a traves de los jardines y el paseo ya sosegado entre las sombras de la ciudad en la madrugada habian logrado resquebrajar en cierta manera mis reticencias hacia el. Tal vez fuera de fiar, tal vez no; quiza nunca lo supiera. Pero, en cierta manera, aquello ya me daba igual. Sabia que se estaba esforzando en la evacuacion de mi madre; sabia tambien que era atento y cordial conmigo, que se sentia a gusto en Tetuan. Y aquello era mas que suficiente: no necesita saber de el nada mas ni avanzar en ninguna otra direccion porque el dia de su marcha no tardaria en llegar.
Aun la encontramos en la cama, pero con un aspecto mas entonado. Habia mandado arreglar la habitacion, se habia banado, las contraventanas estaban ya abiertas y la luz entraba a raudales desde el jardin. Al tercer dia se mudo del lecho a un sofa. Al cuarto cambio el camison de seda por un vestido floreado, fue a la peluqueria y volvio a agarrar las riendas de su vida.
Aunque su salud aun seguia trastocada, tomo la decision de aprovechar al limite el tiempo que restaba hasta la llegada de su marido, como si aquellas semanas fueran las ultimas que le quedaban por vivir. De nuevo asumio el papel de gran anfitriona, creando el clima ideal para que Beigbeder pudiera dedicarse a las relaciones publicas en un ambiente distendido y discreto, confiando ciegamente en el buen hacer de su amada. Nunca supe, sin embargo, como interpretaban muchos de los asistentes el hecho de que aquellos encuentros fueran ofrecidos por la joven amante inglesa y que el alto comisario del bando pro aleman se sintiera en ellas como en casa. Pero Rosalinda mantenia en pie su intencion de acercar a Beigbeder a los britanicos y muchas de aquellas recepciones menos protocolarias estuvieron destinadas a tal fin.
A lo largo de aquel mes, como ya habia hecho antes y volveria a hacer despues, invito en varias ocasiones a sus amigos compatriotas de Tanger, a miembros del cuerpo diplomatico, a agregados militares alejados de la orbita italogermana y a representantes de instituciones multinacionales de peso y caudal. Organizo tambien una fiesta para las autoridades gibraltarenas y para oficiales de un buque de guerra britanico atracado en la roca, como ella llamaba al penon. Y entre todos aquellos invitados circularon Juan Luis Beigbeder y Rosalinda Fox con un coctel en una mano y un cigarrillo en la otra, comodos, relajados, hospitalarios y carinosos. Como si nada pasara; como si en Espana no siguieran matandose entre hermanos y Europa no anduviera ya calentando motores para la peor de sus pesadillas.
Llegue a estar varias veces cerca de Beigbeder y de nuevo fui testigo de su peculiar manera de ser. Solia ponerse prendas morunas a menudo, a veces unas babuchas, a veces una chilaba. Era simpatico, desinhibido, un punto excentrico y, por encima de todo, adoraba a Rosalinda hasta el extremo y asi lo repetia ante cualquiera sin el menor rubor. Marcus Logan y yo, entretanto, seguimos viendonos con asiduidad, ganando simpatia y un acercamiento afectivo que yo me esforzaba dia a dia por contener. De no haberlo hecho, probablemente aquella incipiente amistad no habria tardado en desembocar en algo mucho mas pasional y profundo. Pero pelee porque aquello no ocurriera y mantuve ferrea mi postura para que lo que nos empezaba a unir no fuera mas alla. Las heridas causadas por Ramiro aun no se habian cerrado del todo; sabia que Marcus tampoco tardaria en marcharse y no queria volver a sufrir. Con todo, juntos nos convertimos en presencias asiduas en los eventos de la villa del paseo de las Palmeras, a veces incluso se nos unio un Felix exultante, feliz por integrarse en aquel mundo ajeno tan fascinante para el. En alguna ocasion salimos en bandada de Tetuan: Beigbeder nos invito en Tanger a la inauguracion del diario
Y paseamos por la blanca medina de Tetuan, comimos cuscus, jarira y chuparquias, trepamos el Dersa y el Gorgues, y fuimos a la playa de Rio Martin y al parador de Ketama, entre pinos y aun sin nieve. Hasta que el tiempo se agoto y lo indeseado se hizo presente. Y solo entonces confirmamos que la realidad puede superar las mas negras expectativas. Asi me lo hizo saber la misma Rosalinda apenas una semana despues de la llegada de su marido.
–Es mucho peor de lo que habia imaginado -dijo desplomandose en un sillon nada mas entrar en mi taller.
Esta vez no parecia ofuscada, sin embargo. No estaba iracunda como cuando recibio la noticia. Esta vez tan solo irradiaba tristeza, agotamiento y decepcion: una densa y oscura decepcion. Por Peter, por la situacion en la que se veian inmersos, por ella misma. Tras media docena de anos vagando sola por el mundo, creia estar preparada para todo; pensaba que la experiencia vital que a lo largo de ellos habia acumulado le habria aportado los recursos necesarios para hacer frente a todo tipo de adversidades. Pero Peter resulto mucho mas duro de lo previsto. Todavia asumia con ella su papel posesivo de padre y marido a la vez, como si no llevaran todos aquellos anos viviendo separados; como si nada hubiera pasado en la vida de Rosalinda desde que se caso con el cuando aun era casi una nina. Le reprochaba la manera relajada en que estaba educando a Johnny: le disgustaba que no asistiera a un buen colegio, que saliera a jugar con los ninos vecinos sin una ninera cerca y que, por toda practica deportiva, se dedicara a lanzar piedras con el mismo buen tino que todos los moritos de Tetuan. Se quejaba tambien de la falta de programas de radio de su gusto, de la inexistencia de un club en el que poder reunirse con compatriotas, de que nadie hablara ingles a su alrededor y de la dificultad para conseguir prensa britanica en aquella ciudad aislada.
No todo disgustaba al exigente Peter, sin embargo. De su entera satisfaccion resultaron la ginebra Tanqueray y el Johnny Walker Black Label que en Tanger aun se conseguian por entonces a precio irrisorio. Solia beber al menos una botella de whisky diaria, convenientemente aderezada por un par de cocteles de ginebra antes de cada comida. Su tolerancia con el alcohol era asombrosa, equiparable casi al cruel trato que conferia al servicio domestico. Les hablaba con desagrado en ingles sin molestarse en asimilar que ellos no entendian ni una palabra de su idioma, y cuando por fin resultaba evidente que no le comprendian, les gritaba en hindustani, la lengua de sus antiguos empleados en Calcuta, como si la condicion de servir al amo tuviera un lenguaje universal. Para su gran sorpresa, uno a uno fueron dejando de aparecer por la casa. Todos, desde los amigos de su mujer hasta el mas humilde de los criados, supimos en pocos dias la calana de ser a la que Peter Fox pertenecia. Egoista, irracional, caprichoso, borracho, arrogante y despota: imposible encontrar menos atributos positivos en una sola persona.
Beigbeder, obviamente, dejo de pasar gran parte de su tiempo en casa de Rosalinda, pero siguieron viendose a diario en otros sitios: en la Alta Comisaria, en escapadas a los alrededores. Para sorpresa de muchos -entre ellos yo misma-, Beigbeder dispenso en todo momento al marido de su amante un trato del todo exquisito. Le organizo un dia de pesca en la desembocadura del rio Smir y una caceria de jabalies en Jemis de Anyera. Le facilito el transporte a Gibraltar para que pudiera beber cerveza inglesa y hablar de polo y cricket con sus compatriotas. Hizo todo lo posible, en fin, por portarse con el como su cargo requeria ante un invitado extranjero tan especial. Sus personalidades, sin embargo, no podian ser mas dispares: resultaba curioso comprobar lo distintos que eran aquellos dos hombres tan significativos en la vida de la misma mujer. Tal vez por ello, precisamente, nunca llegaron a chocar.
–Peter considera a Juan Luis un espanol atrasado y orgulloso; como un anticuado caballero espanol caido de un cuadro del Siglo de Oro -me explico Rosalinda-. Y Juan Luis piensa de Peter que es un snob, un incomprensible y absurdo snob. Son como dos lineas paralelas: nunca podran entrar en conflicto porque jamas encontraran un punto de encuentro. Con la unica diferencia de que para mi, como hombre, Peter no le llega a
