–Pensando en tu bien, probablemente…

Una aspera carcajada me impidio terminar la frase.

–Peter, darling, jamas piensa en otro bien mas alla del suyo propio. Enviarme lejos fue la mejor de las soluciones pero, mas que para mi salud, lo era para su propio bienestar. Se desentendio de mi, Sira. Deje de resultarle divertida, ya no era un precioso trofeo al que pasear por los clubes, las fiestas y las cacerias; la joven esposa hermosa y divertida se habia convertido en una carga defectuosa de la que habia que deshacerse cuanto antes. Asi que, en cuanto pude tenerme de nuevo en pie, nos saco pasajes a Johnny y a mi para Inglaterra. Ni siquiera se digno a acompanarnos. Con la excusa de que queria que su esposa recibiera el mejor tratamiento medico posible, embarco a una mujer gravemente enferma que aun no habia cumplido los veinte anos y a un nino que apenas sabia andar. Como si fueramos un par de bultos de equipaje mas. Bye-bye, hasta nunca, queridos.

Un par de gruesas lagrimas descendieron por sus mejillas, se las quito con el dorso de la mano.

–Nos echo de su lado, Sira. Me repudio. Me mando a Inglaterra para, pura y simplemente, librarse de mi.

Se instalo entre nosotras un silencio triste, hasta que ella recobro fuerzas y prosiguio.

–A lo largo del viaje, Johnny empezo a tener fiebres altas y convulsiones; resulto ser una forma virulenta de malaria; necesito despues estar dos meses ingresado hasta su recuperacion. Mi familia me acogio entretanto; mis padres tambien habian vivido mucho tiempo en la India, pero habian regresado el ano anterior. Pase al principio unos meses moderadamente tranquilos, el cambio de clima parecio sentarme bien. Pero despues empeore: tanto que las pruebas medicas mostraron que el intestino se me habia encogido casi hasta el punto de la contraccion total. Descartaron la cirugia y decidieron que solo con el reposo absoluto podria tal vez obtener una minima recuperacion. De esa manera, se suponia que los organismos que me invadian no seguirian avanzando por el resto de mi cuerpo. ?Sabes en que consistio aquella primera temporada de reposo?

Ni lo sabia ni podia imaginarlo.

–Seis meses atada a una tabla, con correas de cuero inmovilizandome a la altura de los hombros y los muslos. Seis meses enteros, con sus dias y sus noches.

–?Y mejoraste?

–Just a bit. Muy poco. Entonces mis medicos decidieron mandarme a Leysin, en Suiza, a un sanatorio para tuberculosos. Como Hans Castorp en La montana magica, de Thomas Mann.

Intui que se trataba de algun libro, asi que, antes de que me preguntara si lo habia leido, me adelante para que prosiguiera con su historia.

–?Y Peter, entretanto?

–Pago las facturas de hospital y establecio la rutina de enviarnos treinta libras mensuales para nuestro mantenimiento. Nada mas. Absolutamente nada mas. Ni una carta, ni un cable, ni un recado a traves de conocidos ni, por supuesto, la menor intencion de visitarnos. Nada, Sira, nada. Nunca mas volvi a saber de el personalmente. Hasta ayer.

–?Y que hiciste con Johnny mientras? Debio de ser duro para el.

–Estuvo conmigo todo el tiempo en el sanatorio. Mis padres insistieron en quedarselo, pero yo no acepte. Contrate a una ninera alemana para que lo entretuviera y lo sacara a pasear, pero comia y dormia en mi habitacion a diario. Fue una experiencia un poco triste para un nino tan pequeno, pero por nada del mundo queria que estuviera separado de mi. Ya habia perdido en cierto modo a su padre; habria sido demasiado cruel castigarle tambien con la ausencia de su madre.

–?Y funciono el tratamiento?

Una pequena carcajada le ilumino momentaneamente la cara.

–Me aconsejaron pasar ocho anos internada, pero solo pude resistir ocho meses. Despues pedi el alta voluntaria. Me dijeron que era una insensata, que aquello me mataria; tuve que firmar un millon de papeles eximiendo al sanatorio de responsabilidades. Mi madre se ofrecio a recogerme en Paris para hacer juntas la vuelta a casa. Y entonces, en ese viaje de retorno, tome dos decisiones. La primera, no volver a hablar de mi enfermedad. De hecho, en los ultimos anos, solo Juan Luis y tu habeis sabido de ella por mi. Decidi que la tuberculosis tal vez pudiera machacar mi cuerpo, pero no mi espiritu, asi que opte por mantener fuera de mi pensamiento la idea de que era una enferma.

–?Y la segunda?

–Empezar una vida nueva como si estuviera sana al cien por cien. Una vida fuera de Inglaterra, al margen de mi familia y de los amigos y conocidos que automaticamente me asociaban con Peter y con mi condicion de enferma cronica. Una vida distinta que no incluyera en principio mas que a mi hijo y a mi.

–Y entonces fue cuando te decidiste por Portugal…

–Los medicos me recomendaron que me instalara en algun lugar templado: el sur de Francia, Espana, Portugal, tal vez el norte de Marruecos; algo a medias entre el excesivo calor tropical de la India y el miserable clima ingles. Me disenaron una dieta, me recomendaron tomar mucho pescado y poca carne, descansar al sol todo lo posible, no hacer ejercicio fisico y evitar las alteraciones emocionales. Alguien me hablo entonces de la colonia britanica en Estoril y decidi que aquel sitio podria ser en principio tan bueno como cualquier otro. Y alla fui.

Todo encajaba ya mucho mejor en el mapa mental que me habia construido para entender a Rosalinda. Las piezas empezaban a ensamblarse unas con otras, ya no eran trozos de vida independientes y dificilmente acoplables. Todo empezaba ya a tener sentido. Desee con todas mis fuerzas que las cosas le fueran bien: ahora que por fin sabia que su existencia no habia sido un camino de rosas, la crei mas merecedora de un destino feliz.

32

Al dia siguiente acompane a Marcus Logan a visitar a Rosalinda. Como en la noche de la recepcion de Serrano, volvio a recogerme en mi casa y de nuevo caminamos juntos por las calles. Algo, sin embargo, habia

Вы читаете El tiempo entre costuras
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату