Juan Luis ni a la altura del talon.

–?Y nadie le ha contado a tu marido nada de lo vuestro?

–?De nuestra relacion? – pregunto mientras encendia un cigarrillo y apartaba de su ojo la melena-. Imagino que si, que alguna lengua viperina se habra acercado a su oido para soltarle algun veneno, pero a el le da exactamente igual.

–No entiendo como.

Se encogio de hombros.

–Yo tampoco, pero mientras no tenga que pagar casa y a su alrededor encuentre sirvientes, alcohol abundante, comida caliente y deportes sangrientos, creo que todo lo demas le es indiferente. Distinto seria si aun vivieramos en Calcuta; alli imagino que se esforzaria por mantener las formas minimamente. Pero aqui no le conoce nadie; este no es su mundo, asi que le trae al fresco cualquier cosa que le cuenten sobre mi.

–Sigo sin comprenderlo.

–Lo unico cierto, darling, es que no le importo en absoluto -dijo con una mezcla de sarcasmo y tristeza-. Cualquier cosa tiene para el mas valor que yo: una manana de pesca, una botella de ginebra o una partida de cartas. Yo no le he importado jamas; lo raro seria que empezara a hacerlo ahora.

Y mientras Rosalinda batallaba contra un monstruo en medio del infierno, a mi tambien, por fin, me dio un vuelco la vida. Era martes, hacia viento. Marcus Logan aparecio en mi casa antes del mediodia.

Habiamos seguido consolidandonos como amigos: como buenos amigos, nada mas. Ambos eramos conscientes de que el dia mas inesperado el tendria que irse, de que su presencia en mi mundo no era mas que un transito provisional. A pesar de esforzarme por deshacerme de ellas, las cicatrices que me dejo Ramiro tenian aun forma de costurones; no estaba preparada para volver a sentir el desgarro de una ausencia. Nos atrajimos Marcus y yo, si, mucho, y no faltaron ocasiones para que aquello se convirtiera en algo mas. Hubo complicidad, roces y miradas, comentarios velados, estima y deseo. Hubo cercania, hubo ternura. Pero yo me esforce por amarrar mis sentimientos; me negue a avanzar mas y el lo acepto. Contenerme me costo un esfuerzo inmenso: dudas, incertidumbre, noches de desvelo. Pero antes que enfrentarme al dolor de su abandono, preferi quedarme con los recuerdos de los momentos memorables que juntos pasamos en aquellos dias alborotados e intensos. Noches de risas y copas, de pipas de kif y partidas ruidosas de continental. Viajes a Tanger, salidas y charlas; instantes que nunca volvieron y en mi deposito de recuerdos atesore como memorias del fin de una etapa y el inicio de nuevos caminos.

Con el timbrazo inesperado de Marcus en mi casa de Sidi Mandri, llego aquella manana el final de un tiempo y el principio de otro. Una puerta se cerraba y otra se iba abriendo. Y yo en medio, incapaz de retener lo que acababa, anhelando abrazar lo que venia.

–Tu madre esta en camino. Anoche embarco en Alicante rumbo a Oran en un mercante britanico. Llegara a Gibraltar en tres dias. Rosalinda se encargara de que pueda cruzar el Estrecho sin problemas, ya te dira ella como va a hacerse el traslado.

Quise darle las gracias desde lo mas profundo de mi ser, pero las siete letras de la palabra necesaria se cruzaron con un torrente de lagrimas en su camino de salida, y el llanto arramblo con ellas y se las llevo por delante. Por eso, tan solo fui capaz de abrazarle con todas mis fuerzas y dejarle empapadas las solapas de la chaqueta.

–A mi tambien me ha llegado el momento de ponerme de nuevo en marcha -anadio unos segundos despues.

Le mire sorbiendome la nariz. Saco el un panuelo blanco y me lo tendio.

–Me reclama mi agencia. Mi cometido en Marruecos esta terminado, tengo que volver.

–?A Madrid?

Se encogio de hombros.

–De momento, a Londres. Despues, a donde me envien.

Volvi a abrazarle, volvi a llorar. Y cuando fui por fin capaz de contener el barullo de emociones y pude empezar a controlar aquel alborotado peloton de sentimientos en el que la mayor de las alegrias se mezclaba con una inmensa tristeza, mi voz rota por fin pidio paso.

–No te vayas, Marcus.

–Ojala estuviera en mi mano. Pero no puedo quedarme, Sira, me necesitan en otro destino.

Volvi a mirar su cara ya tan querida. Aun habia en ella restos de cicatrices, pero del hombre maltrecho que llego al Nacional una noche de verano quedaba ya muy poco. Aquel dia recibi a un desconocido llena de nervios y temores; ahora me enfrentaba a la dolorosa tarea de despedir a alguien muy proximo, mas quiza de lo que yo misma me atrevia a reconocer.

Sorbi de nuevo.

–Cuando quieras regalarle un traje a alguna de tus novias, ya sabes donde estoy.

–Cuando quiera una novia, vendre a buscarte -dijo tendiendo su mano hacia mi rostro. Intento secar mis lagrimas con sus dedos, me estremecio el contacto de su caricia y desee con rabia que aquel dia nunca hubiera tenido que llegar.

–Embustero -murmure.

–Guapa.

Sus dedos se arrastraron por mi cara hasta el nacimiento del pelo y se enredaron en el avanzando hasta la nuca. Nuestros rostros se acercaron, despacio, como si temieran culminar lo que llevaba tanto tiempo flotando en el aire.

El chasquido inesperado de una llave nos hizo separarnos. Entro Jamila jadeante, traia un mensaje

Вы читаете El tiempo entre costuras
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату