los que conocian mas a Ray Richardson, al levantar la vista de las pantallas de los ordenadores y de las pizzas para llevar, comprendieron que la armonia estaba a punto de transformarse en absoluta discordancia.

Joan Richardson miro en torno y movio la cabeza con aire de admiracion ante la esplendida colaboracion que prestaban a su marido. Aunque no era mas que lo que se merecia, decian amorosamente sus castanos ojos navajos. Estaba acostumbrada a poner a su marido por encima de todo.

– ?Fijate, carino! -dijo efusivamente-. ?Cuanta energia creadora! ?Es, sencillamente, asombroso! ?Las doce y media y siguen trabajando! ?Cuanta actividad, parece una colmena!

Se quito el chal y se lo colgo del brazo. Llevaba una especie de sarong de lino color crema, blusa a juego y un chaleco largo y de varios pliegues que disimulaba bastante bien su amplio trasero. Era una mujer atractiva, de rostro semejante a las encantadoras tahitianas de Gauguin, pero tambien tenia unas dimensiones considerables.

– ?Fabuloso! ?Simplemente fabuloso! Una se siente orgullosa de ser parte de todo… de toda esta energia.

Ray Richardson emitio un grunido. Sus ojos recorrieron las angulosas superficies del estudio, negras, blancas y grises, en busca de Allen Grabel, que trabajaba en los dos proyectos mas grandes y prestigiosos de los que se ocupaba la empresa en aquellos momentos. Con el edificio de la Yu Corporation casi terminado, el Kunstzentrum acaparaba la atencion del principal proyectista del estudio, mas aun cuando su jefe estaba a punto de marcharse a Alemania para presentar los planos detallados a las autoridades municipales de Berlin.

El Kunstzentrum era un centro de exposiciones, la respuesta berlinesa al Beaubourg de Paris, concebido para insuflar nueva vida a la Alexanderplatz, una inmensa explanada peatonal barrida por el viento que antiguamente fue una de las mecas comerciales de la capital alemana.

Ambos proyectos tenian a Grabel tan ocupado que a veces tenia que pararse a pensar en cual de ellos estaba trabajando. Pasaba un minimo de doce horas en la oficina, a veces hasta dieciseis, y no tenia vida privada propiamente dicha. Era consciente de que no le faltaba atractivo. Podria tener novia si dispusiese de tiempo para salir a conocer gente, pero como nadie le esperaba en casa se pasaba cada vez mas tiempo en la oficina. Sabia que Richardson se aprovechaba de eso. Se daba cuenta de que tenia que haberse ido de vacaciones tras concluir el proyecto principal del edificio de la Yu Corporation. Con su sueldo podria haber ido donde le hubiese dado la gana. Solo que nunca encontraba el hueco adecuado en su programa de trabajo, cada vez mas cargado. A veces se sentia al borde del ataque de nervios. Y bebia demasiado, por decirlo de algun modo.

Richardson encontro al alto neoyorquino de pelo rizado con la vista fija en la pantalla de su terminal Intergraph, tras unas gafas tan llenas de mugre como el cuello de su camisa. Estaba corrigiendo las curvas y poligonos de unos planos.

La aplicacion Intergraph para dibujo asistido por ordenador era la piedra angular de la actividad de Richardson no solo en Los Angeles, sino en todo el mundo. Con oficinas en Hong Kong, Tokio, Londres, Nueva York y Toronto, asi como las previstas en Berlin, Frankfurt, Dallas y Buenos Aires, Richardson era el mayor cliente de Intergraph aparte de la NASA. El sistema, al igual que otros similares, habia revolucionado la arquitectura gracias a un programa que permitia al proyectista mover, girar, estirar y alinear rapidamente cualquier numero de entidades de dos y tres dimensiones.

Richardson se quito la chaqueta de Armani, acerco una silla donde estaba Grabel y se sento a su lado. Sin decir palabra, alargo la mano al extremo del escritorio, desenrollo un plano de colores y lo comparo con la imagen bidimensional del monitor al tiempo que se comia el ultimo trozo de la pizza de Grabel.

A Grabel, que ya estaba cansado, se le cayo el alma a los pies. A veces, al ver como el sistema convertia el boceto que el le suministraba en un autentico proyecto arquitectonico, se preguntaba si no podria crear una obra musical con la misma facilidad. Pero tales elucubraciones filosoficas se volatilizaban en cuanto Ray Richardson aparecia en escena; y todo el placer y la satisfaccion que le deparaba su trabajo le resultaban tan efimeros como los dibujos de su ordenador.

– Creo que ya casi lo tenemos, Ray -dijo con voz cansada.

Pero Richardson ya habia pulsado el boton derecho del raton sobre la barra flotante de herramientas, activando el icono «Dibujo Inteligente» para juzgar el diseno personalmente.

– ?Lo crees? Pero no estas seguro, ?eh? -contesto Richardson con una sonrisa poco amistosa. Levanto la mano como un nino al contestar una pregunta en clase y grito-: ?Que alguien me traiga una taza de cafe!

Demasiado cansado para discutir, Grabel suspiro y se encogio de hombros.

– Vaya, ?que significa eso? ?A que viene ese encogimiento de hombros? Venga, Allen. ?Que cono pasa aqui? ?Y donde cojones se ha metido Kris Parkes?

Parkes era el coordinador del proyecto del Kunstzentrum: aunque no era el principal responsable del equipo, su trabajo consistia en organizar las habituales reuniones internas y coordinar las opiniones de los proyectistas.

Grabel penso que en aquel momento el equipo probablemente pensaba lo mismo que el: que les gustaria estar en casa, viendo la tele en la cama. Lo que estaria haciendo Kris Parkes, seguramente.

– Se ha ido a casa -contesto Grabel.

– ?Que el coordinador del proyecto se ha ido a casa?

Llego el cafe, llevado por Mary Sammis, una de las maquetistas. Richardson lo probo, hizo una mueca y se lo devolvio.

– Sabe a recalentado.

– No se tenia en pie -explico Grabel-. Le dije que se marchara.

– Traeme otro. Y esta vez con un platillo. Cuando pido un cafe no tengo por que pedir tambien el platillo.

– Enseguida.

– Pero ?que clase de sitio es este? -mascullo Richardson, sacudiendo la cabeza. Y seguidamente, como si recordara algo, pregunto-: Ah, Mary, ?como va la maqueta?

– Seguimos trabajando en ello, Ray.

– No me dejes en la estacada, carino. Manana a mediodia me voy a Alemania -dijo, moviendo de nuevo la cabeza con aire sombrio. Luego consulto su reloj, un Breitling, y anadio-: Dentro de doce horas exactamente. La maqueta tiene que estar embalada y lista para salir con todos los papeles para la aduana. ?Entendido?

– La tendras, Ray. Te lo prometo.

– No tienes que prometerme nada. No es para mi. Si fuese para mi, seria distinto. Pero, en mi opinion, lo menos que podemos hacer por la nueva oficina, por las treinta personas que van a pasarse los dos proximos anos de su vida trabajando exclusivamente en este proyecto, es darles una maqueta para que sepan como va a ser. ?No crees, Mary?

– Si, senor, lo creo.

– Y no me llames senor, Mary. No estamos en el ejercito.

Cogio el telefono de Grabel y marco un numero. Aprovechando esos segundos de gracia, Mary se alejo rapidamente.

– ?A quien llamas, Ray? -pregunto Grabel, torciendo un poco la boca. Ese tic nervioso solo le venia cuando estaba rendido de cansancio o necesitaba una copa-. ?Es que no me has oido? Acabo de decirte que he sido yo quien le ha mandado a casa.

– Te he oido.

– ?Ray?

– ?Donde esta mi punetero cafe? -grito Richardson, volviendo la cabeza.

– No estaras llamando a Parkes, ?verdad?

Richardson se limito a mirarlo, enarcando las entrecanas cejas con aire de tranquilo desprecio.

– ?Cabron! -mascullo Grabel, con un odio subito y tan intenso que se sobresalto- ?Ojala te murieras, hijo de…!

– ?Kris? Soy Ray. ?Te he despertado? ?Si? Que lastima. Quiero hacerte una pregunta, Kris. ?Tienes idea de los honorarios que esta empresa va a percibir por ese edificio? No, solo contesta a la pregunta. Eso es, casi cuatro millones de dolares. Cuatro millones de dolares. Bueno, pues aqui estamos un monton de gente trabajando en ello a estas horas de la noche. Solo faltas tu, Kris, y se supone que eres el coordinador del proyecto. ?No crees que das mal ejemplo? No, ?verdad? -Escucho un momento y luego se puso a sacudir la cabeza-. Mira, francamente, me importa un pito el tiempo que hace que no apareces por casa. Y todavia menos que tus hijos crean que eres un tio que su madre se ha ligado en el supermercado. Es aqui donde tienes que estar, con tu equipo. ?Vas a

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