– Bueno, pues ya he tenido tiempo de que se me pase.
– Me alegro de volverte a oir, Allen. -Mitch hizo una pausa-. Es decir, si eres verdaderamente tu.
– Pero ?que dices? Pues claro que soy yo. ?Quien cono iba a ser? ?Te pasa algo, Mitch?
– Tengo que ser prudente, solo eso. El ordenador actua con mucha malicia. ?Puedes decirme tu fecha de nacimiento?
– Claro, 5 de abril de 1956. En mi cumpleanos viniste a cenar a casa, ?recuerdas?
Mitch maldijo para sus adentros. Ismael sabria eso: tenia el archivo personal de Grabel y su agenda en el disco duro. Debia pensar en algo que no estuviera en los archivos. Pero ?en que? ?Hasta que punto conocia verdaderamente a Grabel? Quiza no muy bien, a juzgar por lo que le habia pasado.
– ?Sigues ahi, Mitch?
– Aqui sigo. Pero tengo que pensar en una pregunta que solo el verdadero Allen Grabel podria contestar.
– ?Y si yo te dijera algo de ti que solo tu supieras?
– No, un momento. Creo que tengo algo. ?Crees en Dios, Allen?
Grabel solto una carcajada.
– Pero ?que clase de pregunta es esa?
– Allen Grabel sabria contestar.
Mitch sabia que Grabel, judio, tambien era agnostico.
– Conque si, ?eh? Mitch, eres un tio muy raro, ?sabes? ?Que si creo en Dios? Es una pregunta dificil. Bueno, vamos a ver. -Hizo una pausa-. Pienso que si de mi finitud deduzco que no soy el Todo, y de mi imperfeccion que no soy perfecto, podria decirse que el infinito y la perfeccion existen, porque la infinitud y la perfeccion estan implicitas, como correlatos, en mis ideas de imperfeccion y finitud. De manera que podria afirmarse que Dios existe. Si, Mitch, creo que existe.
– Muy interesante -comento Mitch-. Pero sabes, a una pregunta tan compleja se suele dar una respuesta muy sencilla.
Mitch solto el telefono de servicio y siguio bajando, solo que mucho mas rapido que antes, consciente de que, por lo que fuese, Ismael habia querido entretenerlo. Era hora de salir del pozo… y rapido.
– ?Mitch! -grito la voz por el telefono-. ?No me dejes aqui, por favor!
Pero Mitch ya habia quitado los pies de los peldanos y, apretandolos contra los lados de la escalera, recorrio los ultimos quince o veinte metros deslizandose como un bombero al oir la llamada de emergencia, mientras los sensores encendian las bombillas en rapida sucesion y el se alejaba del telefono, bajando cada vez mas deprisa. Al pasar por la segunda planta, volvio a agarrarse a la escalera, bajo rapidamente los ultimos peldanos y, tras embestir con el hombro contra la puerta del pozo, se derrumbo en el suelo del local tecnico de la primera planta. Se le enredo el pie en uno de los muchos cables del pozo y por un breve instante, mientras agitaba la pierna para liberarse, penso que el cable le habia atrapado como el tentaculo de un pulpo gigantesco. Avanzo a gatas por el suelo, apartandose del pozo y, apoyado contra un armario, espero a recobrar el aliento y la calma.
– Joder, ?como lo has hecho? -pregunto en voz alta, casi con reverencia-. ?Como has imitado la voz de Grabel? ?Pero si hasta la risa parecia la suya, cono!
Luego comprendio como podria haberlo hecho. En algun momento, el ordenador habia tomado muestras de la voz de Grabel, convirtiendo cada una de ellas en un numero binario que posteriormente podia grabarse como una serie de impulsos. ?Suficiente para una conversacion entera? ?Y teologica, por anadidura? Era fantastico. Si Ismael era capaz de eso, entonces podia hacer cualquier cosa.
Cualquier cosa, quiza no. Mitch se dijo que, al fin y al cabo, seguia vivo. Entonces, ?por que lo habia hecho? No para divertirle a el, en todo caso.
Se incorporo, volvio a la puerta abierta del pozo de ventilacion y asomo cautelosamente la cabeza. No parecia distinto de antes. Y, sin embargo, habia algo. Algo que presentia en la medula de los huesos. Esperaba no tener que subir de nuevo para averiguar lo que Ismael le habia preparado.
Se dirigio hacia las luces del atrio. Caminaba con sigilo, medio esperando que se abriera una puerta para encontrarse ante otra sorpresa del ordenador. Llego al borde de la galeria y se asomo por encima de la balaustrada para ver la distancia por la que deberia deslizarse a lo largo del tirante.
Habia calculado unos cinco metros, pero ahora veia que eran casi diez. No tuvo en cuenta que entre la planta baja y el primer nivel habia doble altura. El descenso por el tirante podia resultar bastante brusco. Y llegar a el tampoco iba a ser nada facil.
Se dirigio al borde de la galeria, paso la pierna sobre la balaustrada y puso el pie en el travesano que salia de la enorme columna de sosten que llegaba al techo. El tirante salia del otro lado de la columna, y llegaba al suelo formando un angulo de cuarenta y cinco grados. Cruzo el travesano como un funambulo y, rodeando la columna con una pierna y un brazo, fue tanteando para encontrar la continuacion del travesano al otro lado, por encima del tirante. La columna era ancha, aunque quiza no demasiado. Estirando la pierna busco un saliente donde apoyar el pie y dar la vuelta. Al cabo de unos momentos lamento que se le hubiera ocurrido aquello. Estaba claro que para llegar al otro lado tenia que abandonar por completo la seguridad del travesano y meter el borde del zapato en el centimetro de grieta que se abria entre la juntura de una seccion de la columna y la siguiente. Seria imposible volver atras. No era mucho margen para arriesgar la vida. Una vez, cuando escalaba un acantilado frente al mar en sus tiempos de boy-scout, se habia caido quiza solo a la mitad de aquella altura y se habia roto varios huesos. Guardaba un recuerdo muy vivo de la sensacion de chocar contra las rocas y, ya inconsciente, de estar muerto. Sabia la suerte que habia tenido entonces, y no pensaba tener tanta la segunda vez.
Tomando impulso, se aparto del travesano y, agarrandose fuerte a la columna, como una mosca humana, fue avanzando centimetro a centimetro con el borde de los zapatos metidos en la minuscula fisura. No tardo mas de un minuto, pero tuvo la impresion de que se habia pasado toda la vida pegado a la columna y de que nunca llegaria a la otra parte.
Vista su situacion de desventaja, Beech se decidio por un juego cerrado, con una apertura poco convencional, peon de f2 a f4, renunciando de momento a cualquier iniciativa. Desde el punto de vista de la simple aritmetica, sabia que era mejor peon de e2 a e4, porque asi despejaba cuatro escaques para la reina, pero al mismo tiempo dejaba un peon indefenso y Beech considero que eso podria convertirse facilmente en una fuente de problemas. Penso, ademas, que Ismael conoceria todos los analisis existentes sobre el juego abierto a partir de e2-e4. El hecho de que el jugase con exagerada prudencia no tenia, en su opinion, nada de extrano. Pero si le parecio raro que Ismael demostrara una cautela semejante jugando con negras. Al cabo de veinte movimientos, Beech se sintio mas que satisfecho con su posicion. Al menos no sufriria una derrota en toda regla.
– ?Que tal esta? -pregunto Jenny a Curtis.
Willis Ellery yacia con el palido rostro vuelto hacia la pared, y solo algun esporadico acceso de tos confirmaba que aun estaba vivo.
– Se pondra bien, creo.
Jenny miro el reloj y luego el
– Casi ha pasado una hora -comento.
– Nos quedan diez -murmuro Beech.
– Supongo que tardara mas de lo que pensaba. Pero lo conseguira, ya vera.
– Espero que tenga razon.
Marty Birnbaum, que tenia apoyada la cabeza en los antebrazos, alzo la vista, observo un momento a Bob Beech con ojos vidriosos y luego se inclino hacia Curtis.
– Inspector -musito.
– ?Que ocurre?
– Algo horrible.
– ?Que?
Birnbaum se paso nerviosamente la mano por el rostro sin afeitar y se dio unos golpecitos en un lado de la nariz.
– Beech -explico-. Bob Beech esta ahi sentado, jugando al ajedrez. ?Y sabe con quien juega?
– Con el ordenador. ?Y que?
– No, no juega con el ordenador. Eso es precisamente lo que queria decirle. -Birnbaum cogio su copa de vino vacia y se quedo mirandola-. Antes no me lo creia. Pero ahora que llevo pensandolo un rato, me doy cuenta de que ella solo pretende hacernos creer que Beech esta jugando con el ordenador.
– ?Quien es ella?
