– Algunas magulladuras. -Se bajo el calcetin para examinarse el tobillo, que ya se estaba poniendo morado-. Pero no creo que corra mas que esa cosa. Le he pegado un par de tiros, pero ni siquiera ha aflojado la marcha. Ahora se ha puesto a fregar el jodido suelo.

– Eso esta bien. Que haga lo que tiene que hacer.

– Bueno, y, entre tanto, ?que hacemos?

– Poner en practica una idea que se me ha ocurrido. Vamos a bombardear al hijo de puta ese.

– ?Como?

– Dejaremos caer algo que ensucie el suelo. Y cuando este debajo de nosotros, le soltamos un bombazo. Lanzaremos algo muy pesado.

– Puede que de resultado.

– Agache la cabeza, amigo -dijo Curtis, con una risita ahogada-. Le avisare cuando tengamos preparado el pepinazo.

– Creo que ya se lo que podemos utilizar -anuncio Helen. Los condujo a un cuarto cerca de los ascensores donde un objeto solitario aguardaba en un carrito su destino final.

La cabeza del Buda media un metro de altura. Era lo unico que quedaba de una milenaria estatua de bronce, que debia de haber sido enorme, de la dinastia Tang. Curtis cogio la usnisa, la protuberancia en lo alto de la cabeza del Buda que indicaba el acceso a la suprema sabiduria, y removio suavemente el objeto.

– Tiene razon -le dijo a Helen-. Es perfecto. Debe de pesar cien kilos.

Joan sacudio la cabeza, horrorizada. No sabia que parte de su ser se sentia mas ofendida: la budista o la amante del arte.

– ?No, no pueden hacerlo! ?Eso no tiene precio! ?Diselo, Jenny! ?Es un objeto sagrado!

– Estrictamente hablando -repuso Jenny-, budismo y taoismo son dos cosas diametralmente opuestas. No veo nada malo en ello, Joan.

– Ray, diselo.

Richardson se encogio de hombros.

– Yo digo que utilicemos ese Buda para liquidar al robot antes de que el robot liquide a Mitch.

Empujaron el carrito con la estatua hacia la galeria y, mientras Curtis y Richardson situaban la cabeza un poco mas alla del sitio por donde se habia desplomado Arnon, Jenny se dirigio a la cocina, donde el aire ya era respirable, a buscar algo para ensuciar el pulido suelo del robot. Cebo para la bomba, como decia Curtis. Volvio con un par de botellas de ketchup.

– Esto cabreara mucho a esa cosa -anuncio.

Mitch vio que el robot daba media vuelta, apartandose del limpio suelo bajo el piano, y enfocaba la camara hacia el estallido de cristal y ketchup sobre el marmol inmaculado. Se dirigio inmediatamente hacia la nueva mancha, inspeccionando el contorno de la gran tarea de limpieza que le aguardaba.

– Esperad mi senal -dijo Mitch-. Todavia esta al borde de la mancha. Dejaremos que el cabron este bien en el centro para que podais acertarle de lleno.

Pero el robot permanecio al borde de la mancha, como si recelase alguna trampa.

– ?Que hace? -pregunto Jenny.

– Me parece que…

De pronto, el robot acelero hacia el centro de la extensa salpicadura de ketchup y Mitch grito:

– ?Ahora! ?Tiradlo ya!

La cabeza del Buda parecio tardar una eternidad en llegar al suelo. Como colgada de hilos invisibles, apenas moviendose en el aire, cayo con serenidad, como instando a la tierra a ser testigo del acontecimiento decisivo de su ultimo viaje, hasta que, con un tremendo impacto, se estrello sobre el robot SAM y lo convirtio en una lluvia de metal y plastico.

Mitch se agacho bajo el muro del estanque para protegerse de los restos que volaban por encima de su cabeza. Cuando volvio a mirar, el robot habia desaparecido.

En cuanto el aire de la sala de juntas volvio a ser perfectamente respirable, Bob Beech anuncio que queria volver al ordenador para seguir sondeando las intenciones de Ismael.

Curtis intento disuadirle.

– ?Va a volver ahi dentro? ?A jugar al ajedrez?

– Mi posicion es mejor de lo que habia pensado. El juego de Ismael me parece un tanto vacilante. Si, de eso estoy seguro.

– Suponga que Ismael prepara otra jugadita como la de antes. Imaginese que le ataca con gases. Y, entonces, ?que? ?Ha pensado en eso?

– Mire, creo que en realidad solo queria matar a Willis Ellery.

– ?Y eso le parece bien?

– No, claro que no. Lo unico que digo es que no me pasara nada mientras siga jugando con el. Ademas…, no creo que lo entienda.

– Pruebe -le desafio Curtis.

– Es algo mas que un juego. Yo he creado a ese monstruo, Curtis. Si tiene alma, me parece que tengo derecho a conocerla. Al creador le gustaria hablar con su criatura, si lo prefiere. Al fin y al cabo, soy yo quien ha sacado a Ismael de las tinieblas. Pese a todo lo que ha hecho, no puedo considerarlo mi enemigo. Quiero que Ismael me hable, que se explique. Podemos establecer un dialogo. A lo mejor encuentro la manera de desarmar la bomba de relojeria.

Curtis se encogio de hombros.

– Alla usted.

Cuando Beech se sento de nuevo frente a la pantalla, el cuaternio se volvio hacia el. Luego se inclino, como saludando la continuacion de la partida. Aunque habia memorizado el tablero y ya sabia el movimiento que iba a hacer, Beech estudio las piezas durante unos momentos. Tenia la impresion de que Ismael habia cometido un error.

Pulso el raton, moviendo el rey a b1.

Se alegraba de que los demas tuviesen miedo de volver. Ahora tendria ocasion de estar a solas con su Prometeo electronico. Ademas, tenia su propia lista de prioridades para presentar a su criatura.

La cabeza estaba hueca, como un gigantesco huevo de chocolate: el rostro se habia desprendido en un solo trozo. Mitch vio que, por la otra cara del metal, se reconocian con todo detalle los labios y los ojos del Buda. Echo a andar, cojeando, entre los revueltos restos del Buda y del robot SAM, preguntandose cual seria la premonicion del feng shui por haber profanado la imagen del mayor santo de Extremo Oriente.

Tras el mostrador en forma de herradura, de ceramica resistente al calor, no habia ni rastro del holograma de Kelly Pendry. Mitch casi sintio alivio. Al menos no tendria que soportar su incansable jovialidad. Pero el holograma debia activarse cada vez que alguien penetraba en el plano inclinado que limitaba el ambito de interaccion de Kelly Pendry. Si el holograma no funcionaba, la puerta de entrada tenia que estar abierta.

– Demasiada suerte -dijo en alta voz, pero siguio hasta la puerta de todos modos, para asegurarse.

Seguia cerrada. Apoyo la nariz en el cristal tintado, tratando de ver si habia alguien en la plaza, pero convencido de que no era probable. Apenas distinguio los bloques hidraulicos del Pavimento Disuasorio, que formaban altibajos para mantener a la gente alejada de la plaza. Un par de veces vio pasar las destellantes luces de un coche patrulla por Hope Street, y aquello fue suficiente para que empezara a golpear la puerta con la palma de la mano, al tiempo que daba gritos de auxilio. Pero sabia que era una perdida de tiempo. El panel de vidrio apenas se estremecia bajo sus punos. Era igual que golpear un muro de hormigon.

– ?Mitch? -grazno el walkie-talkie-. ?Estas bien? ?Que ocurre? -Era Jenny otra vez-. Te he oido gritar.

– No es nada -contesto el-. He perdido un momento la cabeza, eso es todo. Supongo que ha sido el hecho de estar cerca de la puerta. -Tras lo cual, en tono optimista, anadio-: Te llamare cuando haga funcionar el laser.

Volvio a colocar el aparato en el cinturon de Dukes y regreso al mostrador, preguntandose si realmente sabia lo que se hacia.

Su experiencia con aparatos de laser era escasa, por no decir nula. Quiza tuviese razon Ray Richardson. Era bastante probable que solo consiguiera quedarse ciego. O algo peor. Pero ?que podia hacer, si no?

En aquel momento se llevo tal susto, que el corazon le salto dentro de la caja toracica igual que si fuera un

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