– La Muerte. Beech esta jugando al ajedrez con la Muerte.

– ?Quien es ahora el supersticioso? -dijo Helen en tono desdenoso.

– No, en serio. Estoy seguro.

Curtis cogio del suelo una botella de vino vacia y la puso en la mesa. Inmediatamente, Birnbaum la volco sobre la copa.

– ?Cuanto ha bebido? -pregunto Curtis.

Birnbaum miro la copa vacia con aire vacilante, tosio y sacudio la cabeza.

– No se preocupe de eso. Escucheme. He cambiado de opinion. Y creo que usted tiene razon. Tenemos que escapar de aqui. Se me ha ocurrido que… -Volvio a toser-. Mientras Beech tiene distraida a la Muerte, bueno, pues que es el mejor momento de escapar. Me parece que los dos estan tan ocupados con el juego que ni siquiera…

Curtis tosio tambien. El aire empezaba a cobrar un sabor metalico. Tratando inutilmente de respirar una bocanada de aire puro, volvio a toser y observo que Ellery estaba ahora tendido de espaldas con una burbuja de mucosidad entre los labios. Se hinco de rodillas, miro con atencion el borde de una seccion de la moqueta y la arranco con las manos.

– ?Gas! -grito-. ?Todo el mundo fuera!

Salia humo del panel de acceso situado en el centro de la estancia. Curtis lo abrio y aparecio algo casi organico, como las venas, arterias y fibras nerviosas de un cadaver diseccionado: miles de kilometros de cables de cobre que conducian la informacion por toda la Parrilla. En una sala de ordenadores o en una base militar, los cables de datos se habrian revestido de un material especial de combustion lenta con escasa capacidad fumigera. O con un revestimiento no halogeno. Pero como la sala del consejo de administracion de la Parrilla no se habia definido como zona de alto riesgo de incendio, los cables estaban guarnecidos con un material corriente de cloruro de polivinilo, y el humo emanado de este material, debido a las temperaturas sumamente altas que Ismael habia generado en los cables de cobre, estaba compuesto de gases toxicos.

Curtis busco un extintor con la mirada. Al no ver ninguno, cogio a Ellery por las axilas y empezo a tirar de el.

Jenny, Helen y Birnbaum se precipitaron hacia la puerta, medio asfixiados ya por las emanaciones que se dispersaban con rapidez, pero Beech parecia dispuesto a quedarse sentado frente al ordenador.

– Pero ?esta loco? -grito Curtis, tosiendo-. ?Larguese ahora mismo de aqui, Beech!

Casi de mala gana, Beech se levanto tambaleante de la silla. Convulso por un acceso de tos, salio con los demas al pasillo, adonde Ray y Joan Richardson ya habian escapado de las mismas emanaciones surgidas bajo el suelo de la cocina.

– A la galeria -dijo Curtis-. El aire sera mejor cerca del atrio.

Beech ayudo a Curtis a arrastrar a Ellery a la parte de la balaustrada por donde David Arnon se habia precipitado hacia la muerte. Permanecieron alli un momento, tosiendo, dando arcadas y escupiendo hacia el atrio.

– ?Que cono ha pasado? -pregunto Joan, tratando de respirar.

– Ismael debe haber recalentado los cables de datos que van por el suelo para que soltaran un gas halogeno acido -explico Richardson-, pero no se como.

– ?Sigue pensando que sobreviviremos al fin de semana? -le dijo Curtis.

Se enjugo las lagrimas de los ojos y se arrodillo junto al herido. Ellery ya no respiraba. Curtis se inclino y aplico la oreja junto a su corazon. Esta vez no habia manera de revivirlo.

– Willis Ellery ha muerto -anuncio al cabo de una larga pausa-. Estaba tumbado en el suelo. El pobrecillo debe haber respirado esa cosa mas tiempo que los demas.

– ?Dios mio, espero que Mitch este bien! -rogo Jenny, y miro ansiosamente por encima de la combada barandilla.

Pero no habia senales de el.

Mitch se solto del tirante y cayo al suelo.

Mientras rodeaba el arbol para dirigirse a la recepcion holografica, vio lo que quedaba de David Arnon. Apenas reconocible, yacia sobre la sangrienta mesa, empalado en la pata rota como un vampiro en una desagradable pelicula de terror, y, con las largas piernas abiertas y dobladas, parecia un espantapajaros derrumbado.

De que extrana forma se reaccionaba ante las cosas, penso Mitch mientras permanecia junto a su viejo amigo, con una breve plegaria en el corazon y deseando que al menos hubiese algun medio de cubrirlo. En que cosas tan raras se fijaba uno: Arnon estaba cubierto de sangre coagulada, pero, a su alrededor, el suelo de marmol blanco no tenia ni una mancha, casi como si acabaran de fregarlo. Unos metros mas alla, despatarrado sobre la tapa del piano Disklavier, estaba Irving Dukes, con la cabeza colgando sobre las cuerdas y los ojos abiertos, aun enrojecidos por el veneno.

Mitch busco el walkie-talkie y vio que Dukes lo llevaba a la cintura, junto con la pistola y la linterna. Cuando intentaba desabrocharle el cinturon, se inclino sobre las teclas del piano, reducidas al silencio, y, horrorizado, retrocedio de un salto al ver que rezumaban sangre. Tardo unos momentos en comprender que la sangre de la tremenda herida en la nuca de Dukes habia caido a la caja del piano y corria entre las teclas en cuanto el las toco. Se limpio los dedos en los pantalones del muerto y, sin hacer caso de la sangre que ahora chorreaba del teclado, le quito rapidamente el cinturon al cadaver.

– Espero que no se haya estropeado -dijo mientras examinaba el walkie-talkie.

Apreto el boton de llamada.

– Soy Mitch. Adelante planta veintiuno. Cierro.

Hubo un momentaneo silencio y luego oyo la voz de Jenny.

– ?Mitch? ?Estas bien?

– La bajada ha sido mas dificil de lo que pensaba. ?Como van las cosas?

Jenny le explico lo del gas y le comunico la muerte de Willis Ellery.

– Hemos salido a la galeria, hasta que se renueve el aire. Si miras hacia arriba, podras verme.

Mitch se dirigio al otro lado del atrio y alzo la vista. Apenas distinguio a Jenny. Agitaba los brazos. El le devolvio el saludo sin mucho entusiasmo. Willis Ellery estaba muerto.

– ?Mitch? -De pronto habia urgencia en su voz-. Hay algo que esta atravesando el atrio. Va derecho hacia ti. ?Mitch!

Mitch dio media vuelta.

El robot de la limpieza venia lanzado hacia el.

El marmol es uno de los materiales mas faciles de mantener. La belleza de la blanca piedra puede realzarse aplicando una buena cera de silicona, aunque hay que tener cuidado para no dejar cercos. Y por eso existia SAM, el robot semiautonomo micromotorizado para limpieza de superficies: el aparato de mantenimiento mas perfeccionado del mundo para suelos de marmol, concebido para hacer frente a cualquier contingencia, del aceite a los zumos de citricos, al vinagre y a otros liquidos ligeramente acidos. SAM tenia el peso y las dimensiones de un frigorifico mediano, y forma de piramide. Propulsado por treinta micromotores rodeados de silicio, la maquina era practicamente una microplaqueta de semiconductor con ruedas, con un circuito de dieciocho ordenadores, cincuenta sensores distintos para detectar obstaculos y una camara de infrarrojos para buscar el polvo. SAM no debia desplazarse a mas de kilometro y medio por hora, pero embistio a Mitch en el tobillo a mas de veinte. El impacto lo lanzo por los aires.

Mientras volaba sobre el vertice del robot piramidal, Mitch recordo el brillante suelo en torno al cadaver de Arnon y, antes de aterrizar en el marmol, se dijo que debia haber pensado en SAM. Todo dolorido, intentaba levantarse cuando la maquina volvio a golpearle, esta vez en la rodilla. Con un aullido de dolor, cayo hacia atras abrazandose la pierna.

A la distancia suficiente para darse impulso y lanzar otro temible ataque, el robot giro en redondo sobre su estrecho eje y, una vez mas, acelero.

Mitch desenfundo la pistola de Dukes, apunto al centro de la piramide electronica, disparo y acerto varias veces. Pero si el SAM habia sufrido averias, no las acuso, y Mitch se vio proyectado hacia el estanque vacio al pie del arbol. Agradeciendo la sugerencia, se encaramo al pequeno muro para ponerse a salvo. SAM patrullo durante unos momentos el perimetro del estanque y luego se puso a limpiar la sangre que habia chorreado del piano.

– ?Mitch? -Era Curtis, que hablaba por el walkie-talkie-. ?Esta bien?

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