salmon que ascendiera por el curso de un rio para desovar.
Detras del mostrador, en lugar de la empalagosa presentadora de
– ?Santo cielo! -exclamo.
Sabia que solo era un holograma: tres series de ondas luminosas difractadas formaban una imagen en tiempo real que le parecia haber visto, aunque no en una pelicula. Entonces lo recordo. Era el Demonio Paralelo, la criatura decisiva del juego de ordenador con que el hijo de Aidan Kenny habia jugado en la sala de informatica. ?Como se llamaba?
Mitch sabia que harian bien en escapar de aquella fortaleza urbana. Y tambien que aquella replica del Demonio Paralelo no podia hacerle dano, pero tardo unos minutos en hacer acopio de valor para aproximarse.
– Estas perdiendo el tiempo, Ismael -dijo, sin mucha conviccion-. No te va a dar resultado. No me asustas, ?entiendes?
Pero se sentia incapaz de dar un paso mas. De pronto, el monstruo se lanzo hacia el, buscandole la garganta con las dobles mandibulas. Pese a lo que acababa de decir, Mitch salto rapidamente a un lado.
– Muy realista, desde luego -admitio, tragando saliva-, pero no me lo trago.
Respiro hondo, apreto los punos y, haciendo lo posible por olvidarse del holograma, se encamino derecho al mostrador, jadeando cuando el demonio le clavo las aceradas puntas que le brotaban de los enormes nudillos. Por un breve instante creyo que habia cometido un error, tan convincente era la vision del puno de la criatura atravesandole el esternon. Pero se tranquilizo ante la ausencia de sangre y dolor. Haciendo esfuerzos por no hacer caso del monstruo, se agacho bajo el mostrador para buscar las gafas infrarrojas. Las encontro en un cajon junto con un manual de la McDonnell-Douglas.
El monstruo desaparecio.
– No ha estado mal, Ismael -dijo Mitch.
Se puso las gafas y abrio el mostrador. Detras de la puerta habia un armario de acero negro que albergaba la columna de amplificacion del laser.
PELIGRO. NO ABRIR ESTE ARMARIO
CONTIENE LASER DE ITRIO, ALUMINIO Y GRANATE CON
BOMBEO DE DIODO DE NEODIMIO EN ESTADO SOLIDO Y
UN DISPOSITIVO DE OBTURACION Q. SOLO EL PERSONAL
AUTORIZADO DE LA EMPRESA MCDONNELL-DOUGLAS
PUEDE PROCEDER A LA INSPECCION Y MANTENIMIENTO
DE ESTE APARATO.
ATENCION: UTILIZAR PROTECCION OCULAR CAPAZ DE
BLOQUEAR UNA LONGITUD DE ONDA DE 1,064 MICROME-
TROS EN EL INFRARROJO CERCANO.
Mitch comprobo las gafas para asegurarse de que impedian completamente el paso de la luz: en el laser, lo que cegaba era la luz invisible. Luego abrio la puerta del armario. Nunca habia visto un aparato de laser, salvo los pequenos que funcionaban como un radar y utilizaban en la oficina para hacer alineaciones, medir distancias y determinar corrientes de aire, pero, cotejando la disposicion interna del armario del holograma con el manual de la McDonnell-Douglas, Mitch logro reconocer el tubo de plastico transparente que contenia la barra de itrio, aluminio y granate. Era dificil consultar el manual con las gafas oscuras, pero, aunque el rayo laser se proyectaba a traves de una manga metalica que unia el mostrador a la fuente de la imagen en tiempo real -la parte que Ismael controlaba-, resistio la tentacion de quitarselas. Tardo varios minutos en localizar y desconectar el boton que activaba el dispositivo Q -un obturador optico rigido, normalmente opaco, que se volvia transparente mediante la aplicacion de un impulso electrico-. El aparato ya no podia emitir rayos laser y, por tanto, no se producirian mas hologramas hasta que el obturador fuese activado de nuevo.
Mitch emitio un suspiro de alivio y se quito las gafas. Ahora solo tenia que encontrar el medio de apuntar el laser en la otra direccion, hacia la puerta principal.
Richardson y Curtis llevaron el cadaver de Ellery a un despacho vacio, lo depositaron en el suelo y le cubrieron el rostro con su chaqueta.
– Quiza deberiamos traer tambien a los tres del ascensor -sugirio Curtis.
– ?Por que?
De un manotazo, Curtis se espanto una mosca de la cara.
– Por las moscas. Ademas, ya empiezan a oler. Cada vez que paso por alli es peor.
– No huelen tan mal -aseguro Richardson-. Por lo menos, solo huele delante del ascensor.
– Si ahora huelen, mas tarde sera peor, creame. El estado de putrefaccion no tarda mucho en presentarse. Por termino medio, aparece al cabo de dos dias. Menos, con este calor.
En el suelo habia unos plasticos para proteger la moqueta. Curtis los recogio.
– Utilizaremos esto. Pero sera mejor que antes atranquemos las puertas para que no se cierren. Solo nos faltaria que Ismael pensara que queremos utilizar el ascensor, ?eh?
De mala gana, Richardson ayudo a Curtis a sacar de la cabina los ya descongelados y malolientes cadaveres de Dobbs, Bennett y Martinez para trasladarlos al despacho donde habian dejado a Ellery. Cuando terminaron, Curtis cerro firmemente la puerta al salir.
– Ya esta, una cosa hecha -dijo.
Richardson tenia la cara verde.
– Me alegro de que la tarea le haya resultado agradable -comento.
– Si, bueno, esperemos que no tengamos que volver ahi dentro. Soy alergico a ciertos ambientes -dijo Curtis.
– Tambien lo era Willis Ellery.
– No era mal tipo.
– Ahora ya no, desde luego -apostillo Richardson.
Volvieron a la galeria, donde, a excepcion de Beech, los demas seguian esperando.
– Oiga, siento lo que he dicho antes -le dijo Richardson a Curtis-. Todo lo que he dicho. Usted tenia razon. En lo de tratar de largarnos de aqui. Ahora lo comprendo. En adelante puede contar conmigo, para lo que sea.
Los dos hombres se estrecharon la mano.
– ?Cree que Mitch podra conseguirlo? -le pregunto Curtis.
– Me parece bastante improbable -reconocio Richardson-. Creo que se hara la picha un lio con el laser.
Jenny, asomada a la barandilla de la galeria para ver a Mitch, lanzo una mirada de reproche al arquitecto.
Curtis asintio gravemente con la cabeza y se volvio hacia Jenny.
– ?Como le va?
– No alcanzo a verle. Pero ha dicho que ha sacado el laser del armario. Volvera a llamar cuando se disponga a dispararlo.
Se sentaron los tres junto a Helen, Joan y Marty Birnbaum, que estaban durmiendo.
– ?Cuanto tiempo nos queda? -pregunto Jenny.
– Nueve horas -contesto Curtis,
– Eso si uno se cree lo de la bomba de relojeria -puntualizo Richardson.
– En vista de todo lo que ha pasado, no podemos permitirnos el lujo de no creerlo.
– Supongo que no.
Marty Birnbaum, que se habia despertado, solto una carcajada.
– Asi que al final se trata de mazmorras y dragones -dijo con voz pastosa-. Lo que yo decia.
– Pues hemos echado en falta tu contribucion, Marty -observo Richardson-. Igual que un agujero en la puta
