capa de ozono. Me pregunto si podriamos elegir la proxima victima. Como si sacrificaramos un peon. Los jugadores de ajedrez llaman a eso un gambito. ?Que os parece el gambito Marty Birnbaum?

– ?Que cabron! -mascullo Birnbaum-. ?Muchas gracias!

– ?No hay de que, gilipollas!

Mitch volvio a ponerse las gafas y se preparo a disparar el laser.

Separada de su alojamiento bajo el mostrador, la barra del laser seguia unida a los cables electricos que activaban una lampara de bombeo enrollada en torno al tubo refrigerante como un muelle de colchon. Estirando los cables, Mitch pudo apoyar el aparato en el mostrador y apuntar al cristal de la fachada. Como casi era medianoche y el centro de la ciudad estaba practicamente desierto, Mitch no temia que el rayo laser hiriese a alguien al traspasar los paneles de vidrio de nueve metros y medio de altura que rodeaban la puerta de entrada. Aun asi, apunto bajo, prefiriendo lanzar el rayo mortal hacia el pavimento de la plaza.

Cuando todo le parecio a punto, pulso el obturador Q y vio que un rayo fino y brillante caia subitamente sobre el cristal como un relampago. Luego desconecto el aparato y fue a inspeccionar los efectos del disparo.

Inclinandose frente al cristal, Mitch descubrio un agujero perfecto, no mayor de una moneda, por el que entraba aire fresco. Casi dio un grito de alegria.

Su plan, aunque laborioso, era sencillo. Consistia en practicar una serie de diminutas perforaciones en el vidrio hasta que, a base de golpes, pudiera hacer un agujero lo bastante grande para salir.

Cogio el walkie-talkie y comunico a Jenny la buena noticia.

– ?Estupendo! -contesto ella-. Pero ten cuidado. Y deja conectado este aparato, ?quieres? No soporto que lo tengas apagado. Aunque no pueda verte, por lo menos se que estas bien.

– Voy a tardar un buen rato -advirtio Mitch, pero de todos modos no desconecto el walkie- talkie.

Movio la barra del laser un poco a la izquierda de donde habia apuntado antes y se dispuso a hacer el siguiente agujero.

Esta vez Ismael estaba preparado.

En la fraccion de segundo que Mitch tardo en accionar el obturador, Ismael congrego los atomos de plata que quedaban en el vidrio para formar una superficie reflectante que, como un enorme espejo, devolvio directamente el rayo laser hacia su punto de partida.

Con un grito de terror, Mitch se lanzo a un lado, evitando por poco el ardiente rayo luminoso. Pero dio con la frente en el mostrador y, al caer, recibio en la nuca un golpe aun mas fuerte contra el suelo de marmol.

Jenny miraba a Curtis, que intentaba comunicarse con Mitch por el walkie-talkie, y, pese al sofocante calor de la Parrilla, sintio un escalofrio. Cuando se dio cuenta de que estaba conteniendo la respiracion, dejo escapar un largo suspiro.

Curtis pulso una vez mas el boton de llamada.

– ?Mitch? Responda, por favor.

Hubo un largo silencio.

Curtis se encogio de hombros.

– Estara muy ocupado, probablemente.

Jenny nego con la cabeza y rechazo el walkie-talkie que le ofrecia el inspector.

– Sera mejor que lo coja cualquiera de vosotros -dijo.

Joan se hizo cargo del aparato.

– Jenny, es posible que en estos momentos solo pueda ocuparse del laser.

– No teneis que fingir para consolarme -repuso Jenny con voz queda-. Todos hemos oido a Mitch. -Trago saliva con dificultad-. Creo que todos lo sabemos. Mitch no responde porque…

Helen le cogio la mano y se la apreto. Jenny tosio y logro contenerse.

– Estoy bien -aseguro-. Pero creo que deberiamos decidir algo para salir de aqui. Prometi a Mitch que no nos dariamos por vencidos.

– Un momento -tercio Birnbaum-. ?No deberia bajar alguno de nosotros por la escalera para ver si Mitch esta bien? Podria estar herido.

– Mitch era consciente de los riesgos -repuso Jenny, sorprendiendose a si misma-. No creo que le gustara eso. Habria querido que siguieramos adelante. Que intentaramos salir.

Hubo unos minutos de silencio. Richardson lo rompio.

– La claraboya -dijo con voz firme.

– ?Que claraboya?

Richardson alzo la cabeza.

– La que tenemos encima, en el techo. Alla arriba el cristal es mas delgado.

– ?Quieres decir que si rompemos los cristales podremos salir de aqui? -pregunto Helen.

– Claro. ?Por que no? Subimos por el pozo de ventilacion. Luego utilizamos la escalera movil y la plataforma desplazable para llegar a la claraboya y de alli pasar al tejado. Es cristal normal y corriente. Silicato de boro precomprimido. Seis o siete milimetros de espesor, todo lo mas. El unico problema es que hacemos al salir. La jaula de Faraday se extiende hasta el extremo superior del mastil, asi que el walkie-talkie no funcionara. Quiza podriamos hacer senas a un helicoptero o algo asi. O atraer la atencion con su pistola…, disparando al aire.

Curtis solto una carcajada.

– ?Y correr el riesgo de que nos maten a tiros? Ultimamente, los pilotos de esos trastos disparan a la menor provocacion. Sobre todo desde que se ha puesto de moda tirar al blanco contra ellos desde los tejados. ?Es que no ve las noticias? Hay un cabron que hasta les lanza cohetes. La ultima moda es disparar a las aspas de los helicopteros. Ademas, gaste toda la municion contra la puerta de los servicios. -Curtis sacudio la cabeza-. ?Que hacen los que limpian los cristales? ?No utilizan un andamio colgado?

– Si, claro que hay un andamio colgado. Pero tenemos el jodido problema de siempre: Ismael. Imaginese que esta subido en el andamio y al cabroncete se le ocurre un jueguecito. ?Que pasa entonces?

– Podriamos hacer una fogata en el tejado -sugirio Jenny-. Ya saben, como un faro.

– ?Con que? -pregunto Richardson-. Nadie fuma, ?recuerdas? Y la cocina no funciona.

– Y pensar que tengo en el coche todo lo necesario para hacer fuego -se lamento Jenny-. Por eso vine ayer. Tenia que celebrar una ceremonia feng shui para ahuyentar del edificio a los malos espiritus. Solo que…

– A lo mejor podemos tirar un mensaje -propuso Helen-. Diciendo que estamos atrapados en el tejado. Alguien acabara encontrandolo.

– ?Ojala siguieran ahi esos manifestantes! -se lamento Richardson.

– Vale la pena intentarlo -convino Curtis.

Ahora le toco sonreir a Richardson.

– Siento aguaros la fiesta, pero olvidais una cosa, chicos. Esto es una oficina sin papel. Aqui todo se escribe en ordenador. Quiza me equivoque. ?Ojala! Pero resultara muy dificil encontrar una hoja de papel. A menos que querrais tirar un portatil a la calle.

– Yo tengo un Vogue -dijo Helen-. Podemos arrancar una hoja y escribir en ella.

Richardson negaba con la cabeza.

– No, en mi opinion solo cabe hacer una cosa cuando salgamos al tejado.

Curtis fue a hablar con Beech y lo encontro, como antes, frente a Ismael, al otro lado del tablero de ajedrez. En la sala seguia habiendo un fuerte olor a gas.

– Mitch no lo ha logrado -anuncio con voz queda.

– Quiza lo hayan matado los ciclopes -sugirio Ismael.

Curtis miro fijamente al cuaternio, al otro lado del tablero.

– ?Quien ha hablado contigo, so cabron?

Beech se recosto en el respaldo de la silla y se froto los cansados ojos.

– ?Lastima! -comento-. Mitch era un tio cojonudo.

– Oiga. Vamos a salir de aqui. Tenemos un plan.

– ?Otro?

– Intentaremos salir por la claraboya.

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