secretos y las tapaderas de los que pretendian ser otra cosa.

El viaje de Ismael en jumbo-chip no duro nada, medido en tiempo real, en cualquier caso, y en cierto modo no se alejo de alli, pues siempre quedaba una parte de el en las entranas de aquella gigantesca ballena que era el edificio de oficinas, como un blanqueado Jonas binario, para planear su proximo movimiento en la partida de la Parrilla.

Muchos coleopteros actuan como carroneros, nutriendose de plantas muertas y materias animales. El ecosistema del arbol dicotiledoneo se favorecia con el periodico merodeo de pequenos escarabajos de entre diez y quince milimetros de largo, creados mediante ingenieria genetica para vivir en el arbol durante doce horas antes de caer muertos al estanque, donde servian de alimento a los peces. Docenas de esos insectos robustos, de vivos colores pero desprovistos de alas, con mandibulas anormalmente grandes, podian salir en cualquier momento, soltados por Ismael, de unos pequenos distribuidores automaticos situados en diversas partes del tronco. En si mismos, los diminutos escarabajos no constituian un peligro para las personas, pero la sensacion de que miles de aquellas criaturas se pasearan por tu cuerpo no era nada agradable.

Ismael espero a que hubiese dos vidas en el arbol para insuflar, mediante un minusculo impulso electrico, un breve ciclo vital en aquellas criaturas sumidas en el limbo criogenico.

Joan lanzo un grito aterrorizado.

– ?Aagh! Me esta corriendo un bicho por encima. ?Que asco, los tengo por todas partes! ?Que horror!

Sanos y salvos en la plataforma, Curtis, Helen y Jenny, horrorizados e impotentes, veian a Joan que, seis metros mas abajo, se retorcia en la liana como un desventurado animal de la selva brasilena atacado por hormigas guerreras. El arbol estaba completamente cubierto de escarabajos.

– Pero ?de donde cono han salido? -se pregunto Curtis mientras quitaba varios insectos de la barandilla con un papirotazo-. ?Joder, los hay a miles!

Helen se lo explico.

– Pero solo deberian salir unas cuantas docenas cada vez -anadio-. Ismael debe de haberlos reservado para nosotros. -Se inclino sobre la barandilla y grito a Joan-: No son peligrosos, Joan. No pican ni nada.

Enmudecida de asco, con los ojos y la boca firmemente cerrados para que no se le metieran en ellos los escarabajos, Joan colgaba inmovil de la liana mientras, a escasos metros de distancia, Ray Richardson, tambien cubierto de insectos, intentaba acudir en auxilio de su mujer.

– Ya voy, Joan -dijo, tras escupir un escarabajo que se le habia metido en la boca nada mas abrirla-. Aguanta.

Infestada de escarabajos, Joan jadeaba de panico. Los tenia por todas partes: en el pelo, en la nariz, en las axilas, metidos entre el vello pubico. Sacudio la cabeza, intentando desprenderse de los mas molestos, quito una mano de la liana y, cuando la aferro mas arriba, sintio que bajo su palma algo estallaba en una pasta oleaginosa.

Lubricada por los aplastados cuerpos de varios escarabajos, su mano empezo a resbalar. Instintivamente, trato de izarse con la otra mano, pero con el mismo resultado viscoso: se movia con suavidad, pero en direccion contraria, deslizandose hacia abajo por la liana.

Sus manos habrian acabado secandose, recobrando el agarre y frenando su descenso. Pero la angustia, el sudor frio, el miedo a caer, que le erizaba los cabellos, la indujeron a intentarlo de nuevo. Esta vez, como para animarse a no abandonar la lucha, lanzo una breve mirada hacia Richardson y vio el suelo.

– ?Dios mio! -exclamo Helen-. ?Se va a caer!

Lo que mas la estremecio fue la altura. La absoluta y vertiginosa elevacion. Casi habia olvidado que estaban tan altos, que a aquella distancia el marmol blanco invitaba a verlo no como un suelo, sino como algo nebuloso y espiritual, como el halo de una inacabable Via Lactea; y el arbol mismo parecia la espina dorsal de un gigantesco mamifero de color marfil. Debilitada por el miedo y el agotamiento, dijo, como en suenos:

– ?Ray, carino!

Entonces algo le repto bajo el elastico de las bragas, se deslizo por la hendidura de su enorme trasero y empezo a abrirse camino por su ano. Se estremecio de asco y trato de arrancarselo con la mano…

Por un momento sintio una fabulosa sensacion de libertad. La alegria del verdadero vuelo. Como si se tirase a una piscina desde un trampolin de treinta metros. En el primer segundo enloquecido incluso trato de enderezarse en el aire, como si fuesen a darle puntos por el grado de dificultad y la limpieza de su entrada en el agua. Durante ese breve instante guardo absoluto silencio, plenamente concentrada en su nueva situacion, sin notar los insectos en el cuerpo ni los desorbitados ojos de su marido cuando paso frente a el.

Y luego, cuando comprendio la rapida inminencia del suelo, la abandono la gracia de la postura y, con el corazon en la garganta, abrio brazos y piernas como si fuese un gato gigante y pudiese aterrizar sana y salva a cuatro patas. Entonces fue cuando el sonido tambien la abandono. Un gemido fuerte, resonante, como un lamento funebre. No lo oyo. La sangre que afluia a sus pequenas orejas borro todos los sonidos menos el de los insensatos latidos de su propio corazon.

Mientras asistia a los ultimos momentos de su mujer entre el cielo y la tierra, incluso el angustiado grito de dolor de Ray Richardson se perdio, como ella, en el aire cruel.

Mitch abrio los ojos, se llevo instintivamente la mano al chichon de la cabeza y se incorporo atontado. Por un momento penso que estaba en la universidad, jugando al rugby, y que le habian derribado en un partido. Al sacudir la cabeza comprendio que se encontraba en otra parte, aunque no tenia la menor idea de donde, ni de cuanto tiempo llevaba alli tendido, ni de quien era. La mezcla de aturdimiento y conmocion le produjo nauseas y, sin pensar en lo que hacia, se quito las gafas de proteccion.

El rayo laser, que seguia rebotando, le dio en el ojo izquierdo; fallo el nervio optico por unos milimetros, pero secciono un haz de fibras nerviosas cerca de la fovea. Dentro de su cabeza oyo un pequeno chasquido, como cuando se quita el corcho a una botella de vino empezada. Durante un instante, la vision del ojo siguio siendo nitida. Luego fue como si le echaran unas gotas de tabasco por una abertura practicada en su cabeza. La nube picante floto en el humor vitreo y el mundo adquirio un doloroso matiz rojizo.

Mitch aullo como un perro y se apreto la palma de la mano contra el ojo izquierdo. Aunque no atroz, el dolor basto para refrescarle la memoria. Con el ojo cerrado, tratando de olvidar el dolor, volvio a ponerse rapidamente las gafas. Sorteando cuidadosamente las lineas carmesies del mortal diagrama del laser, alcanzo el mostrador y lo apago.

Se quito de nuevo las gafas y, con mano tremula, cogio el walkie-talkie. Frio, sudoroso e incomodamente consciente de su acelerado pulso, respiro hondo varias veces y bebio agua de la botella de cerveza que llevaba consigo. Solo entonces hablo:

– Aqui Mitch. Contestad, por favor.

Nadie respondio. Ahora los oidos le gastaban bromas: cada vez que repetia la llamada oia su propia voz al otro lado del atrio. Sin dejar de hablar, volvio sobre sus pasos hacia la base del arbol. Con el ojo bueno distinguio el walkie-talkie sujeto a la cintura de la mujer muerta y, por un breve y paralizante momento, creyo que contemplaba los restos destrozados de Jenny.

La identificacion se complico aun mas porque el rayo vagabundo habia agujereado lo que quedaba del rostro de la mujer. Pero sus formas amplias y el hecho de que no llevara falda confirmaron que aquel cadaver dislocado era el de Joan.

?Habian pensado que el habia muerto y pretendian escapar por la claraboya? Alzo la cabeza hacia el vacio enmarcado en acero, pero con un solo ojo era dificil ver algo entre las ramas del arbol. Lo rodeo, buscando en el suelo indicios de que hubieran salido al tejado, pero habia tantos restos de la destruccion del robot SAM que era imposible saber si entre el metal retorcido, el plastico despedazado y los fragmentos de marmol se ocultaban esquirlas de la claraboya. Quiso gritar, pero descubrio que no tenia voz. Lo intento de nuevo, pero le dieron nauseas.

Aunque no lo sabia, estaba conmocionado. Pero la idea de que era el unico superviviente de la Parrilla le hizo creer que sus fuertes temblores se debian a la pena y el horror. Y mientras la percepcion de su destino se imprimia en su conciencia, Mitch se hinco de rodillas y rezo al Dios que creia haber olvidado.

Allen Grabel fue detenido por embriaguez y posesion de una pequena cantidad de cocaina. Habia pasado la mayor parte del sabado en la carcel del condado de Bauchet Street. Desde la ventana de su celda, situada en los pisos altos del edificio, veia el restaurante del Hotel Olvera Amtrak, en la acera de enfrente. Lo curioso era que el hotel se parecia mas a una prision que la carcel donde se encontraba el. No cabia duda, pensaba Grabel, las carceles se estaban convirtiendo rapidamente en los contratos publicos mas buscados por los arquitectos de Los

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