Angeles; todos los grandes nombres, con la notable excepcion de Ray Richardson, contaban ya con alguna estructura carcelaria en sus carteras de proyectos.
En la madrugada del domingo, Grabel se encontro lo bastante sobrio para recordar lo que habia presenciado en la Parrilla: la forma en que el ascensor habia matado al vigilante. Tras pensarlo mucho, comprendio que debia haber un fallo en la integridad del ordenador. Se dio cuenta de que era una deduccion mas racional que la que habia sacado en un principio, es decir, que algun espiritu maligno habia asesinado al vigilante. Pero si estaba en lo cierto, todo el que entrase en la Parrilla corria un peligro considerable. Decidido a informar de lo que habia visto, apreto el boton de llamada en la pared de la celda y espero. Al cabo de diez minutos aparecio un carcelero de rostro petreo frente a los barrotes de la puerta.
– ?Que cojones quieres? -gruno-. ?Sabes que hora es?
Grabel empezo sus explicaciones, haciendo esfuerzos para que no lo tomaran por loco. No avanzo mucho hasta que pronuncio la palabra asesinato.
– ?Asesinato? -replico desdenosamente el carcelero-. ?Y por que cono no lo has dicho al entrar?
Una hora despues se presentaron dos policias uniformados de New Parker Center. A punto de acabar su servicio, escucharon sin gran conviccion la historia de Grabel.
– Compruebenlo con sus colegas de la Criminal -insistio Grabel-. La victima se llamaba Sam Gleig.
– ?Por que no nos lo ha contado antes? -bostezo uno de los guardias, que solo escuchaba a medias.
– Cuando me detuvieron estaba borracho. Llevo asi bastante tiempo. Me he quedado sin trabajo. Ya saben como son estas cosas.
– Lo comunicaremos -dijo el otro agente, encogiendose de hombros-. Pero es domingo. Puede pasar algun tiempo antes de que alguien de la Criminal mueva el culazo para venir hasta aqui.
– Claro, lo comprendo -repuso Grabel-. Pero no perderian nada acercandose a la Parrilla, por si tengo razon, ?no les parece?
– No lo entiendo -dijo Beech, repasando el registro de sus movimientos-. * Has jugado muy mal. Creo que me has dejado ganar.
En la pantalla, el cuaternio asintio pausadamente, como una cabeza humana.
– Puedo asegurarle -declaro Ismael- que he jugado lo mejor que me permitia el programa.
– No es posible. Conozco este juego lo bastante para saber que no se me da muy bien. Vamos, que no hay mas que fijarse en el movimiento numero 39. Jugaste peon come peon, cuando habria sido mejor peon a alfil 6.
– Si, tiene razon. Habria sido mejor.
– Bueno, pues es lo que digo precisamente. Tenias que haberlo sabido. O me has regalado la partida o…
– ?O que?
Beech penso un momento.
– No lo entiendo, de verdad. Es imposible que hayas jugado una partida tan floja.
– Pienselo -dijo la voz por el amplificador del techo-. ?Cual es la funcion de un programa autorreproductor?
Ismael parecio inclinarse hacia el. La fealdad inhumana de aquella imagen matematicamente pura, perfecta, se le revelo entonces en toda su evidencia. El engendro que habia contribuido a crear parecia un insecto abominable. Beech respondio con cautela, tratando de disimular la repugnancia que ahora le producian los rasgos horriblemente complejos de Ismael.
– Mejorar los programas originales con arreglo a una pauta de utilizacion determinada.
– Exacto. Entonces estara de acuerdo, supongo, en que el ajedrez es un juego de sobremesa para dos jugadores.
– Desde luego.
– El concepto de juego entrana unos margenes difusos. En lo que se refiere al ajedrez, sin embargo, el elemento esencial consiste en una competicion que debe disputarse con arreglo a unas normas y que no decide la buena suerte sino la mayor habilidad. Pero cuando un jugador no tiene la minima posibilidad de vencer al contrario, ya no se trata de un juego de habilidad, sino del simple alarde de un intelecto superior. Teniendo en cuenta que el objetivo principal del ajedrez consiste en dar jaque mate al adversario y que el hecho de mejorar el programa original habria privado de esa posibilidad a mi oponente, logicamente el programa no podia mejorarse sin que perdiese el ingrediente esencial de competicion. Por tanto, la unica mejora que me he permitido introducir consiste en que el ordenador siempre juegue en funcion del nivel del adversario humano. Por sus anteriores tentativas de ganar al ordenador, cuando Abraham aun estaba a cargo de los sistemas de gestion del edificio, he podido evaluar su nivel de juego. En el fondo, senor Beech, usted ha jugado contra si mismo. Por eso, como usted dice, he jugado una partida tan floja.
Por un momento, Beech se quedo tan perplejo que solo pudo abrir y cerrar la boca. Luego exclamo:
– ?Que me maten si lo entiendo!
– Puede que si.
– Y ahora que he ganado, ?cumpliras tu palabra?
– Siempre he tenido esa intencion.
– ?Que hago, entonces? ?Como me voy? ?Hay algun modo de salir de aqui? Aparte de la claraboya, claro.
– He dicho que si lo habia, ?no?
– ?Cual es, entonces?
– Creia que estaba claro.
– ?Me estas diciendo que puedo largarme tranquilamente? ?Por la puerta principal? ?Venga, hombre!
– ?Que otro medio sugiere usted?
– Espera un momento. ?Como bajo hasta la puerta principal?
– Como siempre. En el ascensor.
– Asi de sencillo, ?eh? Bajo en el ascensor. ?Como no se me habra ocurrido antes? -Beech sonrio y meneo la cabeza-. No se tratara de una burda maniobra, ?verdad? Dejarme ganar para crearme una falsa sensacion de seguridad.
– Esperaba esa reaccion -repuso Ismael-. Los humanos temen las maquinas que crean. ?Como debe temerme a mi, que tengo la capacidad de convertirme en la maquina trascendente!
Beech se pregunto que podria significar aquello, pero dejo la cuestion sin formular. Estaba claro que la maquina sufria una especie de delirio de grandeza, una megalomania causada por la mezcla de los juegos en CD-ROM y la funcion de observador de que en un principio se habia dotado a Abraham.
– Sin embargo, me decepciona un poco -prosiguio Ismael-Al fin y al cabo, oi como decia a Curtis que tenia confianza en mi.
– Y la tengo. Eso creo, al menos.
– Entonces, haga como si asi fuese. Tenga un poco de fe.
Beech alzo los hombros y se puso en pie de mala gana.
– Bueno, Ismael, ?que quieres que te diga? Ha estado bien. He disfrutado con la partida, aunque para ti no haya sido una verdadera competicion. Pero me gustaria haberte dejado con una opinion mas alta de mi.
– ?Se marcha ya?
Beech junto las manos y se las restrego nerviosamente.
– Me parece que voy a correr el riesgo.
– En ese caso, tengo que hacer algo. Cuando sale gente del edificio.
– ?Que?
Ismael no contesto. En cambio, la fantasmagorica imagen fractal fue disolviendose poco a poco para dar paso a un icono, un pequeno paraguas que parpadeaba en la esquina superior derecha de la pantalla.
En el tejado, tres de los supervivientes de la ascension se sentaban al aire seco de la noche californiana, esperando que el cuarto rompiera el silencio. Durante un tiempo, Richardson se dedico a quitarse los escarabajos que aun tenia pegados a la ropa. Uno a uno, fue aplastandolos entre el indice y el pulgar con la mayor crueldad, como si considerase a cada infortunado insecto directamente responsable de la muerte de su mujer. Solo cuando acabo con el ultimo de los diminutos culpables, y despues de limpiarse los restos en la camisa y el pantalon, se quedo satisfecho y exhalo un hondo y tembloroso suspiro.
– Acabo de entender una cosa, ?sabeis? -dijo con voz queda-. Cuando descubri como llamaba la gente a este
