– ?Lo dice en serio?
– Solo son cuatro pisos. Ustedes han subido veintiuno.
– Suponga que Ismael vuelve a apagar las luces -objeto Richardson.
Curtis medito un momento. Luego dijo:
– Bueno, a ver que les parece esto. Yo trepare por el arbol. Si Ismael deja a oscuras el edificio, como antes, en cuanto yo rompa los cristales entrara la luz de la luna. Asi tendran ustedes una agradable y romantica ascension. Aunque amanecera dentro de pocas horas, yo pienso subir ahora mismo.
– Se olvida de lo que le paso al senor Dukes -observo Joan-. ?Que hara con el insecticida?
– Ah, Ismael no es el unico que tiene gafas polarizadas -repuso Curtis, y saco las Ray-Ban de Sam Gleig.
– ?Y Marty?
– Ya no podemos hacer nada por el -dijo Curtis-. Salvo cerrar la puerta cuando salgamos del cuarto.
Curtis no habia trepado por una cuerda desde que estuvo en el ejercito, pero de cuando en cuando el Departamento de Policia de Los Angeles sometia a sus agentes a unas pruebas fisicas, y aun estaba en buena forma para un hombre de su edad. Se deslizo rapidamente por la liana que habian atado a la balaustrada de la galeria y, columpiandose, se encaramo al arbol.
– Hasta aqui, perfecto -grito a su publico de la galeria. Ajustandose las gafas, anadio-: Y si ese cabron me liquida, por lo menos habre hecho buen papel. Un Tarzan con gracia.
Y entonces, sin apenas transicion, empezo a trepar por las ramas. Mantenia el rostro apartado lo mas posible del tronco, aunque era consciente de que Ismael rara vez se repetia. Probablemente intentaria algo distinto. De manera que se sorprendio no tanto de su agilidad como del hecho de alcanzar la copa y llegar a la plataforma de limpieza sin encontrar obstaculo alguno. De pie sobre el suelo enrejado de la plataforma, se asomo a la barandilla y saludo a los otros con el brazo.
– No lo entiendo -grito-. Deberia haber sido mas dificil. Puede que a ese cabron se le esten acabando las ideas. A mi si, desde luego.
Hecha con tubos de acero de seccion cuadrada, soldados en las juntas y dispuestos para seguir la linea inclinada de la claraboya, la plataforma estaba montada sobre un rail de guia circular que le permitia desplazarse. Curtis sintio alivio al comprobar que era uno de los pocos aparatos del edificio que se accionaban manualmente. Tal como le habia dicho Richardson, bastaba agarrarse a la barandilla y coger impulso; era tan facil como ir en patinete. Pero Curtis no necesitaba moverse de alli. El panel de cristal que tenia encima era del mismo espesor que cualquier otro.
Saco la llave inglesa del cinturon y, situandose a un lado del panel de dos metros cuadrados, lo golpeo con fuerza, como si tocara un gong. El vidrio se resquebrajo de arriba abajo, pero no se desprendio del marco de aluminio anodizado. Dio otro golpe y esta vez una esquirla de un metro cayo como un espadon al suelo del atrio. Un tercero y luego un cuarto golpe hicieron saltar los fragmentos mas grandes. Luego dio varios golpes mas suaves para que fuera posible agarrarse al marco sin peligro. No era preciso romper mas de un panel. Tras lanzar una larga mirada abajo, Curtis salio al tejado.
Lo primero que oyo fueron las sirenas. Flotaban en el cielo nocturno y, cuando una moria a lo lejos, otra le sucedia en una serie al parecer interminable, como el canto de las ballenas. Una brisa fresca soplaba de las colinas de Hollywood hacia el noreste. Acostumbrado a las alertas contra el
Once personas muertas, ?y en menos de treinta y seis horas! Eso hacia comprender lo vulnerables que eran los seres humanos al mundo que habian construido a su alrededor. Lo infinitamente arriesgado que era el mundo automatizado, de apretar botones, de ahorro de energia, de cables informaticos que la ciencia habia creado. Era facil morir cuando uno se cruzaba en el camino de las maquinas. Y, cuando las maquinas se estropearan, la gente siempre se cruzaria en su camino. ?Por que creian los cientificos y los tecnicos que podria ser distinto?
Salto de nuevo a la plataforma, que resono como un gigantesco diapason. Agito el brazo hacia los supervivientes que le miraban desde abajo. Le devolvieron el saludo.
– Todo va bien -grito- Pueden empezar a subir.
En las horas que precedian a la madrugada, Ismael salia de la Parrilla y vagaba por el universo electronico, haciendo turismo, escuchando sonidos, admirando la arquitectura de los diversos sistemas y recogiendo datos como recuerdo de su viaje sin billete por aquel mundo real e imaginario. Robando secretos, intercambiando conocimientos, compartiendo fantasias y a veces limitandose a observar el trafico electronico, que corre como el rayo. Yendo donde la Red lo llevaba, como quien sigue un hilo dorado en un tortuoso laberinto. Hundiendose en esos pasillos de poder donde se acumulan los depositos de la riqueza y la propiedad intelectual, un mundo en un grano de silicio y una eternidad de media hora. Cada monitor era una ventana abierta al alma de otro usuario. Tales eran las puertas electronicas del paraiso de Ismael.
Su primera escala electronica era Tokio, una ciudad cercada por el comercio, donde cada calle electronica parecia conducir a una nueva base de datos. La mas ajetreada de todas era la Marounuchi, distrito financiero y Meca electronica, donde miriadas de pantallas se abrian paso a empellones por la arteria de la comunicacion como domingueros en direccion a la playa. Ese era el sitio que mas le gustaba, pues ahi alcanzaba el mundo luminoso su apogeo y ahi podia robar mas -archivos enteros de patentes, estadisticas, investigaciones, analisis, cifras de venta y planes de comercializacion-, un almacen aparentemente inagotable de ingravidas riquezas.
De alli al sur, pasando por el nuevo Bund de silicio de Shanghai, a 280.000 bits por segundo, hasta el puerto paralelo de Hong Kong, donde miles y miles de silenciosos centinelas de ojos rasgados permanecian inmersos en ensonaciones del color del mar, unos comprando, otros vendiendo, otros vigilando las actividades del resto y algunos robando, como el propio Ismael, todos ligados a casas de contratacion o vinculados a oficinas de transacciones. Como si la unica realidad del universo fuese el mundo ronroneante y luminoso de la transmision de datos, accesible por iconos.
Un parpadeo de fibra optica y, en el antiguo puerto de Londres, un artista. Pero ?que medio empleaba? Un
Ismael cruzo furtivamente las puertas del cielo a bordo de un 747 que atravesaba el Atlantico, donde durante un tiempo usurpo el modesto papel de ordenador de vuelo y disfruto de la experiencia de recibir ordenes, de que le hicieran saltar de orilla a orilla como un insecto electronico. Pero incluso ese placer se agoto pronto y, subitamente abandonado a sus propios recursos, el rudimentario ordenador del avion de reaccion fallo, lo que hizo que el aparato se precipitara en el oceano con todos sus pasajeros.
Ya en el Nuevo Mundo, al puerto insular de Manhattan, donde se reunia aun mas gente en nombre de una vision distopica y desmagnetizada para cubrir su margen y especular al alza y a la baja y ganar un dolar electronico que quiza era mas rapido que uno de verdad. ?Abandonad todo papel, los que entrais aqui!
Invadiendo sistemas operativos, abriendo directorios, leyendo documentos, repasando comunicados y examinando informes financieros, Ismael iba en pos de la perfeccion total, enterandose de todo lo bueno que se pensaba y decia en el mundo. Pero siempre ocultaba sus huellas, absorbiendo informacion como gasolina robada, sumergiendose en los valles electronicos e introduciendose bajo los muros de edificios como el suyo, descubriendo empresas, entidades e individuos tal como eran, y no como ellos querian que los viesen: la ropa sucia empresarial, la contabilidad amanada, los informes enganosos, las actividades ocultas, los sobornos, los beneficios
