– Ah. ?Y a quien se le ha ocurrido esa idea?

– A Richardson. Venga, pongase los zapatos y larguemonos. Si tiene razon en lo de la bomba de relojeria, solo nos quedan unas horas.

Por un momento, el reloj de arena volvio a aparecer en pantalla.

– Les quedan menos de diez horas para ganar la partida o abandonar la zona antes de la explosion atomica - informo Ismael.

Beech nego con la cabeza.

– Yo no voy. He decidido quedarme aqui. Sigo creyendo que puedo ganar tiempo. Y las alturas me dan mareos.

– ?Venga, Beech! Usted mismo ha dicho que quedarnos de brazos cruzados no sirve de nada.

Ismael aviso de que se comia la reina de Beech con su torre negra y le daba jaque al rey.

– Pero ?esta loco, o que? ?Acaba de perder la puta reina! ?Y le ha dado jaque!

Beech se encogio de hombros y volvio a ponerse frente a la pantalla.

– De todos modos, no es una mala posicion. No tanto como podria sugerir ese ultimo movimiento. Ustedes hagan lo que quieran, que yo voy a terminar esta partida.

– ?El ordenador se lo va a follar vivo! -le advirtio Curtis-. Le hace creer que tiene alguna posibilidad para luego darle el golpe mortal.

– Puede.

– Y aunque le gane de milagro, ?como sabe que Ismael no ejecutara sus planes de incendiar el edificio?

– Porque tengo confianza en el.

– Esa no es razon. No tiene sentido. Usted mismo ha dicho que era un error atribuir cualidades humanas a una maquina.

?Como puede fiarse de el? -Se encogio de hombros-. En cualquier caso, no me parece razon suficiente. Yo tengo que hacer algo.

Beech pulso el raton y se comio la torre negra con el rey.

– Lo comprendo -afirmo.

– Por favor. Cambie de opinion. Venga con nosotros.

– No puedo.

Curtis lanzo a la pantalla una mirada desprovista de optimismo y luego alzo los hombros.

– Pues buena suerte, entonces.

– Gracias, pero ustedes la necesitaran mas que yo.

Curtis se detuvo en la puerta de la sala de juntas.

– Si pudiera entenderlo… -dijo con abatimiento-. Ahi sentado. Confiando su vida a un ordenador, como un estudiante alelado. La realidad esta en otra parte, amigo mio. No la encontrara mirando una pantalla. Viendole asi parece…, ?joder, para mi representa usted todo lo que va mal en este puto pais!

– Utilice la ametralladora pivotante -recomendo Ismael-, Prepare su defensa.

– Desde luego, lo tendre presente cuando salga de aqui -concluyo Beech.

– Como quiera.

Cuando Curtis se marcho, Beech se concentro de nuevo en la partida.

Se alegraba de que los demas intentaran escapar por el tejado. Las cosas iban mejor de lo que habia esperado. Existia una posibilidad de ganar a Ismael al ajedrez; y ya no tendria que explicarles que en aquella partida estaba en juego un salvoconducto para salir del edificio.

Y que aquel salvoconducto estaba a su nombre.

– Alfil come a torre.

En la galeria, Marty Birnbaum se encontraba mal. Y el hecho de que nadie pareciese apreciarle empeoraba las cosas. Ray Richardson, su propio socio, le habia convertido en el blanco de sus sarcasticas observaciones. Y ahora Joan habia empezado a pincharle tambien. Estaba acostumbrado a los sarcasmos de Richardson. Pero la idea de que las tres mujeres le trataran con desden era muy dificil de soportar. Finalmente, cuando ya no pudo mas, se levanto y anuncio que iba a hacer pis.

Richardson sacudio la cabeza.

– No tengas prisa en volver. Odio a los borrachos.

– No estoy borracho, sino alegre -replico pomposamente Birnbaum-. Tu, en cambio, eres una mierda total y absoluta. Ademas, parafraseando a sir Winston Churchill, manana estare sobrio.

Sintiendose algo mejor despues de haber dicho aquello, Birnbaum giro sobre sus talones y echo a andar por el pasillo sin hacer caso de la cruel carcajada de Richardson.

– Manana estaras muerto, querras decir. Pero si sigues con vida y estas sobrio, considerate despedido, borracho asqueroso. Tenia que haberlo hecho hace tiempo.

Birnbaum se pregunto por que se molestaba en cruzar insultos con Richardson. Tenia una piel de rinoceronte. Esperaba que tuviera que tragarse sus palabras. Si, eso era. Les demostraria que Mitch no era el unico capaz de hacer una heroicidad. Subiria al techo, romperia la claraboya y saldria fuera. ?Vaya sorpresa que se llevarian cuando viesen que los estaba esperando alla arriba! Entonces no se reirian de el. Ademas, le hacia falta aire fresco. Tenia la cabeza como llena de algodon. Muy tipico de Richardson, eso. Echar la culpa a otro de sus desgracias, cuando el principal responsable era el. Era tan tiranico, que la gente tenia miedo de decirle la verdad, de advertirle de que esto no se podia hacer o que lo otro no estaria listo a tiempo. Richardson era victima de su propia voluntad nietzscheana. Igual que todos, quiza.

Birnbaum entro en el local tecnico y asomo la cabeza por el pozo de ventilacion. No parecia que hubiese que subir mucho. Solo cuatro pisos hasta la plataforma desplazable utilizada para limpiar la claraboya. Por el pozo circulaba aire fresco. Birnbaum respiro hondo un par de veces. Se le aclaro un poco la cabeza. Ya empezaba a sentirse mejor.

Helen, Joan, Jenny, Richardson y Curtis iban por el pasillo.

– Beech no viene -explico Curtis-. Quiere acabar su partida.

– ?Esta loco! -comento Richardson.

– ?Donde esta Marty?

– ?Ese tambien esta loco!

– ?No lo esperamos? -pregunto Jenny.

– ?Por que? Ese gilipollas de mierda sabe adonde vamos. Hasta Marty seria capaz de subir sin ayuda por una escalera de servicio.

– Usted siempre tiene una palabra amable para todo el mundo, ?eh? -observo Curtis con una risita, pero la sonrisa se le borro del rostro frente a la puerta del local tecnico, donde se detuvo a husmear recelosamente el aire como un sabueso tenaz, con la mano en el pomo y sin decidirse a girarlo.

– ?Lo huelen? -pregunto-. Se esta quemando algo.

– Sardinas chamuscadas -dijo Joan.

Curtis retrocedio y abrio la puerta de una patada.

Marty Birnbaum yacia medio fuera del pozo, con una mano aun sujeta a un peldano de la escalera electrificada; una voluta de humo, como de cigarro puro, ascendia de uno de sus zapatos que, debido a los clavos del talon y la suela, habia ardido unos instantes. Por la posicion de su cuerpo y la fija expresion de sus ojos en el rostro ennegrecido, era evidente que Birnbaum estaba muerto. Pero nadie grito. Ya nada les sorprendia.

– Ismael ha preparado una sorpresita para quien quisiera seguir los pasos de Mitch por la escalera de servicio -observo Joan.

– O eso, o no ha logrado pillar a Mitch -supuso Curtis.

– Bueno, retiro todo lo que he dicho del tio este -declaro Richardson-. Al fin y al cabo, ha hecho algo util. - Cruzo una breve mirada con Joan, se encogio de hombros y, a modo de justificacion, anadio-: Nos ha librado de que nos maten, ?no? Y ya no tenemos que molestarnos en buscarlo.

– Es usted todo corazon, ?sabe? -comento Curtis.

Helen meneo la cabeza, exasperada tanto por Richardson como por aquel nuevo obstaculo para su fuga.

– ?Y ahora que hacemos? -pregunto-. Por el pozo no podemos subir, eso desde luego. Probablemente seguira electrificado.

– Queda el arbol -sugirio Curtis.

Joan lo miro horrorizada.

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