desde aqui sin problemas. Ahora arroja tu arma y veamos el resto de tu cuerpo. Si veo algo distinto de tus tetas apuntando hacia mi, te…

De repente se oyo una explosion en la espesura, como si alguien hubiera lanzado un obus de mortero frente a el. Sin darle tiempo a pensar siquiera en apretar el gatillo, algo enorme se abalanzo sobre Boyd despues de abrirse paso como un tractor entre el follaje y rugir como un huracan. Los arboles y los arbustos quedaron literalmente aplastados como si otro satelite fuera de control se estrellara contra el suelo.

Boyd se sorprendio tanto que dio media vuelta y echo a correr, agotado todo su valor. Era un impulso que invitaba automaticamente a darle caza, pero no podia durar mucho. No habia avanzado mas de dos o tres metros cuando el enorme yeti de espalda plateada lo derribo de un golpe, desgarro su traje y le mordio en el cuello y la espalda.

Boyd empezo a gritar.

Observando al yeti desde la relativa seguridad del tunel de rododendros, Swift tuvo una repentina y espantosa revelacion sobre el poder y la ferocidad de la especie que ella habia venido a proteger. El yeti macho era descomunal, mucho mayor de lo que se habia imaginado. Rebeca solo media una tercera parte de lo que ese monstruo: Madonna comparada con Schwarzenegger.

El yeti levanto a Boyd de un manotazo y, sin dejar de sujetarlo por un brazo, volvio a estamparlo en el suelo.

Boyd volvio a gritar cuando su brazo se separo bruscamente de su cuerpo a la altura del hombro. Swift podia haberse alegrado, pero, en cambio, lo sintio por el.

Distraido por la vision de la sangre, el yeti chupo el extremo arrancado del brazo de Boyd. Herido de muerte, el hombre rodo debilmente sobre su vientre e intento alejarse a rastras. Solo consiguio avanzar medio metro antes de que el yeti volviera a caer sobre el con un rugido terrible. Cogio a Boyd como a una maleta de viaje, lo levanto por encima de su cabeza como si fuera a guardarlo en alto y lo lanzo contra el suelo, tras lo que le pisoteo el torso por segunda vez.

El yeti se sento, grunendo de satisfaccion. Observo a Boyd unos instantes con un vago desinteres y luego lo levanto por tercera vez. Pero en lugar de volverlo a tirar al suelo, acerco a sus enormes fauces el munon desgarrado y sangrante del hombro de Boyd y arranco con un solo movimiento un gran bocado de carne del pecho desnudo del hombre. Boyd aun seguia con vida y trataba debilmente de apartar la gran cabeza del yeti mientras era devorado. Horrorizada por lo que veia, Swift sintio arcadas.

– Dios mio -exclamo, y se cubrio el rostro.

Cuando volvio a mirar, vio que el yeti habia arrojado a Boyd a un lado y habia dejado de moverse. El alivio de Swift pronto dejo paso al terror cuando comprendio que los grandes ojos amarillentos del yeti estaban ahora clavados en ella.

TREINTA Y UNO

No te asombres del verdadero dragon.

Dogen Zenji

Swift se quedo petrificada. Era inutil correr, Boyd lo habia demostrado. El gran yeti de espalda blanca se movia a una velocidad asombrosa en un animal tan grande. Debia de medir unos dos metros y medio de altura y pesar unos doscientos setenta kilos. Para atacar a Boyd habia corrido como el ganador de la medalla de oro olimpica de los cien metros lisos tras el pistoletazo de salida. Mas aun, caminaba en posicion erguida sobre sus piernas gruesas como troncos de arbol, impulsandose con unos brazos tan increiblemente musculosos que, a su lado, incluso el culturista mas fornido hubiera parecido insignificante. Rugiendo como un tigre y con el pelo que le caia en rojos mechones apelmazados, el yeti parecia un bominido tan formidable como quiza nunca hubo otro sobre la faz de la tierra.

A Swift no le cabia la menor duda de que el mas minimo movimiento le incitaria a atacarla. El penacho de pelo de su cabeza estaba completamente erguido y mostraba los dientes. Aterida por el frio como estaba, Swift se pregunto cuanto tiempo podria obligarse a seguir alli tumbada antes de que el intenso frio le causase la muerte por congelacion. Los dedos de sus manos y pies ya no tenian tacto y solo la vision del anomalo numero impar de dedos del brazo arrancado de Boyd le impedia gritar desaforadamente de terror y malestar.

El yeti se sento en el suelo y, mientras la miraba, siguio comiendose el brazo de Boyd y echando miradas de vez en cuando por encima de sus hombros, del tamano del monte Rushmore, como si estuviera esperando al resto del grupo del cual tenia que ser el guia, Swift estaba segura.

Pero no fue el resto del grupo quien llego.

El yeti se puso en pie y, para su sorpresa, Swift oyo voces humanas. Habia alguien mas que ella alli, en el valle escondido. Alguien que parecia hablar con el yeti. Swift habia oido el nepales lo suficiente como para reconocer que este era otro idioma. Pero no parecia ninguno de los dialectos que hablaban los sherpas. Y estaba segura de que no era nadie del CBA el que hablaba.

Durante un segundo recordo el talento como imitadora de Rebeca, se pregunto si no podria tratarse del verdadero idioma yeti y casi inmediatamente descarto la idea: se le debia de estar congelando la sangre del cerebro.

Al cabo de otro segundo descubrio unos pies humanos, desnudos como los suyos. Oyo una fina voz chillona y despues vio a un hombre barbudo que se arrodillo ante la entrada del tunel.

– Todo va bien -dijo el hombre con voz queda-. Ya puede salir. No hay peligro.

Era el sadhu. El hombre cuyo rastro habian seguido por error ella y Jameson cuando llegaron por primera vez al Santuario.

Swift noto que sonreia de alivio.

– Swami Chandare -dijo sin aliento.

– ?Se esta entrenando para ser un sadhu? -pregunto el hombre, riendo-. ?Por que esta desnuda?

Swift sacudio la cabeza, demasiado aterida para responder. El swami se arrastro por el tunel hasta situarse a su lado, la obligo a apoyarse en la espalda y le impuso las manos en el estomago. Tambien el la deseaba. La mujer le lanzo un debil punetazo.

– Calmese. Tengo que hacerla entrar en calor. Escucheme, tiene que relajarse. Respire despacio y escucheme. Debe respirar pausadamente y no sentir nada mas que mis manos. Y no debe oir nada mas que mi voz. Sienta el calor de mis manos. El calor que entra en su cuerpo. Respire profundamente y escuche mi voz…

Por un momento, Swift se sintio mareada, como si flotara en la nada. ?La estaba hipnotizando? Si era asi, no le daba miedo. Se dejo acariciar por el almibarado tono de voz del hombre y por el calor curativo de sus manos. El poder de esas manos parecia surgir de un gran manantial subterraneo de aguas termales, tan potente que podia haber sido la mismisima energia vital. Era como la anestesia que proporcionaban las drogas de uno de los dardos de Jameson, solo que muchisimo mas calida que cualquier otra cosa que pudiera conseguirse a punta de jeringuilla. Cerro los ojos sintiendose mucho mas relajada. De alguna manera, el frio ya no le importaba, y durante unos segundos tuvo miedo al pensar que aquello podia ser la muerte, pero en seguida oyo de nuevo la voz masculina que la tranquilizaba diciendole que no tenia frio, asegurandole que el calor que notaba en el estomago procedia de sus manos…

– El calor procede de mis manos. No hace frio. Solo siente el calor de mis manos…

Sentia el calor. Un profundo calor que parecia brotar del hombre como una fuente de aguas termales calentando su vientre, su pecho y sus brazos. Un calor inexorable, estremecedor e indoloro que se extendia por sus miembros como si la hubieran enchufado a una corriente electrica. Volvia a tener tacto en las manos y los pies. Ni siquiera sintio dolor cuando la sangre medio congelada empezo a circular perezosamente por los dedos amoratados de sus pies y manos. Solo notaba una maravillosa sensacion de bienestar que parecia que no cesaria nunca.

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