violarla, Boyd tendria que quitarse el suyo. Esa podia ser su unica oportunidad.
– Vamos -dijo el hombre con voz ronca-. Fuera el resto.
Swift se desabrocho el sosten y lo arrojo al suelo. Se quito las bragas rapidamente y soporto temblando la penetrante mirada de Boyd. Ahora estaba segura: el frio era sin lugar a dudas mortal. Pero habia formas peores de morir que de frio, porque esta seguro que seria como quedarse dormida.
– Estas muy bien -le dijo Boyd-. Realmente bien. Tu y yo nos vamos a divertir un poco. Ahora ponte a cuatro patas y empieza a rezar para que el frio no me afecte o lo mas probable es que te mate por pura frustracion.
Ella obedecio, pero inmediatamente su mirada rastreo el suelo en busca de la pistola.
– ?Siempre le echas la culpa de tu impotencia al frio? -le pregunto entre dientes que castaneteaban por el frio.
Boyd se coloco a su espalda y dejo escapar una risita.
– Tu di lo que quieras. En unos instantes tu culo empezara a resarcirme de algunos de esos agudos comentarios, senorita. Cuanto mas hables ahora, mas te va a doler. Y sera mejor que entiendas una cosa desde ahora: hacer dano es lo que me pone cachondo. Asi que di lo que quieras, Swifty. Pero no levantes la vista del suelo.
– ?Que pasa? ?De que te averguenzas? Te olvidas de algo: soy antropologa, ya he visto antes la picha de un mono.
Temblaba de miedo y de frio cuando oyo que algo caia al suelo. Era la unidad de control del traje de Boyd. Inmediatamente, su corazon dio un vuelco. La pistola, veia la pistola. Estaba junto a una mata de arenarias, a no mas de cinco o seis metros de su mano derecha, y parecia nada menos que un regalo de las hadas.
Boyd se estaba riendo.
– Asi me gusta. Sigue haciendote la dura, Swifty. Estare listo para calentarte otra vez en un momento.
Le oyo forcejear con la mochila de soporte vital; quitarsela uno mismo era como intentar librarse de una camisa de fuerza, habia que ser casi un contorsionista. Practicamente, la unica manera que ella habia descubierto de quitarsela con facilidad era tumbarse en el suelo y forzar la articulacion del codo al maximo para subir la mano por la espalda todo lo que diera de si. Era mucho mas facil si alguien te ayudaba.
Boyd maldijo en voz alta cuando llego a la misma conclusion.
Fue la pista que necesitaba Swift para echar a correr.
Corria antes de haber tenido tiempo de pensar dos veces en sus posibilidades de sobrevivir desnuda a baja temperatura. Pero consiguio recuperar la pistola.
Instintivamente, empezo a correr en zigzag.
Dos segundos despues, el arbol que habia a sus espaldas expulso madera y savia por los orificios de las balas que Boyd habia disparado sin apuntar.
Swift noto la helada brisa en los pechos desnudos y las extremidades mientras, con el corazon desbocado, saltaba por encima de un tronco caido; en seguida se desvio a un lado para internarse entre los arboles. Mientras corria no sentia demasiado frio. Sus problemas empezarian cuando se detuviera. Tropezo, se dejo caer, dio una voltereta y, como un tirador experto, devolvio el fuego apuntando hacia el camino que habia seguido. La pistola apenas dio una sacudida en su mano mientras cumplia su mision, pues Swift creyo que bastaba con apuntar, y aunque apenas fue consciente de haber apretado el gatillo una sola vez, disparo ocho tiros en menos tiempo del que habria necesitado para tocar una octava al piano.
Esperando una nueva rafaga de proyectiles malintencionados, echo a correr otra vez, agachandose bajo las ramas, desviandose ante los troncos y percibiendo en todo momento el olor sulfuroso de la polvora, como si el propio aire se hubiera revolucionado a causa del tiroteo. Al instante siguiente estaba tumbada de espaldas, oyendo un nuevo disparo y creyendo que le habia dado hasta que alzo la cabeza a pesar del aturdimiento y vio la rama de un arbol que sobresalia como la barrera de un peaje. En su desesperacion por escapar de Boyd se habia precipitado de cabeza contra el brazo extendido del mismisimo Checkpoint Charlie del bosque, el venerable abuelo de todos los arboles.
Se incorporo y se toco la frente instintivamente. Noto un chichon del tamano de Koh-i-noor y un hilillo de sangre. Pero ademas de reconocer el fuerte hedor de la vegetacion que la rodeaba, vio un pequeno tunel formado por rododendros y arboles caidos y se arrastro rapidamente hasta el interior.
Los santuarios mas antiguos del hombre fueron los bosques. Oculta en el tunel y tumbada en un colchon de helechos, Swift se sintio lo bastante segura para inspirar una gelida bocanada de aire y permanecio tendida, esperando a que Boyd viniera a por ella. Se toco de nuevo el chichon de la frente y no pudo evitar una mueca de dolor. El Santuario nunca le habia parecido tan tierno, ni tan terriblemente frio. ?Cuanto tiempo lograria sobrevivir con solo una manta de helechos con que cubrir su cuerpo desnudo? Como maximo una o dos horas. Si Boyd no iba a por ella, tendria que salir ella a buscarle a el, o al menos su ropa. Eso o morir de frio.
– Vamos, hijo de puta -dijo sosteniendo la pistola con el brazo extendido y apuntando a la boca del tunel donde se escondia.
Pero la pistola tenia ahora un aspecto diferente. El cerrojo parecia atascado con el arma montada, de modo que la punta del canon sobresalia como la ceniza de un puro.
El significado de la nueva forma de la pistola tardo unos segundos en hacer mella en los estremecimientos de euforia que sentia por haber escapado con vida. Caer en la cuenta de que se habia quedado sin municiones la dejo helada hasta la medula. Pretendia tenderle una emboscada a un hombre con un arma descargada. Debio de agotar el cargador cuando cayo y devolvio el fuego.
– Mierda.
Clavo el arma en el suelo de pura frustracion y trato de serenarse para decidir que hacer a continuacion: quedarse tumbada y morir congelada rapidamente, o rendirse y esperar que Boyd la dejara vivir despues de utilizarla.
– Eso si que me extranaria -mascullo, y cerro los ojos.
A la crudeza de la eleccion que afrontaba le siguio la certeza de que en cualquier caso acabaria pronto.
Boyd se abria paso entre la maleza intentando calcular cuantas balas habia disparado la mujer.
Al abandonar el CBA le habia confiado a Ang Tsering el Beretta de calibre 38 con el que habia matado a Miles Jameson. La automatica tenia un cargador de doble accion que contenia diez balas. Swift habia disparado ocho. La pregunta era: ?cuantas balas habia disparado Tsering antes de entregar su arma, si es que disparo alguna? No le quedaba mas remedio que suponer que solo quedaban dos proyectiles como maximo, suficientes para que la caceria resultara interesante. Esperaba encontrarla antes de que muriese de frio, porque despues, el cadaver no le serviria de nada.
Su aguda y experimentada vista localizo pronto el rastro de la mujer: una ocasional pisada en la nieve. Y el montoncito de casquillos vacios, como excrementos de algun animal metalico, donde Swift se habia detenido para devolver el fuego. Boyd se arrodillo y recogio los casquillos para asegurarse. Ocho. Si ella habia disparado ocho, quiza habia vaciado el cargador entero de puro miedo. Probablemente estaba contemplando un arma descargada. Probablemente estaba lo bastante cerca para oirle.
Se incorporo de nuevo sobresaltando a un pajaro gris claro y blanco con la cabeza negra que se alejo volando con ruidoso aleteo. La sorpresa casi le cuesta otra bala a Boyd. Solo era una paloma de las nieves.
– Se que estas por estos andurriales -grito-. ?Por que no sales y acabamos de una vez? Si tengo que encontrarte, tu cuerpo lo pagara caro. ?Me oyes?
Hizo una pausa aguzando el oido por si obtenia una respuesta, pero solo hubo silencio. Pacientemente, Boyd permanecio inmovil como una piedra, como si supiera que la mujer se delataria pronto de alguna manera. No tuvo que esperar mucho.
Otro pajaro, pero esta vez corria en su direccion por el suelo desde un apretado grupo de arbustos huyendo de otra persona; se desvio en el ultimo momento antes de chocar con el.
Boyd fruncio el cejo mientras examinaba atentamente los arbustos. Al escrutar el follaje verde oscuro le parecio que habia algo tendido en el suelo detras de las hojas. Algo humano. No estaba seguro. Habia empezado a nevar. Cada copo de nieve rozaba una hoja y la zarandeaba de manera que…
Una mano. Podia verle una mano. Se acerco con una sonrisa y, empunando con mas fuerza la carabina, se la llevo al hombro para apuntar.
– Te veo -dijo con voz burlona-. Estas escondida ahi. Insultas a mi inteligencia, Swifty. Podria dispararte
