Si la anatomia de un yeti se parecia en algo a la de un gorila, sus zonas axilares contendrian varias capas de glandulas sudoriparas que serian las responsables de activar aquel sencillo pero eficaz medio de comunicacion olfativa. Un yeti que siguiera el rastro de otro se tropezaria con su olor y reconoceria el mensaje: cuidado, peligro cerca.

?Era Boyd el peligro?

Con una creciente sensacion de urgencia, Swift siguio arrastrandose hasta que, de algun punto situado en la distancia frente a ella, le llego el inconfundible sonido de una serie de alaridos de yeti seguidos por un disparo.

Swift se puso en pie y echo a correr en esa direccion.

TREINTA

Pisa con suavidad, pues esta es tierra sagrada. Pudiera ser, si mirasemos con ojos de vidente, que el lugar donde nos encontramos sea el Paraiso.

Christina Rossetti

El campamento base del Annapurna estaba silencioso. El aire era de color zafiro, como si los dioses ya hubieran purificado el Santuario de las manchas de sangre humana que aun tenian la nieve frente a la concha. Mac se habia ido hacia rato y Jack recorria el campamento a grandes pasos con gran frustracion, maldiciendo las lesiones que le impedian seguir a Swift. El tiempo transcurria lentamente y los sonidos eran las unicas novedades del dia: Ang Tsering gimiendo en el interior de la concha; el zumbido del generador electrico; un traqueteo como el de una sierra mecanica en un bosque lejano que el viento se llevaba pero que volvia a traer, y cada vez se oia mas fuerte. Jack formo una pantalla con las manos y entorno los parpados para escrutar el cielo.

Un helicoptero. Pero ?como era posible? Era imposible que Mac pudiera haber llegado tan pronto a Chomrong. Solo habian pasado un par de horas y Chomrong estaba a sesenta kilometros. Jack se dirigio con paso decidido y braceando ritmicamente a la improvisada pista de aterrizaje.

Formando un remolino de aire y nieve como si batiera clara de huevo, el helicoptero descendio en espiral hasta la cuenca del Santuario, se quedo suspendido durante unos minutos como si inspeccionara algo y finalmente se precipito hacia el suelo, arrojando nieve al rostro de Jack, que corria hacia el. Los distintivos se veian con suficiente claridad: era la Policia Real del Nepal.

Dos agentes de uniforme, ambos armados, saltaron del fuselaje mientras las aspas del rotor empezaban a pararse.

– ?Va todo bien por aqui? -aullo uno de los policias, un sargento.

– Se ha cometido un asesinato -grito Jack-. Y bien pudiera cometerse otro si no perseguimos al asesino. - Senalo hacia el glaciar, en direccion al Machhapuchhare-. Se fue por ahi.

Jack intento conducirlo de vuelta al helicoptero, pero el sargento no se movio del sitio, pues sus ojos se habian posado en la mano cercenada que aun yacia sobre la nieve tenida de sangre.

– Primero tenemos que ver el cadaver -dijo el sargento.

– No lo entiende -replico Jack-. Volvera a matar si no se lo impedimos. Ahora no hay tiempo que perder.

– Puede que si -dijo el sargento-. Pero sea como sea, debemos esperar a repostar combustible antes de ir mas lejos. Hay doscientos cuarenta kilometros desde Katmandu.

Mientras el policia hablaba, el piloto sacaba unos toscos bidones del helicoptero.

– Por aqui -dijo Jack-. Pero, por favor… Chito garnuhos. Por favor, dense prisa.

Boyd se interno en el bosque con movimientos clasicos de combate, corriendo hasta un arbol, adoptando una posicion de disparo, arrodillado, arrastrandose de bruces hacia un abrigo mejor y volviendo a arrodillarse. Apuntaba con el corto canon de su carabina en una direccion y en seguida en la otra, buscando un blanco y deseando haber pensado en acoplar un lanzagranadas de cuarenta milimetros, por si uno de los yetis resultaba ser dificil de matar con una rafaga de balas estandar de nueve milimetros.

Al cabo de unos minutos se sintio lo bastante relajado como para bajar el arma y consultar las lecturas del detector manual de radiofrecuencias. Los ordenadores y transmisores de datos que habia a bordo del pajaro empleaban un oscilador local, que funcionaba con una senal de una frecuencia especifica y que emitia una radiacion electromagnetica detectable, la cual podia identificarse mediante el detector que sostenia Boyd. En cuanto el perfil de la onda de la senal emitida se localizara y comparara con el contenido de la memoria calibrada de la unidad, la informacion que apareceria en una diminuta pantalla seria analizada por un microprocesador, que calcularia la distancia del satelite con una precision de medio metro. Para encontrar una aguja en un pajar, eso era lo mas parecido a disponer de un iman gigantesco. Aun asi, tenia un radio de accion de solo cincuenta metros, y Boyd calculaba que desde su llegada al Santuario, una zona de busqueda de unos cien kilometros cuadrados, habia tomado hasta mil lecturas distintas con el pequeno aparato detector, todas ellas con resultado negativo. Pero en esta ocasion encontro una lectura positiva casi al instante. El pajaro estaba justo frente a el.

– Bingo -dijo con una risita-. Dadle un premio a este hombre.

Guardo el detector y volvio a alzar su arma.

– En marcha. -Empezo a pasar entre dos matas de rododendros-. En un par de horas habras salido de esta nevera y estaras de vuelta en la embajada de Khat. Luego conseguire un par de chicas de alterne en Thamel.

Al cabo de quince minutos mas de correr y arrastrarse, Boyd llego al borde de un largo claro del bosque. Parecia como si alguien se hubiera dedicado seriamente a la deforestacion: habia arbustos calcinados y arboles quebrados.

– Algo se estrello aqui, no cabe duda -se aseguro a si mismo.

Y entonces lo vio.

El satelite se parecia mas a los restos de una pequena furgoneta accidentada que a un aparato que algun dia estuvo en orbita alrededor de la Tierra. Pero por las barras y estrellas pintadas sobre el sucio fuselaje blanco, podia haberse confundido facilmente con una ambulancia. Y ahora Boyd entendia perfectamente por que los aviones espia lo habian pasado por alto. El pajaro se habia estrellado y en el impacto habia arrasado cincuenta o sesenta metros de arboles y arbustos, que habia dejado aplastados; pero a continuacion habia seguido rodando, antes de detenerse entre unos matorrales gigantescos y debajo de unos arboles. El pajaro Ojo de Cerradura Once no podia haber quedado mejor oculto a la vista desde el aire si se hubiera intentado a proposito.

Evitando el claro instintivamente, Boyd siguio la linea de arboles en direccion a su objetivo. Por alguna razon esperaba algo mas de oposicion. Despues de la descripcion de Jack de toda una banda de yetis que vivia en este bosque escondido creia que se veria obligado a disparar unas cuantas rafagas para defenderse. Pero hasta ahora no habia oido ni a una sola de las criaturas, y mucho menos las habia visto. Quiza la mision le llevaria menos tiempo del que habia calculado.

Cuando llego al satelite, Boyd abrio el fuselaje y examino su interior. Al aterrizar, el ordenador del pajaro tenia que haber empezado a emitir una discreta senal que permitiria al equipo de recuperacion a distancia entrar en accion, pero eso no habia ocurrido. Entonces pudo ver por que. Dos bombillas rojas del panel de seguridad, identificadas como «BUS DE POTENCIA A SIN CORRIENTE y BUS DE POTENCIA B SIN CORRIENTE», estaban encendidas. Algo habia interrumpido el paso de la electricidad desde el pequeno generador termonuclear del satelite y los paneles fotovoltaicos a todos los sistemas operativos y de guia. Lo del bus A tenia facil explicacion: las celulas solares habian quedado destrozadas por el impacto, pero el paso de corriente del generador termonuclear a traves del bus B tenia que haberse mantenido. Boyd comprobo la tension en las conexiones y descubrio que uno de los cables se habia fundido, probablemente a consecuencia de un pequeno incendio provocado en el interior del satelite por el cortocircuito del bus A. Restaurar la potencia solo era cuestion de apagar el interruptor del bus B durante un rato, volver a conectar el cable quemado y encender otra vez. Ahora la bombilla que brillaba sobre el indicador del bus B era verde.

– Estupidos hijos de puta -dijo intentando imaginarse la reaccion que habria en Washington cuando los de la NRO se dieran cuenta de que volvian a tener contacto con el Ojo de Cerradura-. No por mucho tiempo.

Вы читаете Esau
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату