Recordando el destino que habian encontrado los cuatro sherpas en el banco de hielo, Swift se interno en el inestable laberinto de hielo y abismos diciendose que no era el lugar adecuado para anteponer la prisa a la prudencia. El rastro de Boyd era bien facil de seguir. Tambien el habia sido lo bastante prudente para pisar siempre que podia sobre las huellas que habia dejado Rebeca. Swift deseaba encontrarselo debajo de un bloque de hielo desprendido o hallar algun indicio de que habia desaparecido al caer en una grieta, pero en lo mas hondo de su acelerado corazon sabia que debia esperar algo mas de el. Boyd era un profesional. Probablemente una especie de agente de las Fuerzas Especiales bien entrenado en esta clase de terreno. No cometeria un error evidente. Mientras que ella… no era nada mas que una profesora universitaria. Solo de pensarlo se sintio incapaz de realizar la tarea a la que se enfrentaba. Aparte de alguna ocasional excursion de esqui, lo mas arriesgado que habia hecho en su vida habia sido entrar en un aula llena de atontados obsesos del sexo como Todd Bartlett. Imaginaba que su mejor oportunidad, quiza la unica que le quedaba, era que Boyd no la estuviera esperando, que pudiera deslizarse hasta el mientras colocaba los explosivos y dispararle por la espalda. Matarle seria lo mas facil, despues de que el habia asesinado a sangre fria a Miles Jameson.

Avanzando por el helado y fragil paisaje, Swift se sintio sola como nunca se habia sentido en la vida. Deseo poder recurrir a la radio de onda corta de su casco para mantenerse en contacto con el resto del equipo en el CBA, pues a pesar de haber perdido la radio principal, las unidades GPS, mas pequenas y menos potentes, todavia funcionaban. Pero eso solo habria alertado a Boyd, que recibia en la misma frecuencia, de que ella le seguia. Por eso mantenia la radio en silencio y trataba de olvidar la posibilidad de que Boyd estuviera esperando al acecho para asegurarse de que no lo habian seguido.

Swift se dio rapidamente la vuelta con el corazon latiendole desbocadamente cuando el microfono encendido de su traje climatizado amplifico un sonido que se oyo a su espalda, y tuvo el tiempo justo de ver que una espectacular masa de hielo, del tamano de una casa, se desmoronaba sobre el punto que ella acababa de dejar atras. Sintio que un gelido escalofrio recorria su cuerpo al comprender lo cerca que habia estado de morir. Permanecio inmovil unos segundos, temblando en el interior de su traje y escuchando su propia voz, que le recordaba su milagrosa escapada. Has tenido una suerte barbara, Swift, se dijo. Dios mio, ahora podrias estar debajo de todo ese hielo. Pero tienes que seguir adelante. No tienes eleccion, ?o si? Ya no puedes retroceder y cruzar eso. Sera interesante en el viaje de vuelta.

Cuando interrumpio su nervioso monologo, no se oia ningun ruido excepto algun crujido ocasional del glaciar a medida que el sol calentaba mas. Despues se volvio y emprendio la persecucion de nuevo.

Boyd descendio por las cuerdas hasta el interior de la grieta y se detuvo sobre la cornisa. Percibia las cavernosas dimensiones del abismo, a su izquierda, una caida a plomo de varios cientos de metros que le hizo sonreir con respetuoso temor. Nunca le habian impresionado mucho las alturas. Desde fuera no estaba tan mal, pero dentro se sentia claramente encerrado y aislado. Como si ya estuviera en el ataud. Un resbalon y seria cierto. Seria un salto al vacio sin paracaidas.

Empezo a andar arrimado a la pared, al principio lentamente, y comprobo que el suelo era mas duro bajo sus botas provistas de crampones que en la superficie, cubierta de nieve. Ante el, la cornisa describia una curva y se perdia en las sombras como algo que el habia visto una vez en una pelicula de Tarzan. No era de extranar que aquellos seres hubieran permanecido ocultos para el mundo exterior durante tanto tiempo.

El trayecto tenia un aire de esplendor gotico y, de no ser por el intenso frio, Boyd habria esperado descubrir que el camino estaba bloqueado por una tribu de pigmeos cazadores de cabezas en plena expedicion. En otros puntos, la cornisa se estrechaba y el se veia obligado a avanzar de costado con la espalda pegada a la pared, como si fuera un agente de Wall Street planteandose el suicidio desde la azotea de un rascacielos el Viernes Negro.

Cuando la oscuridad aumento, Boyd encendio la linterna de su casco y, poco despues, un gran promontorio rocoso le obligo a avanzar paso a paso, con el pecho contra la pared, hasta rodearlo como una arana. Habia que reconocerlo, de no ser por la certeza de que Jack ya habia seguido la ruta con exito, el jamas se habria atrevido a tomar un camino tan precario. Justo cuando pensaba que las cosas podian ponerse mas dificiles, se quedo sin aliento por el panico que le produjo el ver una figura netamente simiesca en la cornisa, frente a el. Era Rebeca, que le esperaba en la oscuridad para tenderle una aparentemente burda emboscada.

Momentaneamente acobardado, Boyd retrocedio, al tiempo que se descolgaba el fusil automatico Colt, una version de canon corto y provista de mirilla telescopica del fusil reglamentario M16 Al estandar de calibre 5,56 milimetros. Tenia un alcance efectivo de casi quinientos metros, pero aun asi Boyd deseo haber pensado en traer un visor de infrarrojos. Empuno el arma, apoyo la culata en su hombro y abrio fuego cinco veces, con lo que le volo un brazo a la criatura, pero se llevo una decepcion al ver que esta no se precipitaba al vacio.

Decepcion y luego desconcierto.

Transcurrieron un par de minutos antes de que Boyd se acercara lo suficiente para descubrir que habia desperdiciado una municion de un valor incalculable con el cadaver congelado del ex companero de escalada de Jack Furness. Boyd se maldijo en voz alta. Lo sabia, le habian explicado como Rebeca habia cogido el anillo de Didier, tenia que haberse acordado. Se pregunto si tendria motivos para lamentar haber penetrado en el valle secreto de los yetis con menos de un cargador completo.

Swift apenas habia llegado al final de las cuerdas y se mantenia en precario equilibrio sobre la cornisa medio congelada, contemplando la estrecha cinta de hielo azul que quedaba por encima de su cabeza, cuando oyo el retumbante sonido de disparos en la distancia.

En el interior de su mente, el tiempo transcurria con la regularidad de un metronomo y, ansiosa por no desperdiciar unos minutos preciosos entreteniendose a especular sobre el motivo de los disparos, empezo a avanzar inmediatamente por la cornisa.

?Habria dado Boyd alcance a Rebeca? ?Se habria revuelto ella contra el para atacarlo? ?O le habria disparado el por puro placer? Ninguna de las tres posibilidades le parecia lo bastante convincente, y aun trataba de imaginar una cuarta cuando se acordo de Didier Lauren.

Swift comprendio que Boyd debia de haber cometido el mismo error que Jack: confundir el cadaver congelado del pobre Didier con un yeti que le esperaba al acecho en la oscuridad. Sonrio, consciente de que ya tenia una idea exacta de donde se encontraba Boyd. Aun le llevaba una hora de ventaja, pero por lo menos estaba segura de que no le estaba tendiendo una emboscada.

Animada por su conclusion, apreto el paso, intentando transformar su repentino optimismo en energia. No se sentia valiente, pero no tenia mucho sentido preocuparse por el inmenso abismo de su derecha; no, sobre todo estando en juego toda una especie de primates, el descubrimiento antropologico del siglo. Sola en el mundo subterraneo de hielo y roca, avanzo con mayor rapidez, buscando una justificacion para darse prisa cuando las condiciones y el camino le aconsejaban ir despacio, cada vez mas enfadada consigo misma y con Boyd. Sabia que tendria que reprimir esa ira si queria apuntar a Boyd con su arma y apretar el gatillo.

En el CBA, Warner inspeccionaba los restos de la antena de radio que habia dejado Boyd y sacudio la cabeza.

– Nunca conseguiremos arreglarlo -dijo-. Aparte de las radios individuales, estamos mudos. Boyd debe de llevar una radio mas potente. Seguro que planea concertar su rescate por via aerea o algo parecido.

– Uno de nosotros tendra que bajar a pie hasta Chomrong -dijo Jack-. ?Mac? ?Te sientes capaz de andar? No deberias tardar mas de un dia o dos. Son sesenta kilometros ladera abajo.

– Sin problema.

– Creo que hay un telefono en el albergue del Capitan. Se puede pedir el helicoptero de Pokhara y hacer que venga por la manana. Y traer a la Policia Real del Nepal de Naksal. No podemos seguir aqui sin hacer nada.

– Ya me voy.

– Mierda.

En la oscuridad de la grieta, Boyd escruto el camino que debia recorrer. Llana durante un par de kilometros, la cornisa se elevaba de pronto bruscamente dando la vuelta con la pared como si fuera una escalera de caracol, pero sin escalones.

Boyd clavo el piolet en la superficie de la pendiente y vio que el hielo estaba duro como el acero.

– ?Como demonios subiste por aqui, Jack?

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