averia habia provocado que el ordenador no fotografiase las bases de las fuerzas aereas de misiles nucleares de la India y Pakistan y su movilizacion general, sino emplazamientos estrategicos de los paises situados en las antipodas del subcontinente indio que se hallan en el mismo paralelo. Es decir, Estados Unidos y Canada. Doble peligro. Nuestro propio satelite nos espiaba a nosotros. Pero lo que era de verdad un conazo es que Peary esta disenado para volver a ser usado. En otras palabras, no se destruiria al reingresar en la atmosfera. Y como existia la posibilidad de que los sistemas del ordenador que habia a bordo del satelite hubieran guardado nuestra propia informacion secreta estrategica, era imperioso destruir el pajaro cuanto antes. Un problema de cojones. Al haber caido muy cerca de la frontera china en un momento en que la situacion politica es la que es, podeis imaginaros el panico de la gente de Washington. Figuraos que podria ocurrir si los asiaticos pudieran alcanzar todos nuestros emplazamientos. Cosas asi. Bueno, ahora ya lo sabeis.

Boyd se puso en pie y volvio a acercarse a la puerta para echar un vistazo y ver como estaba el tiempo.

– Asi que durante todo este tiempo -dijo Warner- en lugar de buscar muestras de sondaje del glaciar…

– Exacto, Link. He estado buscando algun rastro del satelite.

– Pero ?por que no nos lo contaste todo desde el primer dia? -le pregunto Jack-. Por el amor de Dios, estamos en el mismo bando, ?no?

– En teoria, si. Pero preguntatelo a ti mismo. ?Que hubiera pasado si entre mi mision y la vuestra surgian conflictos de intereses? Vuestra nueva especie contra mi satelite. No nos hubieramos entendido en absoluto. No, no hubiera funcionado. Mi mision tenia… tiene absoluta prioridad. En todo momento y cualquiera que sean las circunstancias. No creo que la doctora Swift lo aceptara, ?verdad? ?Me equivoco, Swifty? Tu no estas dispuesta a permitir que tu preciosa especie nueva corra ningun peligro, ?verdad?

– ?De que hablas? -le pregunto Swift en un tono apagado.

Boyd parecia incomodo.

– No puedo ponerme el pajaro debajo del brazo y llevarmelo a Washington, ?no te parece? Cuando lo lanzaron pesaba mas de mil ochocientos kilos. Supongo que ahora pesara un poco menos. Pero sigue pesando lo suyo. No, tengo que hacerlo estallar. Aunque eso signifique aniquilar a unos cuantos hermanos y hermanas de Rebeca.

– Cabron -dijo Swift.

– ?Lo ves? A eso me referia cuando os he hablado de conflicto de intereses. No les deseo ningun mal a… ?como los has llamado, Link?

– Homo vertex. Significa «hombre que habita las cumbres».

– ?Bii-eh! ?Bii-eh!

– Si, muy bonito, hasta a Rebeca parece gustarle el nombre. El hecho es que no deseo hacerles ningun dano al senor y a la senora hombre que habitan las cumbres. Pero si estan de por medio, que se le va a hacer. A lo mejor tendran suerte. A lo mejor estaran en otra parte cuando estalle el pajaro. Hay cuestiones de seguridad nacional que espero no ocupen ni un minuto de vuestro tiempo. Ademas, sera solo una pequena explosion. No tengo intencion de arrasar vuestro bosque entero, Jack. No voy a necesitar mas de dos kilos y medio de plastico.

– Pero ?por que tienes que hacerlo estallar? -le pregunto Cody-. Tiene que haber una forma mas sencilla de cargarse los bancos de memoria del ordenador del satelite y eliminar la informacion que han almacenado. Probablemente yo podria hacerlo.

– Buena idea, Byron. Pero sigues sin entenderlo -repuso Boyd-. Recuperar las fotografias del patio trasero del tio Sam es solo la mitad del objetivo. En este pajaro hay cantidad de tecnologia secreta capaz de recoger informacion. Me refiero a lo ultimo de lo ultimo. No es chatarra que uno deja arrojada en el suelo para que otro venga, la encuentre y la desmonte en mil pedazos. No podemos permitirnos echarles una mano a esos cientificos amarillos para que construyan satelites espia mejores. Asi que, en cuanto lo halle, me asegurare de que queda completamente destruido.

– Espera un momento -dijo Warner-. Has dicho que habia un pequeno generador termonuclear a bordo, ?verdad?

– Si. La fuente de energia es un isotopo radiactivo, como ha dicho Jack. Jack, te has equivocado de carrera, tendrias que dedicarte a lo que me dedico yo.

– Un momento -insistio Warner-. Si lo haces estallar, podria ser catastrofico. Incluso una pequena explosion tendria consecuencias medioambientales catastroficas.

– ?Cooo-meee-da!

– Si, ya te he oido antes.

– No, no me estas escuchando. Esto es algo diferente, ?no lo entiendes? La explosion dispersaria el isotopo radiactivo por el valle en el que habitan los yetis como… como un aerosol. Los envenenaria a ellos y su medio ambiente. ?Sabes que clase de isotopo es?

Boyd nego con la cabeza, malhumorado. Empezaba a arrepentirse de haber iniciado aquella conversacion. El cielo estaba ahora casi sereno. Habia llegado el momento de marcharse.

– No importa -dijo Warner-. Aun en el caso de que no sea plutonio, digamos que aun en el caso de que sea un isotopo de los menos potentes, como el cobalto 60, con una vida media de solo cinco anos, una explosion convertiria el valle entero en un lugar inhabitable para cualquier ser vivo, animal o vegetal.

– Por favor, para ya.

– No, de verdad. Todo moriria, Boyd. Y si fuera plutonio 239, sus efectos se prolongarian a lo largo de veinticuatro mil anos. La vida media de sus efectos seria esa. Asi que, lo mires como lo mires, sencillamente no puedes hacerlo. Existe una probabilidad de que esta zona del planeta, por su altitud, se libre de la lluvia radiactiva de las bombas. ?No crees que se merece una oportunidad…?

Boyd recogio el casco.

– Ya he oido todo lo que tenia que oir…

– Me parece que no. -Warner estaba cada vez mas nervioso-. Has dicho que has escuchado nuestra conversacion a traves de los microfonos. ?Donde estabas? ?No has oido lo que he dicho del yeti? Esta criatura es un pariente nuestro mucho mas cercano que nuestros primos los chimpances. Por el amor de Dios, Boyd, es como un hermano tuyo.

– ?Sabes? Mi hermano no me ha caido nunca bien. Y tambien vive en Wisconsin. Si es que entiendes lo que quiero decirte, amigo.

– Por favor, escuchale -le rogo Swift-. Lo que te propones hacer es como cometer un asesinato.

Boyd hizo una mueca feroz y senalo el cuerpo sin vida de Jameson con la cabeza.

– Quiza no te has percatado de que esto no representa para mi ningun problema, Swifty.

– Es peor que un asesinato. Es un genocidio.

– La tormenta ha amainado. Tengo que irme.

– La tormenta habra borrado las huellas -dijo Cody-. Y nadie va a acompanarte hasta alli, hasta el bosque alpino. Antes prefeririamos morir.

– ?Ah, si?

Boyd apunto con el revolver a Cody y despues a Jutta, a Jack y a Swift.

– Estoy convencido de que os dejariais matar para proteger a esos monos -se rio-. ?Que os parece si lo probamos? Teneis suerte de que lo digo en broma. -Dio unos golpecitos con el arma en el casco-. Teneis suerte de que uno de los porteadores ya me ha indicado el camino. Teneis suerte de que en seguida vi quien iba a ser mi guia. Alguien a quien no le importara acompanarme hasta alli. Y ni siquiera sera preciso que agite el revolver.

– ?De quien estas hablando? -le pregunto Swift.

– De alguien que ha estado alli muchisimas veces -dijo Boyd-. Rebeca. ?Quien mejor que ella para llevarme hasta este pequeno y oculto valle vuestro?

VEINTIOCHO

?Soy acaso el guarda de mi hermano?

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