-senalo Cody.
– Amen -dijo Swift.
– ?Estais rezando?
Era Boyd, que habia entrado en la concha metido en un traje climatizado. En una mano sostenia un casco. En la otra, un revolver.
– ?Tienes intencion de utilizar eso? -le pregunto Jack.
– Si no me queda mas remedio, si -contesto Boyd-. Pero por favor, no me hagais disparar contra uno de vosotros para demostraros que hablo en serio, Jack.
– Seria la primera vez -dijo Swift-. Nunca me causaste buena impresion como cientifico. Pero adelante, sigue desplegando tus buenos modales si eso te hace sentir mejor. Aun con un revolver en la mano pareces un maton de cuarta. ?Que eres, en realidad? ?Una especie de agente del gobierno?
– Si, algo si.
– ?No te lo dijeron? ?O es que eres demasiado tonto para preguntar?
Boyd dejo el casco y, con una mueca desagradable en la boca, se acerco a Swift.
– Tu y tu lengua afilada, Swifty. ?Quien te crees que eres? ?Katharine Hepburn? Nunca me han gustado las pelirrojas.
Por un momento penso que iba a dispararle. Despues el empezo a hablar pero, antes de terminar la primera silaba, su sonrisa se desvanecio de su boca y abofeteo a Swift con fuerza; la paleoantropologa salio despedida del reves que le asesto con el dorso de la mano, y cayo al suelo de la concha.
Miles Jameson, con intencion de agarrar la mano de Boyd que sostenia el revolver, se lanzo sobre el, pero lo unico que consiguio fue clavarse el canon del arma en las costillas. Sus miradas se cruzaron un segundo, tiempo suficiente para que Jameson se calmara y volviera a apoyarse en ambos pies.
En el ultimo mensaje recibido por correo electronico, Hustler solo le habia dicho que no matara a ningun ciudadano norteamericano. No le habia dicho que no matara a ciudadanos de Zimbabwe. Boyd chasqueo la lengua y apreto el gatillo.
En el interior de la concha el ruido del disparo les desgarro a todos los oidos. Rebeca empezo a chillar y Boyd no se lo impidio, pues era demasiado importante para sus planes como para pensar en matarla. Jameson se quedo colgado del brazo de Boyd un momento, como un ciego. El y Boyd eran los unicos que estaban de pie. La mayoria de los miembros del equipo, que estaban agachados en el suelo, presas del panico, fueron abandonando sus posturas defensivas con la misma lentitud con la que Jameson se desplomaba. Swift permanecio donde estaba, petrificada por la furia de la bofetada de Boyd. Jutta se arrastro hacia Jameson, en un inutil intento de restanar la sangre que le salia a borbotones del costado. Unos movimientos convulsivos de las piernas precedieron su muerte.
– Esta muerto -dijo en voz muy queda cuando Rebeca dejo por fin de chillar.
– Eres un cabron de mierda -solto Mac.
– ?Sabeis?, es una lastima que le haya tocado a Miles -dijo Boyd-. Me caia muy bien. Era un poco engreido a veces. Pero me caia muy bien.
Con una sonrisa amarga en la boca, senalo con el dedo a Swift, que se habia incorporado y se frotaba la mandibula.
– Eso solo demuestra que en la vida nunca se puede decir nada; nunca se sabe que puede ocurrir -declaro Boyd-. Yo estaba seguro de que iba a ser a ti a la que mataria, Swifty. Pero a la hora de la verdad no he podido. No me preguntes por que. Ni siquiera me des las gracias. Y creeme, no dudare en volver a hacerlo. Ya me he calentado.
»Muy bien, creo que seria mejor que os fuerais todos a la otra punta de la concha. Por si acaso tenemos otro accidente desagradable con armas de fuego.
Jutta ayudo a Swift a levantarse, mientras Boyd agitaba el arma con impaciencia.
– Venga, andando.
– No vas a salirte con la tuya, Boyd -le dijo Jack.
– ?Con la mia? ?Con la mia? -se rio Boyd-. No tienes ni idea de cual es la mia. -Se quedo callado un momento porque se le acababa de ocurrir algo-. Bueno, no es del todo cierto, ?verdad, Jack? Al fin y al cabo, has descubierto lo del satelite.
Al notar la cara de sorpresa que ponian todos, asomo una sonrisa vanidosa en los labios de Boyd.
– Os he oido hablar desde la litera. Ni que decir tiene que hay microfonos en la concha. No os figurariais que os iba a dejar hablar a mis espaldas sin escuchar lo que deciais, ?verdad? -Lanzo un suspiro-. No me importa confesar que yo pensaba que nunca iba a encontrar el pajaro. Pero tu lo has encontrado, Jack. Tu me has dicho donde puedo recogerlo; te estoy muy agradecido. -Sus labios tensos dibujaron una sonrisa forzada-. Si, te estoy muy agradecido. Gracias.
Jutta, manchada de la sangre de Jameson, sacudio la cabeza y entre sollozos dijo:
– ?Tan importante es ese satelite que has tenido que matarle?
Boyd se agacho y echo un vistazo a la compuerta hermetica.
– La tormenta esta cediendo. Pero todavia falta mucho para marcharme y terminar mi trabajo. -Dio un paso hacia adelante, arrastro una silla y se sento en ella a horcajadas-. Supongo que puedo contaroslo. Aunque no te lo creas, Jutta, soy un narrador nato.
– Lo que os ha dicho Jack es verdad. Lo del satelite espia. Nosotros lo llamamos pajaro. Un Ojo de Cerradura Once, un nombre apropiado por razones obvias. El nombre en clave es Peary. El nombre del explorador. El pajaro tenia que recorrer una orbita polar siguiendo un paralelo de setenta y cinco grados a fin de obtener informacion secreta estrategica y muy precisa de ciertos emplazamientos de la India, Pakistan y la Republica Popular China. En resumidas cuentas, su objetivo era controlar la situacion que se esta creando en el teatro del norte de subcontinente indio.
»Sin embargo, despues de completar su mision, en la que estuvo recorriendo una orbita a baja altura, en lugar de alzarse y alcanzar una orbita a mayor altura, a treinta y cinco mil kilometros, el pajaro empezo a deslizarse hacia la atmosfera de la tierra. ?Uf! Nos preguntamos que habia sucedido. Lo de siempre: ?cayo o lo derribaron? Finalmente, las lumbreras decidieron que le habian afectado unas manchas solares recientes, que provocaron una sobrecarga de las celulas energeticas solares del pajaro. Tambien en esto has acertado, Jack. Las celulas solares reciben la ayuda de un pequeno generador termonuclear. Eres muy listo para ser una rata de roca. Sea como sea, la sobrecarga provoco que el ordenador cometiera un error a la hora de propulsarlo hasta una orbita superior y captar las imagenes. Las manchas solares tambien tuvieron otro efecto: aumentaron la densidad de la capa mas lejana de la atmosfera de la tierra. Pero cuando la densidad aumenta, tambien lo hace la friccion que actua sobre el pajaro. En consecuencia, el pajaro cometio un desliz y cayo. Los pronosticos hechos por el ordenador nos convencieron de que habia caido en un lugar nada peligroso de las tierras de la Antartida. Ahi es donde estuve la ultima vez, dispuesto a encontrarlo. Pero ocurrio que el pajaro se balanceaba hacia un lado periodicamente y por ello el factor de arrastre del aire se disparo y el ritmo de deterioro se incremento quince o veinte veces. Asi que, en lugar de caer en el polo antartico, cayo en otro sitio, y cayo demasiado pronto. ?Uf! Volver a empezar.
»Nuestra primera conjetura, en cuanto a la localizacion, fue que habia caido en algun punto del trayecto de la orbita inicial. Estuvimos rastreando las senales automaticas de emergencia en la frecuencia existente todo el tiempo que pudimos, pero perdimos el contacto cuando el satelite entro en el espacio aereo nepales. Nos figuramos que habia caido en algun lugar del Himalaya. Pero ?donde? Enviamos unos cuantos aviones espia para que intentaran localizarlo, pero sin ningun resultado. Finalmente, ?quien creeis que nos facilito las cosas y nos dio la mejor pista? El National Geographic, la revista. Un articulito sobre Jack y su companero de escalada, que murio arrastrado por un alud que se desprendio a causa de un meteorito justo en el mismo momento en que habiamos calculado que el pajaro estaba sobrevolando el lugar. ?A que es increible? Aviones de quinientos millones de dolares habian sobrevolado el Nepal, palmo a palmo, en busca de un satelite que se habia perdido y resulta que hallamos la pista en un despreciable articulito de una revista. ?Eso si que fue darles una bofetada bien dada a los del Pentagono!
»Pero, ?eh!, si me dejo la mejor parte de la historia. Lo que hacia que la situacion fuera de emergencia fue que antes del reingreso, el ordenador que habia a bordo de Peary mando todas las imagenes de reconocimiento que habia recogido a nuestro complejo de rastreo situado en el monte Cheyenne. Y descubrieron que la misma
