Genesis 4, 9
Boyd parecia muy satisfecho de si mismo.
– Ire sin prisas, seguire su rastro. No sera muy dificil con tanta nieve fresca. Por cierto, no intenteis llamar a nadie por radio o enviar mensajes por correo electronico. Ya he solucionado el problema de la antena.
– No podras hacerlo solo -dijo Jack-. Te seguiremos.
– No os lo recomiendo -repuso Boyd-. Estoy entrenado. No teneis ni idea de lo que puedo hacer yo solo. Y habreis notado que tengo mano para tratar a esa. Y tambien me llevare un fusil. Un fusil con mira telescopica y con balas de verdad, nada de jeringas hipodermicas. Como vea que uno de vosotros me sigue, lo coso a tiros. Ademas, ya tengo pensado como voy a teneros aqui quietecitos. Quiero decir, sin necesidad de mataros. Solo que primero tengo que ensenarles a nuestros velludos amigos a salir de aqui.
Fue de espaldas hasta la compuerta hermetica, abrio la parte de fuera y se vio un retazo de cielo azul y la luz del sol.
– ?Vaya! -dijo respirando hondo, muy euforico-. Que bien sienta llenarse los pulmones de este aire fresco. Parece que hara un dia esplendido.
Extendio el brazo sosteniendo el arma en la mano, se volvio y se acerco a la jaula.
– Que nadie intente hacer nada -dijo pasando por encima del cuerpo sin vida de Jameson-. A no ser que querais hacerle compania a vuestro amigo. Si sentis deseos de realizar hazanas heroicas, cantad el himno nacional. Venga, atras todo el mundo.
– ?Crees que es una buena idea dejar suelto a un animal salvaje aqui dentro? -le pregunto Cody-. Podria ser muy peligroso. Acuerdate de lo que le ocurrio a Jack.
– Soy yo quien tiene el arma -respondio Boyd, que abrio los cerrojos de la jaula-. Acordaos de lo que le ha ocurrido a Miles.
Abrio la puerta y se aparto.
– ?Sabeis?, odio ver a un animal tan precioso enjaulado.
Rebeca se quedo sentada en un rincon de la jaula de momento, comiendo muesli y amamantando a Esau, sin dar muestras de querer huir de la cautividad. Pero poco a poco fue percatandose de que sus circunstancias no eran las mismas, de que algo habia cambiado, y, estrechando con fuerza a su hijo contra su pecho y emitiendo un suave grunido, se puso en pie.
– ?Bii-eh! ?Bii-eh!
– Asi me gusta -dijo Boyd-. Ya es hora de que salgas a dar una vueltecita por el patio, Chita.
Muy despacio, Rebeca salio de la jaula. Clavo sus ojos en Jameson con una mirada llena de aprension; se agacho junto a el, le enjugo la sangre con un dedo y despues se lo llevo a la boca. El sabor le hizo arrugar la frente, como si se hubiera dado cuenta de que habia un problema. Fue aguijoneando a Jameson con el dedo para ver si daba senales de vida y, al no percibir ninguna, emitio un debil gemido y se fue, temerosa, hacia la puerta abierta. Balanceando el cuerpo de un lado a otro, como un elefante enjaulado, echo una mirada a su alrededor como si en cierto modo esperara que alguien intentara detenerla.
– ?Bii-eh! ?Bii-eh!
Swift miro a los ojos penetrantes de la yeti e hizo un movimiento afirmativo con la cabeza.
– Bien -dijo, y agito la mano a modo de despedida-. Muy bien.
Rebeca fue hacia la puerta emitiendo una serie de gritos cada vez mas fuertes. Y luego desaparecio.
Boyd asintio, satisfecho.
– ?Habeis visto? No era para tanto, ?a que no? No creo que sea peligrosa.
El la siguio y al llegar a la puerta dijo:
– Ya os lo he advertido, que nadie salga de la concha. A no ser que creais que podeis correr mas de prisa que una bala.
Swift empezo a maldecirlo pero de pronto se quedo callada porque vio un rayo de luz de esperanza. Fuera de la tienda, aparentemente sin que Boyd hubiera reparado en el, estaba, armado con una pistola, Ang Tsering.
Tsering debio de haber oido el disparo que mato a Jameson y debio de haber visto que Boyd les apuntaba a todos con un revolver. Swift penso que habria encontrado la pistola en el refugio de Boyd y que se disponia a disparar contra el o a intentar quitarle el arma. Incluso cuando el sirdar ayudante estuvo a solo un metro de distancia de Boyd, detras de el, Swift seguia albergando la esperanza de que correria hacia el norteamericano y le golpearia en la cabeza; y lo siguio esperando hasta que Boyd, sin darse la vuelta, empezo a hablarle a Tsering como si desde el primer momento hubiera sabido que el nepales estaba alli.
– El yeti se dirige al banco de hielo flotante -dijo Tsering.
– Perfecto. Ahora ya sabes que tienes que hacer. Si alguien sale de la concha, le disparas. Estaras muy comodo aqui -le dijo Boyd, que agito la mano para despedirse, salio y cerro la compuerta-. Adios -grito.
Despues cerro la solapa exterior que sellaba la compuerta hermetica.
El sirdar se volvio inmediatamente hacia Jack, junto las manos, inclino la cabeza y dijo:
– Lo siento, Jack sahib. Como esta ocurriendo no se. Yo pensaba que Ang Tsering es buena persona, buen sirdar ayudante. Yo escogi a el. Yo saap. Yo bhiringi. Es mi culpa, Jack sahib. Malaai ris, Jack sahib. Malaai dukha.
Jack nego con la cabeza.
– Olvidalo, Hurke. No es culpa tuya. Ahora lo importante es pensar en que vamos a hacer. ?Crees que nos disparara si salimos?
Hurke Gurung movio la cabeza de un lado a otro, expresando su incertidumbre.
– No estoy nada seguro -dijo al fin-. Hacer asesinato en mi pais es una cosa terrible. Tsering no es un hombre muy religioso. Para el matar a alguien, creo que pediria muchos dineros. Bastantes tal vez para irse del Nepal para siempre. Siempre queria irse a vivir a America, creo.
– Boyd no anda nada escaso de dinero, eso seguro -dijo Jack-. Y su gente probablemente habra llegado a un acuerdo con el Departamento de Estado.
– Ke garne, Jack? ?Que hacemos? -Movio la cabeza tristemente-. Quiza, estoy pensando que mataria uno de sus bideshi, porque ustedes son extranjeros. Es muy resentido, creo. Siempre ha ido detras de dinero, busca problemas, quiere mas equipo, siempre mas. Un verdadero saaglo. ?Pero yo? Quiza el me tendra mas respeto a mi, porque soy sirdar. Para el soy maalik. Tendra que tener maanu de mi. Y quiza tambien mas que un poco de miedo. Como un pahelo cobarde.
Jutta cogio el anorak de Jameson y le cubrio el rostro. Despues se levanto y sacudio la cabeza.
– Me parece que te equivocas -dijo-. Creo que es contra mi contra quien le costara mas disparar. Despues de todo lo que he hecho por el… -Jutta se trago su furia.
– Memsahib tiene razon, naturalmente -dijo Hurke-. Quiza si memsahib mantiene conversacion con Ang Tsering, yo podria acercarme por detras.
– ?No se te olvida algo? -suspiro Swift-. Esta dichosa tienda tiene solo una puerta de salida. Y esta hecha de kevlar, que no es el material con el que se suelen construir las tiendas corrientemente. -Golpeo la pared como si probara su resistencia-. Ni siquiera un leopardo de las nieves podria desgarrarlo. Este material es a prueba de balas.
Hurke Gurung metio la mano en su mochila y saco un machete nepales, un khukuri en forma de bumeran. Extrajo la hoja de cuarenta y cinco centimetros de la vaina de cuero y la sopeso con confianza.
– Perdon por contradiccion, memsahib -dijo-. Pero esto servira. Quiza a prueba de balas, si, pero no a prueba de cuchillo. Khukuri. De cuando yo era un gurkha. Corta todo. Muy afilado. Corta incluso la concha de Boyd sahib.
– ?Ang Tsering? -El tono de voz de Jutta era desapasionado, amigable incluso-. ?Estas ahi? Tengo que hablar contigo.
– No quiero hablar con usted.
– Pues yo tengo que hablar contigo.
– ?No ha oido lo que ha dicho el senor Boyd? -dijo Tsering-. ?No ha oido lo que me ha dicho a mi? Que disparara si alguien salia de la tienda.
