– Si, pero tu y yo somos amigos, Tsering. Hemos sido amigos desde el primer dia. Por eso te he ayudado a mejorar el aleman.
– Yo no confiaria demasiado en esta ayuda prestada, senora Henze -insistio Tsering-. Y el senor Boyd es ahora mi amigo. El me ayuda.
– Bueno, quiza el te ayude, pero no puedo creer que seas capaz de dispararme.
– Este segura de que no me gustaria nada tener que hacerlo. Pero obedezco ordenes. Por favor, no salga de la tienda. Es de la unica manera que puedo garantizar que no le ocurra nada.
– ?Has oido hablar del juramento hipocratico, Tsering?
– Desde luego. Es el juramento que hacen los doctores en medicina.
– Pues atiende, Jameson sahib esta herido, Boyd le ha disparado -dijo ella-. Tengo que ir a recoger mi maletin que esta en el refugio. Si no, morira.
Jutta aparto la solapa exterior de la compuerta y miro desafiante a Ang Tsering. Este, que fumaba nerviosamente y sostenia en su mano enguantada una pistola automatica, parecia mas inquieto que nunca. Jutta se pregunto si habria cogido un arma antes y si Boyd le habria ensenado a utilizarla.
– Ya basta, por favor, memsahib. No deseo dispararle.
Echo una ojeada a su ropa ensangrentada.
– Como puedes ver, Jameson ha perdido ya mucha sangre. Si yo no hago algo, morira desangrado.
El sirdar ayudante arrojo el cigarrillo y se paso una mano por su pelo de erizo, frustrado.
– Tengo que ir a coger el maletin, nada mas. Quiza uno de los sherpas pueda traermelo.
– No, esto no es posible. Todos los sherpas huyeron corriendo al oir los disparos.
Jutta oyo a su espalda un ruido de un desgarron y penso que el sirdar debia de estar a punto de salir. Dio un paso hacia adelante y piso la nieve. Miro hacia el glaciar y vio el rastro de unas huellas en la nieve. Pero la luz del sol que se reflejaba en la nieve la deslumbraba y no pudo ver a Boyd.
– O vas tu a buscar mi maletin o tendre que ir yo.
Tsering se echo hacia atras y apunto a la cabeza de Jutta con el arma. Solo entonces se le ocurrio accionar el pasador que hacia entrar la bala en la recamara de la pistola automatica.
Jutta se sonrio al darse cuenta de que su conocimiento de las armas se limitaba probablemente a lo que habia visto en la television.
– ?No has quitado el cerrojo? -le pregunto ella.
Ang echo una ojeada al costado del arma y se quedo un momento inmovil, furioso consigo mismo.
– No me trate con aire condescendiente -dijo, y disparo a la nieve, justo a los pies de Jutta-. ?Lo ve? Se perfectamente lo que hago y voy a disparar. Creame, memsahib, si da otro paso no tendre mas remedio que dispararle en la pierna. ?Y quien atendera al medico? Por favor, contesteme.
– Tendras que matarme para impedirme atender a Jameson sahib -dijo ella.
– ?Por que quiere que la mate? -pregunto Tsering en un tono de voz suplicante-. Ha sido usted muy amable conmigo. Yo no deseo matarla. Por favor, entre en la tienda.
Por el rabillo del ojo, Jutta vio que el sirdar se acercaba furtivamente a Tsering por la espalda. Vio la expresion asesina de Hurke y la hoja afilada del khukuri que resplandecia en su mano como un relampago, y tuvo que sofocar un grito tapandose la boca con la mano.
Tsering, tomando aquel gesto por una expresion de miedo, se acerco a ella sin dejar de apuntarla.
– Si, hace bien en tener miedo. Lo hare, no le quepa duda. Que Jameson sahib viva o se muera a mi tanto me da. Para mi es solo un bideshi mas. ?Me ha oido? Que se muera. No tenia que haber venido, eso para empezar. Ninguno de ustedes tenia que haber venido. Son todos unos ladrones. Todos ustedes son unos ladrones.
Tsering le hablaba gritando, como si quisiera convencerse a si mismo de que era capaz de usar el arma y dispararle si se veia obligado a hacerlo.
– Y ahora metase dentro, estupida -le dijo, enfurecido-, o le disparare. ?Me ha oido?
La mano que sostenia el arma y le estaba apuntando temblaba. Jutta retrocedio pensando que podia apretar el gatillo accidentalmente.
Ahora el sirdar estaba a solo un metro de Tsering, con el khukuri a la altura del hombro.
A Jutta se le corto la respiracion. No iria a utilizar el arma, no podia ser.
Una fraccion de segundo despues, Hurke Gurung levanto su cuchillo letal, que capto la luz del sol como si fuera un heliografo, y empezo a dejarlo caer trazando en el aire un arco mortal.
Involuntariamente, Jutta solto un grito y alzo las manos para detener al sirdar.
Tsering penso que la alemana le suplicaba que se apiadara de ella y esbozo una sonrisa de desprecio. Jutta le habia ensenado un poco de aleman, nada mas. ?Y que mas daba si la mataba? Ademas, ni siquiera le gustaba su idioma. El unico que le habia ofrecido dinero y un pasaporte norteamericano habia sido Boyd. Para poder vivir en America. Eso si era fantastico.
Fue la ultima idea que le paso por la cabeza antes de que el machete interrumpiera sus pensamientos.
El grito de Jutta se mezclo con el de Tsering; despues se oyo el ruido de un disparo cuando su indice apreto el gatillo en un acto reflejo antes de que la mano seccionada cayese al suelo manchando la nieve de sangre.
Tsering se desplomo; con la unica mano que tenia se tocaba el munon ensangrentado como si no entendiera que habia ocurrido con la otra.
– Mero padkhuraa dukhyo -gimio lastimeramente-. Aspataallaai jachaauna parchha.
– Puedes dar las gracias de que no te haya cortado la cabeza -dijo el sirdar, que escupio en el suelo delante de Tsering-. Hajur?
– Mero haat -sollozo Tsering-. Mero haat.
Jutta se fue corriendo a coger su maletin y dejo atras al resto del equipo que estaba saliendo por la puerta de la concha. Lo mas probable era que no pudiese salvarle la mano. La radio no funcionaba y estaban muy lejos de los hospitales de Pokhara. Pero al menos podria cortarle la hemorragia y evitar que muriera desangrado.
Sin preocuparse de Ang Tsering, el sirdar se alejo renqueando unos cuantos metros del campamento tras las huellas de Rebeca y de Boyd; sus ojos avezados, entornados para que no le deslumbrara el sol, los buscaban por la parte superior del glaciar. Del yeti no habia ni rastro, pero en cambio distinguio una figura menuda en el lindero del banco de hielo flotante que habia delante del Machhapuchhare. Miro a su alrededor y vio que Jack estaba a su lado, con unos prismaticos en las manos; el sirdar le indico en silencio hacia donde tenia que apuntarlos.
Jack asintio y vio a Boyd. Les llevaba una hora de ventaja.
Los ojos del sirdar siguieron el rastro de varias huellas que partian del campamento en la misma direccion, hacia el sur, lejos del Santuario.
– Los demas sherpas han huido corriendo -dijo.
Jack vio las pisadas e hizo un movimiento afirmativo con la cabeza. Swift estaba arrodillada junto a la mano cortada del sirdar ayudante y separaba la pistola de sus dedos palidos.
– No les reprocho que hayan huido -gruno Jack, que se dirigio hacia donde estaba ella.
El arma estaba todavia preparada para disparar. Swift puso el seguro y, sosteniendo el martillo con sus dos pulgares, apreto el gatillo y luego bajo con mucho cuidado el martillo y lo apoyo contra el disparador protegido. Cuando el arma dejo de ser un peligro, alzo la vista y le dijo a Jack:
– Voy a perseguirle.
– Tu sola no vayas. Que vaya Hurke contigo.
Jack echo una mirada a su alrededor buscando al sirdar y vio que estaba arrodillado en la nieve examinando un agujero que tenia en el tacon de la bota. Era la bala perdida de Tsering.
– Perdone, por favor, Jack sahib. Pero creo que me han disparado una bala.
Le ayudaron a andar hasta la tienda, donde Jutta ya le estaba aplicando un torniquete a Tsering en el brazo herido. Hurke se sento y dejo que Jack le desabrochara la bota, haciendo muecas de dolor cuando se la quito y tambien despues, cuando le quito los calcetines. El pie chorreaba sangre y, aunque Jutta vio con claridad que la bala solo habia afectado la parte carnosa del talon, supo tambien que tendrian que pasar varios dias antes de que pudiera volver a andar largas distancias.
Swift se estaba poniendo ya el traje climatizado.
– Voy contigo -dijo Jack.
– Lo unico que vas a conseguir es hacerme andar despacio -dijo ella, que se recogio la cabellera pelirroja y se la ato con una cinta elastica-. No te has repuesto todavia de las lesiones.
Jack reconocio que era verdad, pero como no queria que fuera sola y pusiera su vida en peligro, le sugirio que
