una media para estrangularlas. No obstante, las pruebas muestran muy claramente que se usaron las manos desnudas. Dice que apunalo a sus victimas en el estomago. Segun las pruebas, ninguna de ellas fue apunalada, a todas les cortaron el cuello. Luego esta el hecho de que el cuarto asesinato debio de producirse mientras Kahn estaba ya detenido. ?Podria ser obra de un asesino diferente, alguien que copiara los tres anteriores? No, porque la prensa no ha publicado nada al respecto. Y no, porque las similitudes entre los cuatro son demasiado grandes. Son todos obra del mismo hombre. -Dirigio una sonrisa a
– Solo que es imposible que ese hombre sea Josef Kahn. Y que Josef Kahn ha sido victima de una forma de fraude que uno habria creido imposible en el Tercer Reich.
Habia una sonrisa en sus labios mientras cerraba la carpeta y se recostaba en la silla para abrir su pitillera. Fumar, igual que ser medico, era otra de las cosas que se suponia que las mujeres no debian hacer, pero estaba claro que eso era algo que no le preocupaba lo mas minimo.
Fue el conde quien hablo a continuacion.
– A la luz de esta informacion, ?podemos preguntar al
Su cinturon crujio al inclinarse sobre la mesa, aparentemente ansioso por oir la respuesta de Nebe. Hijo de un conocido general que ahora era embajador en Moscu, el joven Von der Schulenberg tenia unas relaciones impecables. Al no responder Nebe, anadio:
– No veo de que manera se puede inculcar a los padres de Berlin que tienen hijas jovenes que es necesaria la cautela sin recurrir a alguna forma de declaracion oficial en la prensa. Naturalmente, me asegurare de que todos y cada uno de los Anwarter del cuerpo sean conscientes de la necesidad de vigilancia en las calles. No obstante, seria mas facil para mis hombres de la Or po si contaran con una cierta ayuda por parte del Ministerio de Propaganda del Reich.
– Es un hecho aceptado en criminologia -dijo Nebe sin alterarse- que la publicidad puede actuar como estimulo para un asesino de este tipo, como estoy seguro que
– Exacto -dijo ella-. A los asesinos en serie parece gustarles leer informaciones sobre ellos en la prensa.
– No obstante -continuo Nebe-, me ocupare de telefonear al edificio Muratti hoy mismo y les preguntare si no se podria preparar alguna cuna publicitaria encaminada a que las chicas fueran mas conscientes de la necesidad de tener cuidado. Por otro lado, cualquier campana asi tendria que contar con la bendicion del
El conde asintio.
– Y ahora -dijo mirandome-, tengo una pregunta para el
Sonreia, pero yo no tenia ninguna intencion de fiarme mucho de esa sonrisa. Me daba la impresion de que habia aprendido su aire sarcastico y altanero en la misma escuela que el
– Siendo el detective que tan inteligentemente resolvio el celebre caso de Gormann, el estrangulador, ?querra compartir ahora con nosotros sus primeras impresiones sobre este caso en particular?
La anodina sonrisa persistio mas alla de lo que podria parecer comodo, como si hiciera esfuerzos con su oprimido esfinter. Por lo menos, yo daba por supuesto que era apretado. Como adjunto de un anterior hombre de las SA, el conde Wolf von Helldorf, que tenia fama de ser tan homosexual como el finado jefe de las SA, Ernst Rohm, Schulenberg bien podria tener la clase de culo que habria tentado a un ratero corto de vista.
Viendo que aun podia sacarse mas de esta insincera linea de indagacion, anadio:
– ?Quizas una indicacion sobre el tipo de personaje que podemos estar buscando?
– Me parece que puedo ayudar al presidente administrativo en esto -dijo
La cabeza del conde se giro con rapidez en su direccion.
Ella busco en su cartera y puso un libro grande sobre la mesa. Y luego otro, y otro, hasta que hubo una pila tan alta como una de las botas militares, muy bien lustradas, de Schulenberg.
– Previendo esa pregunta, me tome la libertad de traer varios libros que tratan de la psicologia criminal -dijo-.
Aquello era demasiado para el. Recogio sus papeles de la mesa y se levanto, sonriendo nerviosamente.
– Quizas en otra ocasion,
– Cabron -murmuro Lobbes.
– No pasa nada -dijo ella, anadiendo algunos ejemplares del
Sonrei, apreciando su tranquila resistencia, asi como los hermosos pechos que tensaban la tela de su blusa.
Cuando acabo la reunion, me demore un poco a fin de quedarme solo con ella.
– El conde hizo una buena pregunta -dije-. Una a la cual no sabria como responder. Gracias por salir en mi ayuda como lo hizo.
– Por favor, no tiene importancia -dijo, empezando a colocar sus libros de nuevo en la cartera.
Cogi uno de ellos y le eche una ojeada.
– ?Sabe? Me interesaria escuchar su respuesta. ?Puedo invitarla a tomar algo?
Miro el reloj, sonrio y dijo:
– Si, me encantaria.
Die Letze Instanz, al final de la Klos terstrasse, en la vieja muralla de la ciudad, era un bar de barrio muy popular entre los polis del Alex y los funcionarios de los juzgados del cercano Tribunal de Ultima Instancia, que le daba nombre al local.
Dentro, todo eran paredes recubiertas de madera marron oscura y suelos de losa. Cerca del bar, con su enorme surtidor de cerveza de ceramica amarilla, en la parte superior del cual se erguia la figura de un soldado del siglo XVII, habia un enorme banco de azulejos verdes, marrones y amarillos, todos con cuerpos y cabezas moldeadas. Tenia el aspecto de un trono muy frio e incomodo y en el se sentaba el propietario del bar, Warnstorff, un hombre de pelo oscuro y piel palida que llevaba una camisa sin cuello y un amplio delantal de cuero que era tambien su bolsa para el cambio. Cuando llegamos me saludo calurosamente y nos acompano a una mesa en la zona del fondo, adonde nos trajo un par de cervezas. En otra mesa un hombre estaba dando buena cuenta del trozo mas enorme de codillo de cerdo que cualquiera de los dos habia visto nunca.
– ?Tiene hambre? -le pregunte.
– Ahora que lo he visto a el, no.
– Si, comprendo lo que quiere decir. Desanima un poco, ?verdad? Uno pensaria que esta tratando de ganar la Cruz de Hierro por la forma en que pelea con ese trozo de carne.
Sonrio y nos quedamos callados un momento. Despues, ella dijo:
– ?Cree que habra guerra?
Fije la mirada en mi cerveza, como si esperara que la respuesta flotara hasta la superficie. Me encogi de hombros y movi la cabeza.
– La verdad es que, ultimamente, no he seguido de cerca los acontecimientos -dije, y le conte lo de Bruno Stahlecker y mi vuelta a la Kri po-. ?Pero no tendria que ser yo quien preguntara? Como experta en psicologia criminal, deberia conocer mejor la mente del
Ahora le toco a ella buscar inspiracion en la jarra de cerveza.
– La verdad es que no nos conocemos lo suficiente para mantener esta conversacion, ?no? -dijo.
– Supongo que no.
