– No obstante, le dire algo -anadio, bajando la voz-. ?Ha leido alguna vez
– ?Ese curioso libro que dan gratis a todos los recien casados? Es la mejor razon para permanecer soltero que conozco.
– Bueno, yo lo he leido. Y una de las cosas que observe es que hay un pasaje, que se extiende a lo largo de siete paginas, en el cual Hitler hace repetidas referencias a las enfermedades venereas y a sus efectos. Es mas, llega a decir que la eliminacion de esas enfermedades es la Ta rea, con mayusculas, a la que se enfrenta la nacion alemana.
– Cielo santo, ?me esta diciendo que es sifilitico?
– No le estoy diciendo nada. Solo le informo de lo que esta escrito en el gran libro del
– Pero ese libro es de mediados de los anos veinte. Si ha tenido el rabo al rojo vivo desde entonces, su sifilis debe de ser terciaria.
– Podria interesarle saber que muchos de los companeros de Josef Kahn en el Herzeberge Asylum son hombres cuya demencia organica es consecuencia directa de su sifilis. Se pueden hacer y aceptar declaraciones contradictorias. El humor varia entre la euforia y la apatia y existe una inestabilidad emocional general. El tipo clasico se caracteriza por una euforia demencial, delirios de grandeza y rachas de paranoia extrema.
– Joder, lo unico que se ha dejado fuera es ese estupido bigote -dije. Encendi el cigarrillo y le di unas caladas, desanimado-. Por todos los cielos, cambiemos de tema. Hablemos de algo mas alegre, como nuestro amigo el asesino en serie. ?Sabe?, estoy empezando a comprender su punto de vista, de verdad. Quiero decir, son las jovenes madres del futuro a quienes esta matando. Mas maquinas productoras de ninos que seran nuevos miembros del partido. Yo, por mi parte, estoy totalmente a favor de esos productos secundarios de la civilizacion del asfalto de los que no dejan de hablar; las familias sin hijos con mujeres eugenesicamente inutiles, por lo menos, hasta que nos hayamos librado de este regimen de porras de goma. ?Que importa un psicopata mas entre tantos?
– Esta diciendo mas de lo que cree -dijo-. Todos somos capaces de practicar la crueldad. Todos y cada uno de nosotros somos criminales latentes. La vida es solo una lucha para mantener una piel civilizada. Muchos asesinos sadicos descubren que solo de vez en cuando explotan. Peter Kurten, por ejemplo. Parecia ser un hombre con un caracter tan amable que nadie que lo conocia podia creer que fuera capaz de consumar los horribles crimenes que cometio.
Revolvio en su cartera de nuevo y, despues de limpiar la mesa, puso un delgado libro azul entre nuestros dos vasos.
– Este libro es de Carl Berg, un patologo forense que tuvo la oportunidad de estudiar detenidamente a Kurten despues de su arresto. Conozco a Berg y respeto su trabajo. Fundo el Instituto de Medicina Legal y Social de Dusseldorf y durante un tiempo fue el funcionario medico legal del Tribunal Penal de la ciudad. Este libro,
– Si, muchas gracias.
– Le ayudara a comprender -dijo-. Pero para entrar en la mente de un hombre como Kurten, deberia leer este.
Rebusco de nuevo en la bolsa de libros.
–
– Oh, no ponga esa cara de desconfianza,
– No he leido poesia desde que estudie a Goethe en la escuela.
– ?Y que opinaba de el?
– ?Es que los abogados de Frankfurt son buenos poetas?
– Es una critica interesante -dijo-. Bueno, esperemos que tenga mejor opinion de Baudelaire. Y ahora me temo que debo irme. -Se levanto y nos estrechamos la mano-. Cuando haya terminado con los libros puede devolvermelos en el Instituto Goering, en la Bu dapesterstrasse. Estamos justo al otro lado de la calle, frente al acuario del Zoo. De verdad que me gustaria conocer la opinion de un detective sobre Baudelaire -dijo.
– Sera un placer. Y usted puede decirme cual es su opinion del doctor Lanz Kindermann.
– ?Kindermann? ?Conoce a Lanz Kindermann?
– En cierto modo.
Me contemplo con una mirada critica.
– ?Sabe?, para ser un
7. Domingo, 11 de septiembre
Prefiero los tomates cuando aun les queda algo de verde. Entonces son dulces y firmes, con una piel lisa y fresca, del tipo que se escogeria para una ensalada. Pero cuando un tomate tiene ya algo de tiempo, le salen unas cuantas arrugas y se va haciendo demasiado blando para cogerlo, incluso empieza a saber un poco agrio.
Lo mismo sucede con las mujeres. Solo que aquella era, quizas, un poco demasiado verde para mi y, posiblemente, demasiado fresca para su propio bien. De pie a mi puerta, me recorrio de norte a sur y de este a oeste con una mirada impertinente, como si tratara de calibrar mi destreza, o mi torpeza, como amante.
– ?Si? -dije-. ?Que quieres?
– Estoy haciendo una colecta para el Reich -explico, jugando con los ojos. Me mostro una bolsa de tela, como para corroborar su historia-. El Programa de Ahorro del partido. Ah, el conserje me dejo entrar.
– Eso ya lo veo. ?Que quieres exactamente?
Enarco una ceja al oir aquello y me pregunte si su padre pensaria que ya no era lo bastante pequena como para darle una buena azotaina.
– Bueno, ?que tiene?
En su tono habia mofa contenida. Era bonita, con un estilo entre mohino y sensual. En ropa de calle habria pasado por una mujer de veinte anos, pero con las dos coletas y vestida con las gruesas botas, la larga falda azul marino, la pulcra blusa blanca y la chaqueta marron de cuero de la BdM no le eche mas de dieciseis.
– Vere que puedo encontrar -dije, un tanto divertido ante sus modales de adulta, que parecian confirmar lo que se oia decir a veces de las chicas de la BdM, que eran sexualmente promiscuas y que tenian tantas probabilidades de quedar embarazadas en el campamento de las Juventudes Hitlerianas como de aprender costura, primeros auxilios e historia del pueblo aleman-. Me parece que sera mejor que entres.
Entro despacio, como si arrastrara una capa de armino, y examino de forma somera el recibidor. No parecio muy impresionada.
– Bonito lugar -murmuro.
Cerre la puerta y deje el cigarrillo en el cenicero de encima de la mesita.
– Espera aqui -le dije.
Entre en el dormitorio y hurgue debajo de la cama en busca de la maleta donde guardaba camisas viejas y toallas desgastadas, por no hablar de todo el polvo y la pelusa de alfombras sobrante. Cuando me puse en pie, sacudiendome la ropa, ella estaba apoyada en la puerta, fumandose mi cigarrillo. Insolente, lanzo un perfecto anillo de humo en mi direccion.
– Creia que vosotras, las chicas de la Fe y la Bel leza, no fumabais -dije tratando de ocultar mi irritacion.
– ?Seguro? -dijo con una sonrisa de suficiencia-. Hay muchas cosas que no nos animan a hacer. Se supone que no debemos hacer esto, se supone que no debemos hacer lo otro. Casi todo parece ser pecaminoso en esta epoca, ?no? Pero lo que yo digo siempre es: si no puedes hacer todas esas cosas malas cuando todavia eres joven para disfrutarlas, entonces, ?que sentido tiene hacerlas?
Se despego de la puerta y salio afuera con aire decidido.
