las cartas de su hijo al doctor Kindermann no pude encontrar ni rastro.

6. Viernes, 9 de septiembre

Era una sensacion extrana estar de nuevo en el Alex, en una reunion para hablar de un caso, e incluso mas extrano oir que Arthur Nebe se referia a mi como el Kommissar Gunther. Habian transcurrido cinco anos desde el dia de junio de 1933 en que, incapaz de tolerar por mas tiempo las purgas de Goering en la policia, habia dimitido de mi cargo de Kriminalinspektor para convertirme en el detective del Hotel Adlon. Unos cuantos meses mas y probablemente me habrian echado, de cualquier modo. Si alguien me hubiera dicho entonces que volveria al Alex como miembro de la clase de oficiales de alto rango de la Kri po cuando aun seguia en el poder un gobierno nacionalsocialista, le habria dicho que estaba loco.

A juzgar por sus caras, la mayoria de las personas sentadas alrededor de la mesa habrian expresado, casi con total certeza, la misma opinion. Hans Lobbes, el Reichskriminaldirektor numero tres y jefe del ejecutivo de la Kri po; el conde Fritz von der Schulenberg, segundo del director general de la policia de Berlin y representante de los chicos uniformados de la Or po. Incluso los tres oficiales de la Kri po, uno de Antivicio y dos de Homicidios que habian sido asignados a un nuevo equipo investigador que tenia que ser, a peticion mia, pequeno, me miraban con una mezcla de temor y aversion. No es que los culpara por ello. En su opinion, yo era el espia de Heydrich. En su lugar, probablemente yo habria sentido lo mismo.

Habia otras dos personas presentes, invitadas por mi, lo cual aumentaba el ambiente de desconfianza. Una de ellas, una mujer, era psiquiatra forense del Charite Hospital de Berlin. Frau Marie Kalau vom Hofe era amiga de Arthur Nebe, quien tenia tambien algo de criminologo, y estaba destinada oficialmente a la central de policia como asesora en cuestiones de psicologia criminal. El otro invitado era Hans Illmann, catedratico de Medicina Forense en la Uni versidad Friedrich Wilhelm de Berlin y anteriormente patologo jefe del Alex hasta que su fria hostilidad hacia el nazismo obligo a Nebe a retirarlo. Como incluso Nebe admitia, Illmann era mejor que cualquiera de los patologos que trabajaban en la actualidad en el Alex, asi que a peticion mia le habian pedido que se hiciera cargo de los aspectos de medicina forense del caso.

Un espia, una mujer y un disidente politico. Solo faltaba que la estenografa se pusiera en pie y cantara Bandera Roja para que mis nuevos companeros creyeran que eran victimas de una broma de mal gusto.

Nebe acabo su prolija presentacion de mi curriculum y la reunion quedo en mis manos.

– Odio la burocracia -dije meneando la cabeza-. La detesto. Pero lo que necesitamos aqui es una burocracia de informacion. Lo que sea relevante quedara claro mas adelante. La informacion es la parte vital de cualquier investigacion criminal, y si esa informacion esta contaminada, entonces todo el cuerpo investigador resulta envenenado. No me importa que alguien cometa un error. En este juego, casi siempre estamos equivocados hasta que damos con la verdad. Pero si descubro que un miembro de mi equipo proporciona, a sabiendas, una informacion erronea, no se las tendra que ver con un tribunal disciplinario; lo matare yo. Y esta es una informacion de la que pueden estar seguros. Hay algo mas que me gustaria decir. No me importa quien lo haya hecho. Judio, negro, mariquita, guardia de asalto, jefe de las Juventudes Hitlerimas, funcionario, obrero de la construccion de autopistas… tanto me da… siempre que lo haya hecho. Y esto me lleva al tema de Josef Kahn. Por si alguno de ustedes lo ha olvidado, es el judio que se confeso autor de los asesinatos de Brigitte Hartmann, Christiane Schulz y Zarah Lischka. Actualmente esta en el manicomio municipal de Herzeberge, de acuerdo con el articulo 51, y uno de los propositos de esta reunion es valorar su confesion a la luz del asesinato de la cuarta chica, Lotte Winter. Llegados a este punto, permitanme que les presente al profesor Hans Illmann, que ha aceptado amablemente actuar como patologo en este caso. Para aquellos de ustedes que no lo conozcan, es uno de los mejores patologos del pais, asi que somos muy afortunados de tenerlo con nosotros.

Illmann hizo un gesto de reconocimiento con la cabeza y siguio liando concienzudamene un cigarrillo. Era un hombre delgado, con pelo fino y oscuro, gafas sin montura y una pequena perilla. Acabo de chupetear el papel y se introdujo el pitillo en la boca, tan perfecto como cualquier cigarrillo hecho a maquina. Me maraville en silencio. La brillantez medica no tenia importancia alguna al lado de este tipo de delicada destreza.

– El profesor Illmann nos hara participes de lo que ha descubierto despues de que el Kriminalassistant Korsch haya leido las notas relativas a cada caso.

Hice un gesto con la cabeza al hombre joven, moreno y robusto que estaba sentado frente a mi. Habia algo artificial en su cara, como si se la hubiera preparado uno de los dibujantes de los servicios tecnicos de la Si po, con tres rasgos bien definidos y poco mas: cejas unidas en el entrecejo y aferradas a la frente prominente como si fueran un halcon preparandose para alzar el vuelo; una barbilla larga y huidiza y un bigotillo al estilo Fairbanks. Korsch carraspeo y empezo a hablar con una voz que era una octava mas aguda de lo que yo esperaba.

– Brigitte Hartmann -leyo-. Edad, quince anos, de padres alemanes. Desaparecida el 23 de mayo de 1938. Encontrado el cuerpo dentro de un saco de patatas, en un solar en Siesdorf, el 10 de junio. Vivia con sus padres en la Ur banizacion Britz, al sur de Neukolln, y habia salido a pie de casa para coger el U-Bahn en la Par chimerallee. Iba a visitar a su tia en Reinickdorf. La tia tenia que recogerla en la estacion de la Hol zhauser Strasse, pero Brigitte no aparecio. El jefe de la estacion de Parchimer no recordaba haberla visto subir al tren, pero dijo que se habia pasado la noche bebiendo cerveza y que probablemente no se acordaria, tanto si habia subido como si no.

Esto provoco una carcajada de los asistentes.

– Borracho asqueroso -gruno Hans Lobbes.

– Esta es una de las dos chicas que ya han sido enterradas -dijo Illmann sin alterarse-. No creo que haya nada que yo pueda anadir a los resultados de la autopsia. Siga, Herr Korsch.

– Christiane Schulz. Edad, dieciseis anos, de padres alemanes. Desaparecida el 8 de junio de 1938. Encontrado el cuerpo el 2 de julio, en el tunel del tranvia que conecta el Treptower Park, en la margen derecha del Spree, con el pueblo de Stralau, en la izquierda. A mitad del tunel hay un punto de mantenimiento, poco mas que una arcada empotrada. Ahi es donde el ferroviario encontro el cuerpo, envuelto en una lona vieja. Parece ser que la chica era cantante y solia participar en el programa de radio nocturno de la BdM, la Li ga de Mujeres alemanas. La noche de su desaparicion habia estado en los estudios de la Ma suren-Strasse y habia cantado un solo, el himno de las Juventudes Hitlerianas, a las siete. El padre trabaja en la fabrica de la In dustria Aeronautica Arado, en Brandenburg-Neuendorf, y habia quedado en recogerla de camino a casa, a las ocho. Pero tuvo un pinchazo y se retraso veinte minutos. Cuando llego a los estudios, no habia ni rastro de Christiane y, suponiendo que se habria ido a casa por sus propios medios, volvio a Spandau. Al ver que a las nueve y media seguia sin llegar, y despues de llamar a sus mejores amigas, aviso a la policia.

Korsch miro a Illmann y luego a mi. Se aliso el pretencioso bigotillo y paso a la siguiente hoja de la carpeta que tenia abierta delante.

– Zarah Lischka -leyo-. Edad, dieciseis anos, de padres alemanes. Desaparecida el 6 de julio de 1938. Encontrado el cuerpo el 1 de agosto, en una alcantarilla del Tiergarten, cerca de Siegessaule. La familia vivia en la An tonstrasse, en Wedding. El padre trabaja en el matadero de la Lan dsbergerallee. La madre la envio a algunas tiendas de la Lin dowerstrasse, cerca de la estacion del S-Bahn. El tendero recuerda haberla atendido. Compro cigarrillos, aunque ni su padre ni su madre fuman, un poco de Blueband y pan. Luego fue a la farmacia de al lado: El farmaceutico tambien la recuerda. Compro tinte para el pelo Schwarzkopf Extra Blonde.

«Seis de cada diez chicas alemanas lo usan», pense casi automaticamente.

Era curioso la clase de estupideces que recordaba. No creo que pudiera decir mucho de lo que era realmente importante en el mundo, excepto lo que sucedia en la zona de los Sudetes alemanes: los disturbios y las conferencias de Praga. Quedaba por ver si lo unico que de verdad importaba despues de todo era lo que estaba sucediendo en Checoslovaquia.

Illmann apago el cigarrillo y empezo a leer sus notas.

– La chica estaba desnuda y tenia senales de que le habian atado los pies y las manos. Le habian dado dos punaladas en la garganta. Pero, ademas, habia indicios de que tambien la habian estrangulado, posiblemente para hacerla callar. Es probable que estuviera inconsciente cuando el asesino le corto la garganta. Las magulladuras seccionadas por las heridas lo indican asi. Y algo interesante: a juzgar por la cantidad de sangre acumulada encontrada dentro de la nariz y en el pelo, asi como por el hecho de que la ligadura de los pies estaba muy

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